Friday, January 13, 2017

Críticas literarias

 Carlos Zanón: “Mi Carvalho sonará más roquero que bolero”



El escritor barcelonés retomará al mítico detective creado por Vázquez Montalbán

Pepe Carvalho, quizá el detective más paradigmático e internacional de las letras españolas, nacido de la culta melancolía y la inteligente causticidad de Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003), regresará a las librerías. 
Se fue en 2004 (Milenio), huyendo de una acusación de asesinato, dando una vuelta al mundo con su inseparable Biscuter, periplo que aprovechó, claro, para criticar la globalización. Pero 14 años después, a principios de 2018, regresará de la mano de uno de los grandes nombres actuales del noire estatal, Carlos Zanón (Yo fui Johnny Thunders, premio internacional Dashiell Hammett 2015), tras un acuerdo entre los herederos de Vázquez Montalbán y Editorial Planeta.

“Si te dejan las llaves de un Ferrari, aunque quizá lo devuelvas abollado, tienes que cogerlas: equivocarte es mejor que no intentarlo”, asegura el también barcelonés Zanón (1966).   Y para todo ello se apoya en los conocimientos que tiene del género y, claro, del instruido y gourmet personaje, del que ahora se está releyendo la casi treintena de títulos que conforman la biblioteca carvalhiana, que convirtieron a Vázquez Montalbán entre los 10 autores españoles más traducidos del mundo. 
Connotado como pocos detectives (es gourmet, quema libros que no le gustan sin contemplaciones, hipercrítico con la evolución sociopolítica de la ciudad…), Carvalho envejecía con su autor. ¿La resurrección de Zanón, que ayer avanzó La Vanguardia, se hará a partir de flashbacks o lo retomará allí donde lo dejó Vázquez Montalbán? 
“No voy a atarme demasiado si eso ha de dificultar mi narrativa”, dice esquivo Zanón, con esa reserva que rezuman los protagonistas de su último libro, Marley estaba muerto. Pero sí desvela que la novela, “no enlazará con Milenio” y que “transcurrirá en Barcelona”, ciudad que conoce tan bien como Vázquez Montalbán. 

 Carvalho ahora ha de resolver crímenes en el siglo XXI; él no conocía internet y su red de confidentes es, hoy, muy increíble”,  recordando al limpiabotas Bromuro. Esta novela carvalhiana, podría presentarse en el marco del festival literario BCNegra de Barcelona del año próximo, donde se concede precisamente el premio Carvalho.
Ese evento, pero el de este año, es el que aprovechará Planeta dentro de dos semanas para el relanzamiento que el sello quiere hacer de todas las novelas de Carvalho, en formato bolsillo. Y que arranca ya con Tatuaje, La soledad del mánager y Asesinato en el comité central

Gran responsabilidad para Zanón incrustarse ahí: ¿Y cómo suena el Carvalho que ya tiene arrancado? “Será un Carvalho más roquero que bolero”.
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"EL SILENCIO DE LOS 12": EL TEATRO DE LOS HORRORES                             

Reseña de Francisco Martínez Bouza




El silencio de los 12
Ismael Lorenzo
Editorial Create Space (Amazon), Charleston (USA), 2014, 172 páginas.

La lectura de este libro que, en una nueva edición ampliada y revisada acaba de ver la luz, no dejará indiferente a ningún lector. Y a muchos otros nos confirmará en nuestra convicción de la condición depredadora del ser humano.
Siempre se nos ha hablado de una antropología que solo ve el homo sapiens, ocultándosenos que bajo el emoliente y tranquilizador concepto de sapiens, se esconde en la especie humana la desmesura, la inestabilidad, el desorden, la violencia y en grado tal que con Edgar Morin, nos debemos sentir compelidos a ver al homo sapiens como homo demens, como homo praedator. La verdad humana arrastra consigo el desorden, el error, la violencia, la compulsión, no por supuesto instintiva, a cometer atrocidades, que tienen en las violaciones una de sus más crudas, sangrantes y generalizadas manifestaciones.
La violación, se nos dice por activa y pasiva, es un arma de guerra. Guerras donde el cuerpo de la mujer es un campo de beligerancia. Y este libro es un elenco y nómina de esa irrupción y manifestación de la ubris (desmesura) en forma de atrocidades violadoras en la especie de los homínidos con cerebro grande. Una relación absolutamente verídica porque la escuchamos en la voz de las víctimas.
El escritor de origen cubano, Ismael Lorenzo, fundador y actual director de “Creatividad Internacional”, una red de literatura y cine muy popular, se confiesa únicamente coautor de este libro. Amanuense en su primera parte, “Líbano” que se la atribuye a una voz anónima, M.A. que traslada a la escritura, con inmenso poder descriptivo, gran valentía y fuerza expresiva, una historia aterradora, su propia historia de víctima de una violación por cuatro Marines americanos en una taberna libanesa, en diciembre de 1997. Sus palabras, transcritas por Ismael Lorenzo, nos permiten palpar su dolor de niña ultrajada, secuestrada, esclavizada durante un año y finalmente vendida a un burdel. Sus padres asesinados al intentar defenderla, dos abortos forzados con doce y trece años. Un relato escalofriante, capaz de helar la sangre. Un ser humano convertido en objeto. Y como imposible contrapunto, los sueños de esa niña, ahora convertida en mujer: sus ilusiones de un sexo consentido, placentero, impregnado, sí, de erotismo con el hombre amado al que hubiera querido entregar su virginidad.
El teatro de las depravaciones y horrores continúa en la segunda parte: “Una Historia Que No Tiene Fin”, de la autoría ya exclusiva de Ismael Lorenzo, aunque siguen siendo las víctimas las que hablan. Otros cuatro soldados estadounidenses jugando a los naipes y bebiendo whisky que por puro capricho deciden ir a una casa iraquí, violar a una mujer y matar a la familia, protegidos además por un estatuto de inmunidad; la quinceañera violada repetidamente por su padrastro y posteriormente prostituida; jóvenes estudiantes de La Sorbona bárbaramente violadas por sus profesores; mujeres soldado americanas impunemente violadas en territorio pacífico por sus mandos o compañeros; el drama de una niña abusada sexualmente, víctima del chantaje a través de redes sociales: un perverso juego de corrupción que precipita a la niña en un verdadero infierno; la ingente cantidad de niñas y niños víctimas de abusos sexuales por parte de curas católicos; la mujer tunecina violada por varios policías e inculpada por ofender al pudor.
La relación, la secuencia de casos a cada cual más escalofriante y aterrador, continúa en otras muchas historias de víctimas convertidas en culpables. Historias reales, relatos vivenciales que dan forma y contenido a un libro cruel, narrativa testimonial no apta para todos los lectores. Víctimas que confiaron en Ismael Lorenzo para exponer y hacer visibles sus historias, su dolor y el silencio con el que se encubre este tipo de delitos.
Y el autor los transcribe con las palabras de las víctimas, sin eufemismos y con un lenguaje que muchas veces sonaría a pornografía si no reflejara una realidad cotidiana de crueles vejaciones. Una historia que no tiene fin como rotula el autor la segunda parte de su libro, porque el silencio fue, es y será siendo el mejor amigo de los violadores. Libros-denuncia como éste, a pesar de algunos errores de impresión y el lenguaje espontáneo y algunas veces incorrecto de las víctimas, son necesarios para que la impunidad deje de ser el refugio en el que se esconden los depredadores.
Francisco Martínez Bouzas
Fragmentos
A la taberna llegaron unos Marines americanos, sudados y prepotentes, llenos de sudor, mi padre estaba en el mostrador, le preguntaron por mujeres, que querían mujeres, mi padre les dijo que allí no había mujeres, pero sin querer en ese momento tosí, estaba donde mis padres me habían escondido, debajo del mostrador, me descubrieron allí, y apartando a mi padre de un empujón, me sacaron afuera a la fuerza. Eran cuatro soldados, uno negro y tres blancos. Me tocaban las trenzas y después los pechos pequeños, yo quería escapar y gritaba, pero me sujetaban fuerte. Mi padre salió del mostrador y quiso ayudarme, mi madre estaba adentro de la cocina y también salió, pero el soldado negro me puso en sus hombros y empezó a subir las escaleras, mis padres corrieron detrás de mi para ayudarme, pero les dieron un tiro a cada uno y cayeron al momento. El soldado que subía conmigo me metió las manos entre mis piernas mientras subíamos, me dio mucha vergüenza, el gemía cuando me hacía eso (…) Entonces el soldado negro me colocó sobre la cama y me levantó mi falda, recuerdo que me sentí muy mal y quise escapar, pero los otros me sujetaron fuerte. Me quitó las bragas y me estuvo chupando mucho tiempo, yo gritaba porque me sentía mal de que me hicieran todo eso, ya que no sabía nada de sexo. Otro soldado me abrió la camisa y estuvo tocando y chupando mis pechos y algo que me resultó terrible fue cuando, teniendo la boca abierta de gritar y llorar, uno de ellos me metió su polla en la boca y la movía para arriba y para abajo (…) Me desnudaron completamente y el soldado negro me hincó su polla a lo bestia y me hizo mucho daño…”
…..........................
“Al terminar el profesor le abrió su blusa y se puso a chuparle los senos, mientras Ginette lloraba. El profesor le ordenó que le hiciera una felación, pero Ginette le respondió que no podía. Entonces el profesor se encolerizó y le empezó a decir que era una puta y que iba a aprender a obedecer, y buscó una gruesa cuerda y arrastró a Ginette hacia la cama y le ató las manos a la cabecera de madera y las piernas en la parte de los pies de la cama. Luego le abrió la vagina con las manos y se puso a chuparla y después se desvistió y le hizo el amor dos veces salvajemente. -Eres una puta, todas las mujeres son unas putas, yo sé como tratar a las putas como tú- le repetía sin cesar. Entonces le tapó la boca con un trapo y le ha metido un bastón en su vagina varias veces, mientras repetía incesante «eres una puta», los gritos de Ginette acallados por el trapo en la boca.”
(Ismael Lorenzo El silencio de los 12, páginas 9-10, 71)

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La ironía es la clave del peruano Alfredo Bryce Echenique (1939)


 Pero, últimamente, la ironía se estaba convirtiendo en una barrera física. 
Hasta que el pasado mes de diciembre volvió a contar su vida libertina, apasionada y rocambolesca, con vocación de obra de arte, en el ‘Hay Festival de Arequipa’. 
A la ciudad peruana donde nació Mario Vargas Llosa acudió Echenique, que vive hoy en Lima, tras 40 años de exilio voluntario en Europa, donde fue testigo del Mayo del 68, machacado en París por amores o, ya, de vuelta a su país, sacudido por matones de Vladimiro Montesinos, el todopoderoso asesor de Fujimori, según cuenta. 
Amigo de Fidel Castro sin ser, ni mucho menos, castrista, le agradece in memoriam que un día le bendijera —“por el rito socialista”, asegura— un amor. Pero le reprocha también haber partido en dos al boom literario latinoamericano. “Aquello acabó como el rosario de la aurora”, dice.
La condena por plagio [un tribunal peruano le condenó en 2009 en Perú por copiar 16 artículos de 15 autores diferentes] le amargó la entrega del premio que le concedió la Feria del Libro de Guadalajara en 2012. El, dice, quiere limpiar su nombre.

—¿En los bares de España preguntan qué será de Bryce. Por qué volvió?

Ya me tocaba. Hice una primera llegada con todas las de la ley, me construí una casa linda gracias a un amigo del colegio, me metí en una universidad privada —un error—, pero me raptaron los amigos de Montesinos en plena dictadura de este, me dieron una paliza en un coche y me dejaron tirado a la puerta de la embajada de los Estados Unidos. Así que vendí la casa y me fui.

En Europa seguí el periplo de mi vida por Europa. He vivido 40 años fuera: en Francia, en Madrid, en Barcelona. Ahora sólo vuelvo a ver a los amigos. Últimamente me da rabia porque yo voy pero nadie viene a verme. Lo solté por ahí y alguno ha respondido.

Ahora estoy en el tercer volumen de mis memorias y ya con título: Permiso para retirarme, ya estoy en la edad de no hacer nada. Al menos me siento en el momento de jubilarme, quiere decir esto, de no sentir la obligación de escribir. Es que me dedico más a ver películas y a escuchar música. Pero sin culpa. Ya son 28 libros

En mi época, más que artistas, en París había políticos, de izquierda, comunistas. Se dividían entre ellos, iban a cambiar el mundo, pero por supuesto, no cambiaron nada.

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Ian Fleming, un calavera en el Peñón


Todo espía, como buen camaleón, debe pasar desapercibido e integrarse en su entorno, lo mismo que una mancha de carmín o de sangre se disimulan en una copa de vino tinto. De ahí el título de la última novela de Montero Glez, El carmín y la sangre (Algaida), premio Ateneo de Sevilla.
El escritor inglés Ian Fleming, como buen espía que fue, vertió sus vivencias y su personalidad en su alter ego, el agente 007 con permiso para matar. 

También Fleming tenía permiso para matar; también fue un mujeriego, un jugador y un bebedor de dry martinis, por supuesto. Montero Glez se ha basado en este personaje, y ha investigado a fondo su biografía y su paso por la península, para su nuevo libro.
«La vida de Ian Fleming es más novelesca que la de James Bond», dice Montero Glez y se extraña de que no haya inspirado ninguna novela hasta ahora. Fleming sólo aparece, como personaje secundario y así lo señala el escritor, en Los hermanos Marx en apuros, una novela negra de Stuart Kaminsky, protagoniza por su duro detective Toby Peters en el Hollywood de los años 40.

La historia de Fleming se la encontró Montero Glez (que vive en un pueblo de Cádiz) por casualidad en una de sus visitas a Gibraltar, a donde solía acudir para investigar historias de espías y piratas. Entonces se enteró de que, durante la Segunda Guerra Mundial, el comandante Fleming estuvo destinado en la Roca para poner en marcha la operación Goldeneye (llamada así por la novela Reflejos en un ojo dorado, de Carson McCullers), un servicio de espionaje encargado de neutralizar los submarinos nazis que cruzaban el Estrecho y amenazaban a los barcos ingleses que viajaban cargados de alimentos.
«Aquello fue un descubrimiento, así que empecé a tirar del hilo e investigar sobre la vida del creador del 007, que hasta entonces no había escrito nada. A estas informaciones añadí una historia, también real, que me contaron en la venta Vargas, sobre Juana la Petenera, una bailaora que daba clases a la mujer del gobernador de Gibraltary que me sirve para mostrar la faceta de seductor de Ian Fleming, un hombre que, como el propio James Bond, utiliza a las mujeres».

«Ian Fleming, además de bebedor y mujeriego, fue un jugador, que se fundió en el casino de Estoril el dinero que le mandaron para la operación Goldeneye. Este autor donde más se desnuda es en sus libros de James Bond. Sus memorias son menos biográficas».
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Tras décadas de investigación intentando descubrir quién delató a la familia de Ana Frank ese verano de 1944, un nuevo estudio sugiere que pudo ser encontrada "por casualidad" en su apartamento secreto de Ámsterdam


Para la Casa Museo de Ana Frank de la capital holandesa, que publica el estudio, "es posible" que el allanamiento que llevó al descubrimiento de su escondite en el edificio de la empresa familiar se efectuara a causa de "trabajo ilícito y tráfico de cupones de racionamiento".
Y por tanto, que los agentes del Sicherheitsdienst, el servicio de inteligencia de las SS, "dieran por casualidad con la pista de Ana Frank y de los otros siete judíos escondidos".
Nacida en Alemania el 12 de junio de 1929, la pequeña Ana abandonó el país con su familia para no caer en manos de los nazis en 1933. Instalados en Ámsterdam, los Frank pasaron a la clandestinidad en julio de 1942, escondidos en el apartamento disimulado detrás de una biblioteca en el ático del edificio situado en el número 263 del canal Prinsengracht.
Los Frank, a los que rápidamente se sumaron la familia Van Pels y Fritz Pfeffer, vivieron allí escondidos durante dos años, hasta agosto de 1944, antes de ser descubiertos y enviados a campos de concentración.

Hasta ahora siempre se ha creído que los agentes fueron alertados por la llamada de un delator. El encargado de un almacén en la planta baja, la esposa de un compañero de trabajo, la hermana de una ayudante de la familia... 
A lo largo de los años ha habido muchas sospechas pero nadie ha podido determinar con certeza la identidad del delator.
"Existe por tanto una posibilidad real de que la llamada, si se produjo, proviniera de otra agencia del gobierno", agregó.
A partir del 10 de marzo de 1944, Ana habla en su diario de la detención de dos hombres a los que llama solamente "B." y D." en la versión original. Estos son aparentemente Martin Brouwer y Pieter Daatzelaar, representantes de la empresa de materias primas Gies & Co, instalada en la planta baja, según el investigador.
El 14, la adolescente escribe: "Como a nuestros proveedores de cupones se los han llevado los alemanes, ya no tenemos cupones". Eso demuestra, asegura Broek, que los dos hombres suministraban cupones a los ocupantes del anexo. El investigador concluye que los agentes presentes durante la detención no tenían la misión de detener judíos sino que investigaban casos de fraude.
Los agentes entraron en el edificio entre las 09H30 y las 11H00, y los ocupantes escondidos fueron sacados en torno a las 13H00. La operación duró por lo menos dos horas, "más de lo necesario para reunir a unos judíos escondidos que han sido delatados", aseguró.
Según Broek, otros elementos apuntan a que personas relacionadas con el edificio de Prinsengracht fueron castigadas por los nazis por empleos ilegales.
Ana Frank murió de tifus a principios de 1945 en el campo de concentración de Bergen-Belsen, pocos días después que su hermana Margot. Su padre, Otto, fue el único superviviente del anexo secreto.

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Eduardo Mendoza es el ganador del Premio Cervantes 2016, el máximo galardón de las letras españolas.


 El Nobel de las letras en castellano, dotado con 125.000 euros, ha seguido, un año más, la tradición no escrita de alternar entre un escritor español y uno latinoamericano.

El Cervantes, creado en 1975 por el Ministerio de Cultura, reconoce la trayectoria de un escritor que con el conjunto de su obra haya contribuido a enriquecer el legado literario hispano.
Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) inició su carrera literaria en 1975, con la publicación de La verdad sobre el caso Savolta, que recibió el Premio de la Crítica. Desde entonces ha publicado 15 novelas, dos libros de relatos, dos obras de teatro y cuatro ensayos. 
El jurado, según recoge el acta, le ha otorgado el premio “porque, con la publicación en 1975 de La verdad sobre el caso Savolta, inaugura una nueva etapa de la narrativa española en la que se devolvió al lector el goce por el relato y el interés por la historia que se cuenta, que ha mantenido a lo largo de su brillante carrera como novelista". 
El premio Cervantes corona la lista de galardones a su obra, que incluye el Planeta, recibido en 2010 por Riña de Gatos, y el José Manuel Lara por Mauricio o las elecciones primarias, en 2007. Su consagración llegó en 1986 con La ciudad de los prodigios, una novela que muestra la evolución social y urbana de Barcelona entre las dos exposiciones universales de 1988 y 1929.
Mendoza ha alcanzado un gran éxito de ventas con la serie protagonizada por un peculiar detective ingresado en un manicomio (El misterio de la cripta embrujada, La aventura del tocador de señoras) que mezcla la parodia con el género policiaco. Su última obra El secreto de la modelo extraviada, es la quinta entrega de la serie.
El presidente del jurado, Pedro Álvarez de Miranda, representante de la Real Academia Española, ha declarado que Mendoza "venía del mundo de la traducción y que su primera novela fue un auténtico hito, La verdad sobre el caso Savolta". Miranda ha destacado del autor barcelonés "la incorporación constante del humor" y que "siendo un novelista catalán es un premio de literatura en castellano a toda una obra escrita en castellano". Se trata de "un dignísimo ganador, y viendo el palmarés del Cervantes hay que mantener muy alto el listón, y Mendoza lo consigue".


En 2015 recayó en el escritor mexicano Fernando del Paso.
España es el país que tiene más galardonados, 22; seguido de México, con seis; Argentina, con cuatro; Chile y Cuba, tres; Colombia, uno; Paraguay, uno; Perú, uno; Paraguay, uno.


TODOS LOS GALARDONADOS
2016 - Eduardo Mendoza
2015 - Fernando del Paso
2014 - Juan Goytisolo
2013 - Elena Poniatowska
2012 - José Manuel Caballero Bonald
2011 - Nicanor Parra
2010 - Ana María Matute
2009 - José Emilio Pacheco
2008 - Juan Marsé
2007 - Juan Gelman
2006 - Antonio Gamoneda
2005 - Sergio Pitol
2004 - Rafael Sánchez Ferlosio
2003 - Gonzalo Rojas
2002 - José Jiménez Lozano
2001 - Álvaro Mutis
2000 - Francisco Umbral
1999 - Jorge Edwards
1998 - José Hierro
1997 - Guillermo Cabrera Infante
1996 - José García Nieto
1995 - Camilo José Cela
1994 - Mario Vargas Llosa
1993 - Miguel Delibes
1992 - Dulce María Loynaz
1991 - Francisco Ayala
1990 - Adolfo Bioy Casares
1989 - Augusto Roa Bastos
1988 - María Zambrano
1987 - Carlos Fuentes
1986 - Antonio Buero Vallejo
1985 - Gonzalo Torrente Ballester
1984 - Ernesto Sábato
1983 - Rafael Alberti
1982 - Luis Rosales
1981 - Octavio Paz
1980 - Juan Carlos Onetti
1979 - Jorge Luis Borges
1979 - Gerardo Diego
1978 - Dámaso Alonso
1977 - Alejo Carpentier
1976 - Jorge Guillén

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John Le Carré es uno de los mejores escritores del género de espionaje del último siglo

 ‘El espía que surgió del frío’, ‘El sastre de Panamá’, ‘El jardinero fiel’, ‘El topo’ y ‘El infiltrado’, son solo algunas de las historias que han deleitado a los cinéfilos y televidentes durante años. 
Sin embargo, su mérito no solo radica en su capacidad de palabra, sino en su experiencia como agente secreto del MI6
Una especie de James Bond diplomático que escribía novelas sobre espías bajo un seudónimo, debido a la naturaleza secreta de su trabajo.
 Arriesgó su carrera y tras el éxito internacional de su tercera novela, abandonó el servicio secreto para dedicarse de lleno a sus historias. Han pasado más de cincuenta años desde entonces y a sus 85 primaveras, la mitad de sus novelas han sido adaptadas al cine y la televisión. La más reciente, ‘Un traidor como los nuestros’.

David John Moore Cornwell nació el 19 de octubre de 1931 en el pueblo costero de Poole al sur de Inglaterra. Tuvo una infancia difícil. Sufrió el abandono de su madre cuando apenas tenía 5 años y creció junto a un padre violento y estafador. A los 17 comenzó sus aventuras estudiando idiomas en Suiza y dos años después se unió a las Tropas de Inteligencia británicas como interrogador en la base austriaca. Así inició sus servicios en las unidades secretas llegando a trabajar e para el MI5 cuando solo tenía 21 años, espiando grupos de extrema izquierda mientras estudiaba en Oxford.

Durante los años siguientes trabajó como profesor de idiomas, ascendiendo a oficial del MI5 en 1958. Subió posiciones hasta ser responsable de varios agentes, pinchaba líneas de teléfono, llevaba a cabo interrogatorios y allanamientos. Fue en estos años cuando sus experiencias comenzaron a convertirse en historias en papel. Cornwell cumplía sus deberes como agente del MI5, pero en secreto había comenzado a escribir su primera novela, ‘Llamada para el muerto’, bajo el seudónimo John Le Carré.

A los 29 años ya era agente del MI6, el Servicio Secreto Británico de Inteligencia Internacional, posicionado en Bonn y Hamburgo. Durante esos años escribió dos novelas más, ‘Asesinato de calidad’ y ‘El espía que surgió del frío’. Ésta última fue un superventas internacional, y fue entonces, en 1964, cuando decidió abandonar el servicio secreto y dedicarse de lleno a su nueva carrera como novelista.

Sus cuatro novelas iniciales estaban protagonizadas por George Smiley, un personaje adaptado en varias ocasiones, inspirado en otro agente del MI5, John Bingham, que fue mentor de Cornwell y otro agente también dedicado a la literatura. 

Smiley tuvo varias interpretaciones, aunque las más recordadas son las de Alec Guiness y Gary Oldman.
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'Poesía completa' reúne toda la artillería 'lezamiana' con más de 1.000 páginas de la mano de César López y la editorial Sexto Piso



Más allá de reconocer a José Lezama Lima como un gran escritor conviene entenderlo  como una columna de la literatura en español. El gran sacralizador del neobarroco, el hombre colosal de las miles de palabras, el acumulador de referencias culturales fastuosas, el asmático, el hermético, el fumador de tabacos. El poeta.
Alrededor de su obra hay una lumbre que está ahí como gozo y como enigma: la poesía. Desde el principio y hasta el final. Su novela más abundante, Paradiso, viene del ritmo del poema, de la acumulación, del experimento y del Barroco hecho suyo. También el idioma de su epistolario. Y el pulso de su ensayismo. José Lezama Lima, cubano de La Habana, se aupó desde temprano en símbolo de una Cuba donde sucedería un hecho extraordinario: una generación de escritores le daban forma nueva al idioma desde un islote americano.
Lo que luego sería el boom tuvo en la revista Orígenes, impulsada por Lezama en 1944, algo de chispazo primero, de claraboya también. Aunque sobre todo, para los jóvenes de aquellos días, fue la novela Paradiso en su edición mexicana la que dio alcance al nombre de Lezama. La revolución, cuando llegó, supo que aquel hombre era intocable, pero también que no servía de guerrillero para la causa, no se afinaba muy bien con el marxismo-leninismo del castrismo de primera hora. Y comenzó la glaciación de su leyenda. Lezama quedó por muchos años confinado en la casa familiar de Trocadero.


Un trabajo que reúne toda o casi toda la artillería lezamiana, la editorial Sexto Piso en un volumen de Poesía completa con más de 1.000 páginas y en edición de César López. 
Están los libros publicados en vida, de Muerte de Narciso (1937) a Dador (1960); y los libros póstumos Fragmentos a su imán (1978) e Inicio y escape, un cuaderno de manuscritos encontrado en los primeros años 80 del siglo pasado con poemas fechados entre 1927 y 1931.  Lezama Lima nació en La Habana en 1910 y murió en 1976. Sólo realizó tres viajes a lo largo de la vida: de niño a EEUU y de adulto a México y a Jamaica. Su expedición fue la de un encierro voluntario en la literatura para ser el único invitado de su aquelarre sensorial. «Sólo lo difícil es estimulante», decía el autor de La cantidad hechizada.

Los poemas de Lezama Lima en España se reciben como un homenaje al habanero que, bajo el ahogo del asma, las dictaduras, el hambre y los acosos, enriqueció y le dio a nuestro idioma una música diferente, invencible y honda.


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Roland Barthes murió tras ser atropellado por una furgoneta, frente a la Sorbona, en 1980


Para  Laurent Binet, autor de El grado cero de la escritura, que entregó su vida al estudio intelectual del signo y el lenguaje, aquel final fue sumamente simbólico.

 Pero Laurent Binet (París, 1972) ha querido darle otra vuelta de tuerca a la muerte de uno de los mayores filósofos y semiólogos del siglo XX.
 En torno a ella ha construído La séptima función del lenguaje (Seix Barral), un artefacto en forma de novela sobre la investigación del asesinato de Barthes (sí, aquella furgoneta no era tan inocente) que es en realidad una excusa para hablar de realidad, ficción, lenguaje y símbolos.

Umberto Eco ya no está en este mundo para dar su opinión sobre el libro de Binet y éste lo lamenta, aunque asegura que le expuso la idea "y le pareció interesante", según explica el escritor en una charla en el Instituto Francés de Madrid. La sombra de Eco sobrevuela las páginas de esta novela, que se aleja del planteamiento del primer libro de Binet, HHhH, con el que obtuvo el Premio Goncourt en 2010. Planteado como una novela de no-ficción, aquel libro seguía escrupulosamente el desarrollo de la operación para asesinar al dirigente nazi Reinhard Heydrich, el Carnicero de Praga, y ha inspirado una adaptación cinematográfica dirigida por Cédric Jiménez que se estrenará el próximo diciembre.
No teme haber mancillado la memoria de Barthes, a pesar de que algunos de los personajes reales que aparecen en el libro hayan mostrado públicamente su desagrado por el resultado. ¿Qué cree él que hubiese pensado Barthes? "Pues es una pregunta recurrente, pero considerando lo interesado que estaban él y los semiólogos en la idea de juego, yo creo que le parecería interesante".
Binet habla también del hilo que conectaría esta obra con El nombre de la rosa y los relatos de Sherlock Holmes. Porque, según, él, el detective creado por Conan Doyle "no es sino un semiólogo, que se dedica a estudiar los restros, los signos que quedan".

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Alrededor de un escritor debe existir una separación de los demás.  La soledad del autor», decía Marguerite Duras (Saigón, 1914-París, 1996) respecto al proceso de creación literaria


 Una máxima que ella aplicaba también al proceso culinario, ya que Duras utilizaba los momentos de soledad para cocinar.
La cocina de Marguerite aglutina ahora las recetas privadas de la escritora y directora de cine francesa. El libro, con formato de diario personal, se asemeja a su obra: ambos son una constante revelación de secretos íntimos. Los detalles biográficos que impregnan su trabajo y sus trucos culinarios eran plasmados en papel en un mismo momento: los tiempos muertos mientras cocinaba.
Durante las dos horas de cocción del ragú al estilo dublinés, Duras aprovechaba para evocar un pasado que inspiró toda su obra. De este momento de catarsis personal salieron obras como El amante o La Douleur. Las tardes húmedas en las que su familia salía de paseo eran el momento de liberación, «sólo quería pelar las verduras, hacer sopa, hervir y escribir. Nada más».


La gastronomía también aunaba los dos grandes temas de su obra, la soledad y el deseo. Miembro de la Resistencia francesa durante la II Guerra Mundial, la vida de Duras fue un constante pulso entre la destrucción y el amor. En la cocina, donde reunía a toda la familia en torno a su figura, «sentía el calor humano y encontraba un refugio ante la realidad».
Su obra, y por ende estas recetas, son una simbiosis de imaginación y experiencia. 
El recetario no es una excepción. Frases cortas y caóticas con ingredientes y hasta pasos inventados... 

Y pese a ello, ninguna mala apreciación chirría, ya que Marguerite envuelve cada breve nota con su literatura: «Se puede no querer hacer nada y después hacer esta sopa, sí: entre estas dos voluntades, un margen muy pequeño, siempre el mismo: suicidio». Vale, mejor tomarse la sopa sin preguntar.
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Hilda Krüger, la espía que se acostaba por Hitler y su Reich

Una biografía desentraña los devaneos sexuales de la actriz alemana que usó la cama para obtener información secreta del que sería presidente de México, Miguel Alemán

Hilda Krüger, entre Manolete y Cantinflas en 1946.

Los ojos azules de Hilda Krüger (1912-1991) adoraron al más negro de los imperios. Actriz mediocre en una Alemania bárbara, su carrera habría acabado en el olvido si no fuera por su íntima connivencia con el Tercer Reich. 
Por su causa abandonó a su marido judío y por su causa alcanzó un papel estelar, mucho más que el de sus películas, trabajando para su servicio de espionaje. Fue esta veneración hacia Hitler la que empujó a esta perturbadora artista a tejer en Estados Unidos y en México una tupida red de conexiones con la oligarquía económica y política que le permitió entregar puntualmente a la Abwehr información confidencial de primer nivel. 
Como espía no tuvo reparos en usar su cama o lo que fuera para obtener su mercancía. Rubia, curvada y valquirial, en sus brazos cayeron personajes como el multimillonario Jean Paul Getty y el futuro presidente de México, Miguel Alemán, a la sazón todopoderoso ministro de Interior.
 

Una jugosa biografía (editorial Debate) del especialista Juan Alberto Cedillo reconstruye el esplendor y miseria de Krüger y da un repaso al poco conocido juego de espías que se libró en el México de los años cuarenta.

Nadie hubiera dicho que Krüger tenía mimbres para ser estrella. Ni era alta ni poseía el encanto anguloso de divas como Marlene Dietrich. Los tugurios del Berlín de entreguerras o la segunda línea de un buen cabaret parecían ser su destino. Pero en su poder retuvo una carta más poderosa. Su íntima relación con el ministro de Propaganda nazi, Joseph Goebbels. Gracias a él ascendió y multiplicó sus intervenciones cinematográficas, aunque también por él tuvo que salir de Alemania, debido a los celos de su esposa, la terrible Magda.


El adiós a Europa fue el inicio de su aventura. En la efervescencia de Los Ángeles buscó el papel de su vida. No lo encontró. Pero tampoco importó mucho. Rápidamente destacó en las fiestas y cócteles de la urbe californiana. Simpática y seductora, sobre ella cayeron los ojos voraces del multimillonario petrolero Jean Paul Getty. De su brazo áureo entró en el universo de las portadas y de grandes plutócratas como los Rhodes y los Hastings. Convertida en habitual de sus reuniones, con puntualidad germana, empezó a filtrar todo lo que veía al servicio de inteligencia. 
“Hilda se convirtió en un enlace que proveía de información difícil de obtener fuera de esos selectos círculos, aunque también a veces se sacaba de los lugares tradicionales como cabarets, confesionarios y, más ocasionalmente, de la cama”, señala Cedillo en su obra.
En esos cenáculos, la alemana escuchó a William Rhodes Davis decir que desde 1938 compraba inmensas cantidades de petróleo para enviarlo a la Alemania nazi. Y que en la operación participaban, a través de subsidiarias, Getty y Rockefeller. Ahí fue cuando México y su petróleo entraron de lleno en el tablero del Tercer Reich. En febrero de 1941, Hilda Krüger cruzaba el río Bravo rumbo a la capital mexicana.

Su misión, para el Führer, tenía trascendencia histórica. El régimen nazi, obsesionado en la ultrasecreta Operación Barbarroja, se preparaba para invadir la Unión Soviética. Iba a ser el mayor despliegue militar de la historia y el que, a la postre, marcaría el principio del fin del poderío alemán. La necesidad de asegurar el combustible era vital. México era un productor neto. Y su Gobierno, después de la nacionalización decretada por Lázaro Cárdenas, mantenía la distancia con Estados Unidos.
Los servicios de espionaje mexicanos eran conscientes de esta efervescencia y temían que, en caso de guerra con Japón, el conflicto pudiese alcanzar tierras americanas. La quinta columna alemana empezó a ser atentamente vigilada.

Hilda Krüger en su juventud

La entrada en la escena mexicana de Krüger recibió un doble apoyo. La Abwehr, a través de sus contactos, le preparó el acercamiento a altos funcionarios del Gobierno del general Manuel Ávila Camacho (1940-1946). Y el millonario Getty la presentó en sociedad. Las puertas se abrieron de par en par. “Fue una agente vocacional y nazi, pero se sabía mover en los círculos intelectuales y escribió tres libros sobre mujeres, La Malinche, Sor Juana y Elisa Lynch”, recuerda Cedillo.

Su primer éxito fue seducir a Ramón Beteta, que había sido subsecretario de Exteriores y estaba vinculado al banco central.
En sus horas íntimas, Beteta le confesó la admiración que sentía el presidente Ávila Camacho por Hitler y también que la disposición de México a vender crudo al Tercer Reich se enfrentaba a la oposición frontal de Estados Unidos. Un obstáculo para el que dio un remedio: que los empresarios estadounidenses lo comprasen a nombre de terceros y que a través de sociedades pantallas de otros países lo exportasen a Europa.
Tras este primer paso, Hilda buscó ascender otro escalón. Esta vez, su víctima fue el amigo de Beteta, el secretario de Gobernación, Miguel Alemán Valdés. Descrito en el libro como “un macho insaciable”, no fue difícil tender puentes. Alemán enloqueció ante aquella perdición rubia y dio rienda suelta a sus apetitos. En su frenesí combinaba detalles de petimetre.con un salvajismo de alcoba que le llevaba a “tratar a las mujeres como los proxenetas a sus prostitutas”.
Krüger, hitleriana hasta la médula, soportó la humillación (otra más) y con ello logró abrirse paso en las más altas instancias del Gobierno mexicano. Como amante del ministro de Interior, pudo relacionarse con generales y funcionarios y proporcionar datos estratégicos sobre la producción petrolera y de metales. Ese fue el momento estelar del servicio de espionaje hitleriano en México. Su ocaso no tardaría en llegar.
El 8 de diciembre de 1941, después del ataque japonés a Pearl Harbour, Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial. Lo que hasta entonces habían sido presiones se transformaron en obligaciones. Washington, cuyos agentes de inteligencia no se habían quedado quietos, exigió la expulsión de los cabecillas de la quinta columna nazi: 22 nombres entre los que figuraba Hilda Krüger. El presidente Ávila Camacho aprobó su detención. Una tras otro fueron cayendo. Hilda se libró por un último favor de su amante.


El golpe supuso su fin como espía. México se apartó para siempre de la Alemania hitleriana. Y la vida, aunque en un mundo en llamas, siguió su curso. Miguel Alemán se convirtió en presidente en 1946, y su amigo Beteta, en ministro de Hacienda. La actriz intentó rehacer su carrera con un par de películas en México y contrajo matrimonio con el dandy Nacho de la Torre, emparentado con la familia del expresidente Porfirio Díaz.  Se divorció y volvió a casarse. Nada le funcionó. Abandonó México e incluso trató en 1958 de reactivar su carrera en Suiza con otro filme. Pero sin los apoyos de antaño, no tuvo éxito. A paso lento se fue apagando hasta quedar en el olvido. Nadie la condenó nunca y sólo una vez regresó a México para descubrir que nada era como antes. El 8 de mayo de 1991 murió en Lichtenfels (Baviera). Su memoria es ahora parte de la historia de la infamia.
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Leer la autobiografía de Frederick Forsyth es como colarse en el taller, en la trastienda de un lugar mágico y misterioso

Mágico por su capacidad para producir éxitos editoriales que suman 75 millones de ejemplares vendidos y que además han sintonizado con el sueño y la noción de aventura de la Guerra Fría y de los últimos 50 años de historia.

 Y misterioso porque en ella revela su vínculo con el MI6, la agencia de espionaje británica, para la que trabajó bajo la fabulosa cobertura de su condición de escritor. 
De todo ello habla en una habitación de un hotel de Londres cerca de Regent's Park con la carcajada en los labios, risueño en todo momento y optimista por el triunfo del Brexit y la recuperación de la soberanía para su amada Inglaterra. 

Forsyth (Ashford, Reino Unido,1938) lo ha sido casi todo: periodista, novelista, espía, piloto, padre y esposo. Y El intruso, que llega a España de la mano de Plaza y Janés, es su legado más personal, la novela de una era y de su propia vida.
Porque el protagonista esta vez es Freddy, el chaval solitario que probó su primer chicle de la mano de un soldado americano que había entrado con su tanque prácticamente en su jardín. Eran años de resistencia, de despliegue militar para preparar el contraataque a Hitler y de una soledad de internado que “primero fue circunstancia y luego necesidad”. “Parece que hoy la compañía es obligatoria constantemente en Facebook o Instagram, la gente necesita miles de amigos para estar siempre hablando con alguien, pero son extraños. Yo necesito silencio. Y no necesito compañía”.

El hijo único que fue soñó pronto con ser piloto, se presentó al servicio militar en la RAF para volar, pasó veranos y temporadas en Francia, Alemania y España y solo porque quería viajar y no podía hacerlo siempre pilotando eligió un trabajo a la medida: periodismo.

Pregunta. Su libro habla de su trabajo como periodista, como novelista y como espía o “activo” del MI6, pero da la impresión de que se divirtió más con el periodismo.

Respuesta. Seguramente sí. Tuve la suerte de hacer periodismo internacional y eso fue más interesante que cubrir por ejemplo una huelga en una fábrica. Hay periodismo industrial, deportivo, financiero, diplomático, se pueden cubrir conferencias, ministerios de Exteriores, etcétera (y comienza a bostezar ostentosamente) ¡Qué aburrimiento! Pero yo quería ir al extranjero y la vía fue el periodismo.
Tras un tiempo en provincias logró entrar en Reuters, que le envió con 23 años a París, el corazón de una de las mayores crisis en ese momento: la amenaza contra Charles de Gaulle por su supuesta traición a una Argelia francesa. En ese tiempo concluyó que el presidente francés tenía un despliegue de seguridad infranqueable para sus enemigos, la OAS, que estaba muy controlada por los servicios secretos, y que solo un asesino a sueldo podría burlar todos los círculos de protección. Era el germen de Chacal naciendo en su cabeza, pero había otros destinos para él antes de que se dedicara a novelar. “Con 25 años fui destinado a Berlín Este, que podía ser el punto de partida de una tercera guerra mundial. En 1963 Occidente había cortado todas las relaciones con el Este salvo ¡el hombre de Reuters!, el único hombre occidental al este del muro, ¡y ese era yo! ¡Era un gran trabajo!”



P. ¿Pasó más miedo ahí que después en Biafra, por ejemplo?

R. No, no. En Berlín Este lo peor que te podía pasar es que te arrestaran y el Séptimo de Caballería no iba a venir a rescatarte, podías desaparecer. Alemania Oriental era un Estado muy duro y la Stasi era considerada la peor policía secreta del Este de Europa del momento, pero era también fascinante. Había cosas difíciles, como que te escucharan y siguieran siempre en aquellos coches negros, pero se trataba de acostumbrarte. Se consideraba un trabajo para un año, y para un hombre soltero, no casado.

P. ¿Soltero para conocer a todas esas chicas que cuenta en el libro, incluidas las espías que le seguían?

Forsyth ríe, en el libro cuenta anécdotas como la ocasión en que creyó haber seducido a una chica bellísima en Praga que resultó ser la agente asignada para seguirle. Le puso el trabajo muy fácil. Y cuenta con nostalgia sus escapadas a Berlín Oeste por Checkpoint Charlie, cuando los guardias le paraban para mirar el motor y los bajos del coche y entonces desaparecían las cajas de naranjas que él les dejaba disimuladamente en el portamaletas. “Ellos ya me conocían, no me llamaban Freddy, sino Forsyth, y usábamos esos trucos. Ellos no podían comprar naranjas”.


P. El libro refleja cómo fue feliz cubriendo el París de De Gaulle y el Berlín de la Guerra Fría, pero también cómo llegó la decepción con el periodismo cuando pasó a la BBC y fue enviado a Nigeria, a la guerra de Biafra.

R. No fue decepción con el periodismo, sino con el establishment. Por primera vez me encontré en el lado opuesto al de mi Gobierno, era una situación extraña porque sabía que Londres estaba armando secretamente Nigeria y mintiendo y cuando ves eso tienes un problema, ¿qué haces, lo anuncias, lo dices? Yo lo dije y por eso me apartaron de la BBC. Desde entonces seguramente he sido antiestablishment, siempre. 
Tomó sus ahorros, voló a Lisboa y de ahí a Biafra, donde estaba empeñado en contar por su cuenta la hambruna que negaba el Gobierno británico y que estaba matando a cientos de miles de niños. Lo hizo como freelance, y lo hizo para el MI6, que quería información de primera mano distinta a la del Foreign Office. 
“En Europa nunca habíamos visto niños así reducidos a la hambruna, como insectos, sin músculos, sin grasas, con una tripa inflada llena de aire, la cabeza caída por falta de fuerzas”.


P. ¿Es decir que vuelve a Nigeria por una causa y trabaja para el MI6 por una causa?

R. Sí. Se me acercó un hombre y abiertamente se presentó: “Soy Ronnie Bloom y trabajo para el MI6 y tenemos un problema, me dijo. El Foreign Office intenta persuadir al primer ministro Harold Wilson de que hay que seguir armando al Gobierno de Nigeria, niega la hambruna que la guerra está provocando, y nosotros sostenemos lo contrario. Wilson debe saber si estas hambrunas son ciertas o inventadas, así que si puedes probar lo que dices... Y así empecé. Me dieron un montón de sobres dirigidos a una falsa tía mía en Londres, con el sello puesto, y todo lo que tenía que hacer desde Biafra era meter mi informe, cerrar el sobre y dárselo a uno de los misioneros que salían. Pero el Gobierno no cambió de opinión, no paró hasta aplastar Biafra.

P. ¿No pensó que el MI6 le dijo lo que quería oír?

R. Siempre. Pero entonces me habrían pedido que demostrara que la hambruna era mentira. En todo caso había miles de niños muertos.

Al volver a Londres no tenía trabajo y por ello, dice, se hizo novelista. Su manuscrito de Chacal, escrito en penosas condiciones en 35 días, se abrió paso y le valió un contrato para las novelas Odessa, sobre la persecución de un criminal nazi, y Los perros de la guerra, que recoge un golpe en un país centroafricano. 
Ronnie Bloom volvió a contactarle, esta vez para encargarle una misión en Alemania Oriental. “Ya era bastante conocido y esa era una buena cobertura: estoy investigando para mi próximo libro, porque no puedes probar que no vas a escribirlo (ríe), así que me pidió ir y recoger un paquete para el MI6.

P. ¿Y qué obtenía a cambio?

R. Nada de dinero.

P. ¿Por qué lo hacía entonces? ¿Por la aventura? ¿Por la experiencia?

R. Por ayudar a mi viejo país.

P. Pero a usted además lo enviaban de misión.

R. Solo menciono una y he tenido una pequeña desaprobación por ello. En alguna sedes creen que hay que callar hasta la muerte y yo les digo: hay memorias escritas, papeles que ven la luz después de 30 años de secreto. Aquí han pasado 45 años y ya no existe ni la Stasi, ni Alemania Oriental ni la URSS (ríe), esto no es peligroso para nadie, por qué no contarlo. Pero hay puristas que dicen: no, hay que callar hasta la muerte. En todo caso nadie me ha dicho oficialmente “eres un bastardo”.

P. Describe un momento desastroso en un coche de un agente en Hong Kong que nada tiene que ver con el Aston Martin de James Bond.

R. No, no, nada que ver. La esencia del agente es ser secreto. Imaginar que llegas y te dicen “buenas tardes, señor Bond, le estábamos esperando”... ¿eso es un agente secreto?  ¡Vamos, estaría muerto! Uno de verdad estaría muerto en 15 minutos. La idea es la invisibilidad, pasar la frontera, hacer el trabajo y volver a pasarla o te pillan.

P. ¿Y cuál es la lección que daría a los periodistas?

R. La que me dieron a mí mis maestros: comprobar, comprobar y solo después escribir. El establishment, los gobiernos intentan esconder detalles, pero nuestro trabajo es contarlos. Y no debemos cruzar la línea. 

Y ese afuera, outside, es el que da nombre en inglés al libro de su vida, The outsider (El intruso en español) y el que define el lado en el que se quiere situar. Para ello recuerda una cita de Lorca “estoy y estaré siempre con los que tienen hambre”. “Y Lorca no se refería al hambre de comida, sino al hambre de libertad. Yo estoy con Lorca”.

–P. Su único título universitario es precisamente de Granada.

– ¡El diploma! (Ríe) Vine muy joven a estudiar español y pasé los días sin ir a clase, intentando aprender a torear y cuando el último día estaba tomando un manzanilla y unas gambas, una suecas llegaron ¿eres tú el inglés? Mañana es el día del examen. Así que fui, el profesor me preguntó y solté una parrafada en acento andaluz, el jamás había oído a nadie hablar así. Y conseguí mi diploma. Me encantó España. He vuelto muchas veces a Barcelona y a la Costa del Sol, a Puerto Banús. Está bien.

–P. Sin embargo está a favor del Brexit.

– R. Sí, pero no desde el referéndum sino desde hace diez años. Para mí no es una cuestión de inmigración, xenofobia, eurofobia ni ningún tipo de fobia, sino de soberanía. Es el derecho de los británicos, y no el permiso, de decidir cómo y por quién quieren ser gobernados. Queremos ser gobernados por la gente que elegimos y por método democrático. La Comisión no es elegida democráticamente y sus maneras son arrogantes, remotas, dictatoriales.

–P.  ¿Y es cierto que en realidad no le gusta escribir?

– Es verdad. Algunos escriben por compulsión, otros porque sienten que tienen un mensaje para el resto del mundo, otros por la fama y hay una cuarta razón (y se frota el índice y el pulgar para señalar claramente: el dinero).

–P.  ¿Es un mercenario de la pluma?
– Sí.

– P. ¿Tal vez el próximo crimen de estilo Forsyth debería estar en la red, entre hackers?

– Pues sí, pero ya no lo entiendo y por eso no lo hago, porque no lo entiendo. Y hay una generación de jóvenes ahí fuera que pueden tomar el relevo. El 90% del espionaje hoy ya no trata de esconderse tras un árbol en Gorky Park para encontrar un microfilm, no. Se trata de hackear. Y la contrainteligencia consiste hoy en prevenir posibles ataques cibernéticos

–P ¿Y qué opina de la divulgación de documentos que ha hecho Snowden o Wikileaks por ejemplo?

– Snowden y Assange son traidores, porque lo que han hecho ha sido enseñar a los terroristas cómo evitar ser atrapados. Pues muchas gracias. Es como tener un portero que les dice a los ladrones tus códigos para entrar en tu casa. Es una traición, no es una cuestión de derechos civiles.

El tiempo se agota pero no se puede terminar una conversación con Forsyth sin preguntar por Donald Trump. Profundamente conservador, admirador de Margaret Thatcher y hoy de Theresa May, el adalid del Brexit ¿estará a favor del republicano?

—R. “Es horrible, es un hombre terrible. Solo verle la cara es como ver a Musolini, no te gustaría ver esa cara al otro lado de la mesa a la hora del desayuno para empezar el día. No es presidencial. El gran misterio es cómo un país tan grande donde debe haber al menos 100.000 personas inteligentes, patrióticas, dignas y serias han elegido a esos dos. Cualquiera que conoce a Hillary Clinton no la soporta y él es un matón. Esperemos que ella gane, pero eso no la hace más simpática. Y su marido es horrible”. Palabra de Forsyth.
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Alejandra Pizarnik (1936-1972) llevaba unas horas recostada sobre su cama, fumando un cigarrillo tras otro. De pronto, se levantó, se atusó el pelo, apelmazado por la modorra, apagó la última colilla en el cenicero de su mesilla y caminó, pausadamente, hacia su cuarto de trabajo en el departamento que tenía en Buenos Aires, en el edificio de Montevideo 980. 


Era de noche, aunque siempre lo es en la oscuridad del alma. No hacía demasiado frío, si bien el clima en Buenos Aires en septiembre puede llegar a ser severo. El día anterior había llovido y las calles aún conservaban la humedad de las gotas a destiempo. 
Al llegar a su cuarto, cogió una tiza y escribió unos versos en el pizarrón que presidía la estancia: «No quiero ir nada más que hasta el fondo».


Todas las carpetas y cuadernos, además de los papeles con anotaciones o poemas, fueron conservados casi en el mismo orden en que los dejó Pizarnik
Fue el último rastro que la poeta dejó, y así lo encontraron apenas una semana después. En la madrugada del 25 de septiembre de 1972, Pizarnik ingirió una sobredosis letal de Seconal sódico y falleció. 


A su auxilio acudió una amiga, que la llevó, ya sin vida, al Hospital Pirovano. La muerte, tantas veces mentada por ella, en su vida y en su obra, fue a su búsqueda en una de sus formas más poéticas: el suicidio. 

Los amigos que, al día siguiente, la velaron en la sede de la Sociedad Argentina de Escritores se repetían, entre susurros, los unos a los otros: «Fue accidental, fue accidental». Pero nunca lo es. Como tampoco lo fueron aquellos últimos versos, que Pizarnik escribió a modo de despedida y que hoy ven, por fin, la luz en  (Lumen), el volumen que esta semana llega a las librerías españolas
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'Necesidad de libertad', libro enérgico y misceláneo, de Reinaldo Arenas



Hace 30 años en su primera conferencia en la Universidad de Columbia Reinaldo Arenas (Holguín, Cuba, 1943- Nueva York, EEUU, 1990), habló así:"Por primera vez soy un hombre libre, por lo tanto, por primera vez existo. Mi vida hasta ahora ha transcurrido entre dos dictaduras; primero la de Batista; luego la dictadura comunista. Precisamente por estar por primera vez en un país libre puedo hablar.."

Arenas  llegó a ser considerado por el régimen cubano como un "peligro social", lo que no dice nada acerca de él, sino de la sociedad que lo etiquetó de peligroso. Pasó dos años en la cárcel. Logró salir de Cuba en una embarcación en el éxodo de El Mariel, en 1980.
Precisamente, tras este episodio vital, arranca 'Necesidad de libertad', libro enérgico y misceláneo -mezcla ensayo, poesía, cartas, recortes de prensa...- que ahora ve por primera vez la luz en Europa en la editorial sevillana Point de Lunettes tras su publicación en 2001 en Miami. En este volumen, Arenas reivindica su libertad recién conquistada y denuncia con desparpajo los abusos de la dictadura de Castro.


El autor de 'Celestino antes del alba' expone la persecución sufrida por escritores e intelectuales. Denuncia que a Lezama Lima se le dejó morir, sin recibir atención, en un hospital; Marta Vignier se quitó la vida, y otros como Jorge Valls y Armando Valladares perdieron la vida en la cárcel. "Los demás –anota– pasamos al campo del cinismo, del silencio o de la cobardía". Él mismo confiesa que en las celdas de la Seguridad Nacional firmó "cuanto papel se me puso ante los ojos".
'Necesidad de libertad' es también un desahogo literario. Porque Reinaldo Arenas arremete aquí con dureza contra los escritores partidarios del régimen de Fidel Castro que viven "libres y fuera de la isla". "Este libro cuenta aspectos y anécdotas de escritores famosos que no están todavía, y a lo mejor no están nunca, en los libros de literatura hispanoamericana", explican desde el sello Point de Lunettes, que también ha editado otros títulos del cubano como el relato 'Sobre los astros' y las 'Cartas a Margarita y Jorge Camacho'.

"Veíamos a escritores verdaderamente libres haciendo también el juego a aquella infamia", expone Reinaldo Arenas, quien a veces utiliza la fina ironía, como en la 'Orden de rompimiento de amistad'’dirigida a Nicolas Guillén: "De acuerdo con el balance de liquidación de amistad que cada fin de año realizo –balance que se rige por rigurosas constataciones– le comunico que usted ha engrosado la lista del mismo. Por lo tanto, desde el momento en que expido este documento queda usted desvinculado, en forma definitiva, de todos mis afectos".
En otras ocasiones, Arenas no ahorra calificativos para juzgar la actitud de autores consagradísimos como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar o Ernesto Cardenal, el último ganador del premio Reina Sofía de poesía. Al Nobel colombiano le dedica todo un capítulo (titulado, muy gráficamente: "Gabriel García Márquez, ¿esbirro o es burro?"), donde le reprocha que haga "apología del totalitarismo comunista que convierte a los intelectuales en gendarmes y a los gendarmes en criminales".

En su texto, Reinaldo Arenas le recuerda al autor de 'Cien años de soledad' algunas "contradicciones". "Me pregunto -expone-–si no es extremadamente cínico que García Márquez, quien hace incesantes apologías a la revolución cubana’ y a su desarrollo cultural y humano, viva sin embargo en París y México, tenga un hijo estudiando en la Universidad de Harvard, y otro aprende a tocar el violín en Francia. ¿No invalida esta actitud real la retórica poscastrista del acaudalado señor que la emite?..."
Tampoco es clemente con Julio Cortázar, "convertido -expone el autor de 'Un plebiscito a Fidel Castro'- al castrismo desde los lujosos hoteles cubanos que el capitalismo había construido y con residencia y estatus en París; a Ernesto Cardenal, tan mediocre e hipócrita como su supuesta doctrina religiosa, que ni siquiera práctica (...) A ellos el cinismo se le convertía en cuantiosas recompensas (...) De esa manera llegó Cortázar a best-seller, Cardenal a ministro..."

Novelas
1967: Celestino antes del alba
1969: El mundo alucinante
1980: El palacio de las blanquísimas mofetas
1980: La vieja Rosa
1982: Otra vez el mar
1984: Arturo, la estrella más brillante
1987: La loma del ángel
1988: El asalto
1989: El portero
1990: Viaje a La Habana
1991: "El color del verano" o "Nuevo Jardín de las Delicias"

Narrativa breve
1972: Con los ojos cerrados
1981: Termina el desfile

Antologías poéticas
1981: El central
1989: Voluntad de vivir manifestándose

Ensayo
1986: Necesidad de libertad

Teatro
1986: cinco obras de teatro bajo el título Persecución

Novela autobiográfica
1992: Antes que anochezca

Ediciones posteriores a la muerte de Reinaldo Arenas
2001: Inferno, poesía completa con prólogo de Juan Abreu
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Una reseña de Alfred Rathbone sobre 'El silencio de los 12', de Ismael Lorenzo, un libro testimonial sobre mujeres abusadas


Un periodista asiste a una cita con una joven que lo ha contactado porque desea relatarle alguno hechos terribles que le habían sucedido, pero nunca pensó oír una historia tan conmovedora. Era diciembre 1997 en el Líbano, una taberna, cuatro Marines entran en busca de mujeres.
Así comienza la primera narración de ‘El silencio de los 12’, de Ismael Lorenzo. En esa narración,  la voz de esa niña de 12 años, ya mujer, recuerda aquellos hechos, y nos va contando una historia de infinitas atrocidades, su violación, sus padres asesinados cuando trataron de defenderla, su cautiverio por un año y al terminar la rotación de la escuadra de Marines, su venta a un burdel, donde estuvo hasta los 14 años. Describe su sufrimiento, vivir con aquellos recuerdos en su mente, la imposiblilidad de olvidar. ‘El silencio de los 12’, ha sido escrito por Ismael Lorenzo y esa joven de la que solo conocemos sus iniciales y su dolor, nos deja un recuerdo imperecedero. 
La segunda parte se titula ‘Una historia que no tiene fin’. Y es cierto, seguimos leyendo otros relatos: la pequeña huérfana abusada desde los seis años y alquilada a los amigos de su padrastro, las dos jóvenes estudiantes de la Sorbona violadas por un profesor y más tarde misteriosamente secuestradas, la bailarina narcotizada y abusada por prominentes personajes, su conveniente muerte, dos turista agredidas sexualmente por un grupo en un hotel de Grecia, un abuso tras otro, contadas por ellas mismas, tienen la fuerza de la autenticidad, de la desesperación. Al terminar su lectura nos deja la sensación que hemos avisorado un mundo oculto, silencioso, de abusos y humillaciones, que existe pero preferimos ignorar.
Alfred Rathbone

Crítico y periodista, Agosto 2012


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Fue el cuñado de Virginia Woolf, Clive Bell, quien la avisó de que una aristócrata bien conocida en todo Londres por sus sonadas aventuras homosexuales, Vita Sackville-West -escritora también, había puesto los ojos en ella y quería conocerla, para lo cual se organizó una cena de ringorrango. 

"Vita es una lesbiana declarada, ten cuidado", le dijo Clive, a lo que la mordaz Virginia repuso: "Pues con lo esnob que soy, no sabré resistirme”.

Pese a los displicentes comentarios iniciales de la novelista, parece que el encuentro surtió el efecto deseado por Vita: despertar el interés, primero, y el deseo luego de la gran Virginia Woolf. En algún punto intermedio hizo acto de presencia además el amor, cuyo testimonio ha quedado por escrito a través de las muchas cartas que se cruzaron las dos protagonistas. A partir de ese intercambio epistolar, la periodista y escritora Pilar Bellver ha creado la novela de lo que también se pudieron haber dicho, A Virginia le gustaba Vita, publicada por la editorial Dos Bigotes.

Virginia Woolf no tenía problema alguno en plantearse una relación homosexual. Se había criado en un ambiente de absoluta libertad, a su alrededor eran comunes tanto los escarceos extramatrimoniales como las relaciones entre personas del mismo sexo -a pesar de la rígida moral victoriana que parecía imperar-, y el grupo de Bloomsbury en el que reinaban ella y su hermana Vanessa venía a ser una saturnal continua donde todos se acostaban con todos. Oficialmente, era una mujer frígida, incapaz de sentir deseo sexual por su marido, Leonard, con quien por lo demás formaba un matrimonio muy bien avenido.



En cuanto a Vita, su conducta en cuestión de amor rayaba en la promiscuidad, y estaba igualmente casada. Su esposo, Harold Nicolson, era abiertamente homosexual y aceptaba de buen grado las andanzas de ella por mucho escándalo que causaran. No todo el mundo era igual de tolerante. El marido de una de sus amantes, el poeta sudafricano Roy Campbell, persiguió a Vita por medio Londres con una pistola cuando se enteró de la infidelidad de que era víctima.
Como señala Pilar Bellver, había sintonía y complicidad no sólo en el seno de ambas parejas sino también entre los matrimonios mismos, que mantuvieron su amistad hasta el final. "No había celos entre los Woolf y los Nicolson, pues habían llegado, independientemente, a la misma definición de confianza", escribe. Quizá Leonard fuera el menos contento con la situación, pero no por miedo a que Virginia se alejara de él sino a que las emociones en juego "pudieran volver a perturbarle la mente". La escritora padecía depresiones (trastorno bipolar según el diagnóstico de hoy) desde los 13 años, cuando murió su madre, y -como es sabido- acabaría suicidándose en el río Ouse.

Vita y ella, a pesar de estar separadas por 10 años, inician una relación de alta intensidad. Se acuestan por primera vez la noche del 17 al 18 de diciembre de 1925, según sabemos por una carta de Vita a su marido y por su diario. Virginia se recata un poco en el suyo,  sabedora de que Leonard tiene la costumbre de leerlo, mientras que su libérrima amante ni se molesta en poner sordina a sus aventuras.
Muy pronto se convencen las amantes de que lo ideal es continuar con su statu quo como hasta entonces. Nada de pensar en cambios de vida: "El amor nos basta para querernos, no necesitamos añadirle la rutina de una convivencia que bien podría ser desastrosa", imagina Bellver que dice Vita.
Si a la aristócrata y escritora -que por cierto goza de mucho mayor éxito en el momento que su amiga- le molesta algo de Virginia es que parece no entregarse por completo, como si su naturaleza de narradora le hiciera estar siempre, de algún modo, tomando nota de lo vivido, la autora de Una habitación propia no puede digerir bien los constantes affaires de su amante.


De camino a Teherán, donde su marido es encargado de negocios de la embajada inglesa, Vita siente tal deseo de estar con Virginia que fantasea con raptarla. "Ella no estaba acostumbrada a desear sin conseguir", tercia aquí Pilar Bellver. A su vuelta de Persia, afloran sin embargo los primeros indicios de alejamiento entre la pareja. Virginia Woolf anota en su diario: "Iba más descuidada [Vita], pues había venido directamente con su ropa de viaje; y no tan bella como otras veces (...). Así que las dos sufrimos cierta desilusión (...). Es muy posible que esto sea más duradero que la primera rapsodia".
A pesar de todo, las amantes se las arreglan para, pasado lo más bullente del amor, construir lo que Vita define como "una amistad respetable, cierta, durable, casta y tibia". Algo menos intenso pero más duradero que aquellos primeros encuentros ardientes en la gran mansión de Vita, Knole, tan grande que nadie podía precisar cuántas habitaciones tenía.
La inmensa hacienda de los Sackville-West, que sigue siendo una de las cinco mayores de Inglaterra -más grande que Buckingham Palace, por ejemplo-, desempeña un papel importante en la presente historia. Después de haber escrito La señora Dalloway y Al faro, Virginia Woolf pide permiso a Vita, que se halla en plena vorágine de traiciones, para escribir sobre ella, y Vita acepta. El resultado es otra obra superlativa, Orlando, que trata sobre un personaje que vive cinco siglos, primero como hombre y luego como mujer.
Orlando comienza con una famosa escena en la que el protagonista observa desde lo alto de una colina los movimientos de personas a las puertas y dentro de una casa gigantesca, como Knole, ante la llegada de la reina y de su cortejo. Tiene que bajar a la carrera al valle, vestirse de forma adecuada, recorrer incontables corredores y tomar varios atajos para llegar a tiempo de recibir al visitante.
Pilar Bellver sostiene que, más allá de las consecuencias emocionales, la relación tempestuosa de Virginia Woolf con Vita, "todo ese caldo de seducción primero y luego de amor, de deseo, de alegría y de frustración al mismo tiempo, dieron como resultado el entusiasmo y la intensidad con que Virginia escribió en esos años sus mejores novelas: La señora Dalloway, Orlando y Las olas. Las mejores con diferencia".
Irene Chikiar, en su biografía de la autora inglesa, sentenció algo que no deja lugar a dudas: "Si bien Virginia sentía que en un plano pasional o sexual no podía competir con esas otras mujeres que atraían a Vita, era evidente que ninguna de ella podía escribir Orlando".  No sabemos si ser consciente de esto habría servido de consuelo a Virginia Woolf.
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José Lezama Lima, a sus 102 años


El gran escritor cubano José Lezama Lima que este día 19 hubiera cumplido 102 años y coincidiendo con esta fecha acaba de aparecer una carta inédita dirigida a su hermana Rosa, en la que el autor de "Paradiso" confiesa su vacío y soledad, un sentimiento incrementado por la ausencia de la familia exiliada en Miami

"Cada día que pasa siento la nostalgia de la familia ¿cuántas veces no lo he repetido? Nunca podré ser un ser feliz, pues si tuviese la familia me faltaría la tierra, aunque realmente me conformo con muy poco, pero ya estoy convencido hasta colmar la copa que nunca podré ser feliz, pues soy de esa raza de los que siempre le falta la otra mitad". Así decía Lezama Lima en una carta escrita el 30 de junio de 1970.

Una carta facsimilar del manuscrito original que ve ahora la luz por primera vez y que aparece en una edición artesanal junto con el poema "La Madre", mecanografiado con firma y dedicatoria manuscrita, y cinco fotografías originales, dos de ellas que muestran a Lezama Lima junto a su madre y sus hermanas en diferentes épocas.

Instantáneas que después recordará Lezama (La Habana,1910-1976) cuando él está ya solo en La Habana, y su madre, de la que no se quiso separar nunca, ya ha muerto. En estas fotos también se muestra a su hermana Rosa junto a su hijo y nietos.

Todo este material ha quedado reunido en esta edición artesanal y única bajo el título de "La Madre", con una tirada de cien ejemplares firmados y numerados, publicada por el Centro de Arte Moderno de Madrid, con la colaboración de Ivette Fuentes de la Paz, especialista en Lezama, investigadora del Instituto de Literatura y Lingüística de La Habana, y quienes han hallado este material en los papeles y fondos que posee la familia del autor.


El poeta, narrador y ensayista, creador de una palabra poética en español única, "barroca, espiritual y excelsa", como dijo José Ángel Valente, solo salió de Cuba dos ves. El resto de su vida estuvo en la isla, en una especie de autoexilio, enfermo desde la infancia. Fue obligado por su madre a casarse con la señora que la cuidaba y todos sus deseos y sentimientos -todo el mundo sospechaba que era homosexual- corrían ahogados bajo su piel, con un silencio que solo mitigaba en su obra tan oceánica como su cuerpo.

Para la especialista, esta edición especial sale en un momento muy importante, "porque ahora que se cumplen los 50 años del "boom" latinoamericano se ha hablado muy poco de Lezama. Es justo ponerle en su sitio. Se cumplen los 50 años de la publicación de 'Rayuela' de Julio Cortázar, pero también serán los 50 de 'Paradiso', de Lezama, de 1966, que entra de lleno en el "boom", del que fue un hito", subraya.

Lezama Lima, que murió acompañado por su mujer, Maria Luisa, en un hospital, abandonado por las autoridades políticas, estuvo muy ligado a su madre a quien cuidó hasta su muerte. Nunca pidió salir de Cuba, incluso después de la muerte de la progenitora. Sus hermanas Rosa y Eloisa estaban lejos en Miami, y después, como apunta Ivette Fuentes, en Cuba, en el 59, "se puso la cosa muy mal y se hizo casi imposible el contacto con el exterior".

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"Sakuntala la mala reivindica su nombre", reseña de Ismael Lorenzo

Reseña de Ismael Lorenzo sobre la novela de Daniel Fernández 
©2009 by Ismael Lorenzo



Sakuntala la mala contra la Tétrica Mofeta, es una novela en la que su autor Daniel Fernández recuenta la atmósfera de persecución y locura juvenil de aquella Habana de los años ’60 y ’70. Ficción y realidad se mezclan con gran maestría, dando comienzo cuando el personaje ‘Sakuntala la mala’ o ‘Daniel Sakuntala’, y otras varias formas en que lo denominaba Reinaldo Arenas en su novela ‘El color del verano’, llega al periódico ‘El Nuevo Herald’ para hablar con su alter ego, el periodista Daniel Fernández, y tratar de esclarecer las manchas sobre su persona vertidas por la imaginación exuberante y excesiva de Arenas.

Sakuntala’, con su aire de Gloria Swanson, trata de reinvindicar su buen nombre, que no es una ‘loca’ cualquiera, sino una muy leída y con mucho talento. Y desde estas conversaciones entre el personaje de ficción y la persona real, se va desenvolviendo una trama llena de un humor contagioso, donde se habla de amigos y delatores, de informantes y perseguidos, de locas y bugarrones.


De seres tenebrosos como Coco Salas, que ayudó a que Reinaldo Arenas cayera preso en El Morro, y que luego denunció a Daniel Fernández por su otra novela ‘La vida secreta de Truca Pérez’, lo cual le costó cuatro años de prisión en el Combinado del Este.

En aquella Habana de finales de los años ’60, de guerrilleros y marchas, de himnos y Comités de Defensa, el muy joven Daniel Fernández, teñido el pelo de rubio y ropa extravagante, sobresalía como una ‘loca’ que ya por ser homosexual rompía con la combativa revolución y con el pecado aún más grande de ser desafecto al régimen. Aún así, en aquel mundillo seudointelectual habanero, Daniel Sakuntala, así llamado porque luego de leer la obra de Kali Dasa, ‘Sakuntala’, siendo un adolescente, la comentaba constantemente en las tertulias, la cinemateca y la heladería Coppelia.
Pero Daniel Fernández siempre fue alguien auténtico, en aquella época, cuando era la moda de muchos andar con un libro en la mano, él los leía. Que a pesar de su cultura y talento, tuvo que trabajar diez años de estibador porque no le daban trabajo en otra parte por su condición de homosexual y desafecto.

La novela va desenvolviendo con gracia, personajes de aquellos años ’60 y ’70 en La Habana, como el poeta Delfín Prats, de manifiesto talento, que nunca llegó a salir de Cuba y terminó alcohólico, frustrado y destruido, a quien recuerdo una vez, cuando caminando por el Prado habanero, con gran alegría me enseñó su libro ganador de un concurso de poesía de la Unión de Escritores, del que sólo se imprimió ese ejemplar de prueba, porque algún envidioso en la Uneac decidió que no era revolucionario.

Del pintor Jaime Bellechasse, condenado a cinco años de prisión por soltar unas simples proclamas en un cine. La novela recrea esa paranoia de todos los días, si te habían puesto micrófonos en la casa, si tenían tomado el teléfono, si te seguían, si ese pretendido amigo era en realidad un informante, cuánto sabría de ti la omnipotente Seguridad.

También recuenta ese mundillo de libros y tertulias, de ávidas lectura, de genios literarios como Virgilio Piñera, tan tímido como astuto, del hotel Monserrat, donde vivió Reinaldo Arenas luego de salir de la prisión y donde también vivía el dudoso Coco Salas. Esas vivencias que me hacen recordar de aquellos ‘te’ caliente sin apenas ‘te’, porque no había más nada que brindar, que servía Reinaldo Arenas en su pequeña habitación.

Es una novela que para los que vivimos esos años nos trae recuerdos, para los que no, le da otra visión, más real, más verdadera, que la ofrecida por los Oliver Stone y Roger Moore del momento.

En el final, Sakuntala la mala nueva reina de Cuba, en la Plaza Real de La Habana (antigua Plaza de la Revolución), aparece desnuda en la tribuna a dar su primer discurso, donde antes de empezar a hablar del futuro, impone:
“que se haga un minuto de silencio por todos los muertos, otro minuto de silencio por todos los chivateados, otro minuto por los que fueron a la cárcel, uno por los pateados, otro por los fusilados, otros por los vilipendiados injustamente, otro por los que fueron llamados mafiosos o contrarevolucionarios o lacras del pasado, otro minuto por los padres que se quedaron sin hijos, otro por los hijos que se quedaron sin padres, otros por los que se fueron cuando querían quedarse, otro por los que se quedaron y querían irse, otro por los que no pudieron hacer nunca lo que querían, uno más por los engañados de buena fe, y otro por los que murieron en el exilio y otro por los que vivieron toda su vida en el exilio sin saber que era ser cubanos, otro por las locas perseguidas, por los religiosos perseguidos”...
y así en esta larga invocación de los horrores y abusos de medio siglo, Sakuntala la mala desarrolla su discurso inaugural en la Plaza Real de La Habana.

Daniel Fernández nos ha traído en su original novela a un tiempo que no volverá, de los que fuimos jóvenes en una revolución que nació vieja, jesuítica y que en la ironía de Sakuntala la mala nos recuerda que el horror no ha terminado.

'Sakuntala la mala contra la Tétrica Mofeta'Daniel Fernández, Editorial Silueta 2009
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LUDWIG II, REY DE BAVIERA / LUCHINO VISCONTI (1972)
                                Por Alejo Urdaneta


Ludwig II, Rey de Baviera, es un personaje que ha inspirado a poetas como Rimbaud, Verlaine, Apollinaire o D'Annunzio, y que ha pasado a la historia como "el rey loco", por la excéntrica vida que llevó como monarca que dilapidaba el presupuesto del Estado en mantener a artistas como Wagner, o en construir fantásticos castillos. El romanticismo lo ha tomado como modelo, por su rebeldía contra la época sórdida y materialista que le había tocado vivir.
Ludwig no se resignaba a ser un funcionario más dentro de un sistema burgués, y tenía como modelo los tiempos de las monarquías absolutas, cuando el rey era caudillo de su pueblo y mecenas del arte. Pero eso ya no era posible en la Alemania de Bismarck y de la Revolución Industrial de 1864. Desde ese punto de vista se comprende el interés de Visconti en su personalidad: Ludwig era como otros artistas que no se adaptaron al medio y rechazaban los hábitos de comodidad burguesa y desinterés por el arte: Thomas Mann, Proust, y como el propio Luchino Visconti.
El Monarca es un hombre contradictorio, con algunos trastornos que se han atribuido a su homosexualidad oculta por algún tiempo. Él mismo se califica:"No hay cosa más bella que la noche. Dicen que el culto de la noche, de la luna, es un mito materno [...] Sin embargo, para mí, el misterio, la grandiosidad de la noche, han sido siempre el reino ilimitado de los héroes".
Los protagonistas del cine de Visconti apuestan a un absoluto: la pasión, la fortuna, el poder, el amor, el delirio o la belleza, con un carácter envolvente y arrollador. Su obra cinematográfica está marcada por el sello de la literatura, el soporte de sus imágenes, con una audacia sólo comparable, en el cine italiano, a la de Pasolini. Boccaccio le inspiró Boccaccio 70, en 1961; Lampedusa, El Gatopardo, en 1967; Thomas Mann, La Muerte en Venecia, en 1971, y Gabrielle D' Annunzio, El inocente, en 1976.
La película Ludwig II, de 1972, sucede a La Muerte en Venecia.
El Príncipe accede al trono a los 20 años y su único interés es proteger al músico Richard Wagner. Se ha enamorado de su prima Elizabeth (“Sissi”), esposa del Emperador de Austria, Francisco José I. Ya comienza a mostrar su tendencia homosexual y se aísla en un castillo barroco. En la primera reunión del Gabinete, Ludwig sorprende a sus ministros anunciando como medida más urgente la de encontrar a Richard Wagner, pues un reino necesita artistas que eleven su nivel espiritual. El joven monarca había quedado fascinado por la obra de Wagner desde que presenció a los 15 años una representación de la ópera Lohengrin.
La visión que nos da la película de Wagner corresponde a la que se ha hecho tópica: un aprovechado que se queja de la residencia que le ha pagado el rey, pues ninguna casa es demasiado bella para él. Wagner ha llegado con un matrimonio. Llega a Munich acompañado por Cósima (hija de Franz Liszt) y Hans von Von Bulow, su esposo, músico y director de orquesta destacado. Entre Wagner y Cósima existe una relación amorosa que según se dice conocía el director Von Bulow.
Visconti ha resaltado la extraña personalidad del Rey Ludwig, aislado en sus castillos de Baviera, con la compañía de sirvientes a quienes domina con sus caprichos. Ya ha rechazado el matrimonio con la hija del Zar de Rusia y cada vez más su salud se quebranta.
En 1866 ocurre la guerra entre Prusia y Austria, y Baviera se alinea con los austríacos, y comparte su derrota. Esa fecha marca lo que se considera como el inicio de la definitiva locura del rey: recluido en un castillo, sin apenas salir al exterior, recibe a su hermano el príncipe Otto, que viene del frente con los nervios destrozados: "Esta guerra no existe. Di a los generales que el rey no sabe que hay guerra". La salud mental del rey empieza a preocupar a sus súbditos. Se le insta a que tenga el valor de aceptar la mediocridad de la existencia: debe casarse y tener hijos, es su deber como rey; aunque en la guerra perdida les ha abandonado, no ha estado con su ejército. La homosexualidad del rey es conocida por todos, sin llegar a mencionarla nunca por su nombre: "Una tentación que surge a todos los jóvenes de su edad y belleza", dice el padre Hofmann, su confesor, sugerida en la película cuando Ludwig contempla en la noche el cuerpo desnudo de un sirviente que se está bañando. A Visconti también lo acosaron semejantes tormentos. La atmósfera religiosa en la que ha crecido Ludwig puede tener en esto su parte de culpa.
Se organiza una reunión entre los funcionarios de la Monarquía para deponerlo del trono, acusándole de no estar capacitado para el ejercicio de la corona. Un reconocido psiquiatra da su veredicto: El soberano padece de paranoia. Sólo el fiel Dürckheim le defiende, y afirma que si se mantiene alejado de los asuntos de estado, es porque ello ha convenido a sus ministros hasta ese momento, para que pudieran obrar a su antojo. La conspiración sale mal, al ser avisado el rey. Cuando los conjurados se presentan en el castillo de Neuschwanstein con el decreto del Consejo de Estado, son a su vez detenidos. Dürckheim le suplica a Ludwig que vaya a Munich; el pueblo y el ejército le apoyan, y podría sublevarlos contra las decisiones del Consejo. Todo es inútil, Ludwig ha decidido no luchar, de ningún modo volverá a una ciudad que odia. Finalmente, los conjurados (a los que el rey había dado la orden de no dar alimentos ni bebida) reciben la visita de Dürckheim que les anuncia su liberación.
Los últimos momentos que Ludwig pasa en Neuschwanstein le hacen aparecer, según la mirada de Visconti, como un estoico artista que se propone cometer suicidio, con veneno o tirándose desde la torre al lago:” morir ahogado es bello porque no deforma el cuerpo”
Con engaño logra el Rey que se le autorice a pasear durante la noche, y se le concede, siempre que vaya acompañado por el médico, el doctor Gudden. Ocurre entonces lo que se supone haya sido el suicidio del monarca y la muerte de su acompañante al tratar de salvarlo. Ambos cadáveres fueron hallados en el lago cercano al castillo donde el Rey permanecía en custodia por órdenes de sus ministros y de los médicos.
El reparto está representado por Helmut Berger, como Ludwig. Wagner fue excelentemente interpretado por el actor británico Trevor Howard, que le dio el registro que Visconti pedía para el personaje. Una interpretación magistral en el film es la de Romy Schneider como la Emperatriz Elizabeth.
Debe señalarse a Silvana Mangano en el papel de Cosima, y a otros intérpretes frecuentes en las obras de Visconti: Umberto Orsini, Helmut Griem y Mark Burns, que en Muerte en Venecia fue un músico (Alfred, ayudante de Aschenbach) y en Ludwig otro (Hans von Bülow).
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Las cuatro obras fundamentales de Luchino Visconti son: El Gatopardo, La Muerte en Venecia, El Inocente y Ludwig II, Rey de Baviera.
En la película Ludwig presenciamos el estilo creativo del cineasta milanés. Quizás sea su obra cinematográfica más personal, por ser el personaje que retrata una proyección de sus gustos estéticos y por el carácter del Rey Loco. Helmut Berger reencarna notablemente al personaje. Los magníficos palacios construidos en Baviera por Ludwig II son todavía motivo de interés artístico y de turismo. Uno de tales castillos sirvió de modelo a Walt Disney para su película: La bella durmiente, y es todavía emblema del parque de atracciones.
El Rey creó para Wagner el templo de la música que es el teatro de Bayreuth, donde se celebra cada año el Festival con la música del gran compositor alemán.
El homenaje de Visconti a la música de Wagner recrea la estética de sus óperas con tono grandilocuente y heroico, y late en una atmósfera intensamente poética y espiritual. Eso hace de esta película un regalo para la contemplación de la belleza llevada a su grado sumo por la maestría de Visconti.
El cine debe a Luchino Visconti haberle dado un rango de obra de arte, por su virtuosismo y fascinante belleza. Esta película es una creación operística en sus escenarios, en la actuación sutil semejante a la gran Ópera, en la música. En fin, contiene esta obra una riqueza creativa manifiesta que deslumbra por su brillantez, nervio, y estética musical y poética.
Klaus Mann, hijo de Thomas Mann, escribió una novela titulada: La Muerte del Cisne, también conocida como: La Ventana Enrejada. La obra se desarrolla en el último tiempo de la caída del reinado de Ludwig, hasta su muerte.
Elizabeth, la Emperatriz de Austria, prima y amada por Ludwig II, acudió a la cabecera de su cama, ya muerto. Muestra el dolor inmenso de no haber podido salvarlo de su trágico destino y siente que en ese momento ha llegado a conocer el destino de ambos: Una fusión de dolor y placer que inicia otro milagro.
Dice así el final de la novela:
“Es como si quisiera con su cabellera y su capa adornar la desolación de su fúnebre lecho sin flores…

Única testigo del magnífico cuadro que presenta la Emperatriz junto al lecho de su amigo muerto, es la dama de compañía. Pero, ¿quién sabe si le es posible ver algo a través del compacto velo que cubre su vieja cara? O también si no estará ciega, con las cuencas vacías detrás del negro paño: ciega, como la diosa del destino”


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'El silencio de los 12’, de Ismael Lorenzo y M. A., un libro para no olvidar

'El silencio de los 12’, de Ismael Lorenzo y M. A, un libro para no olvidar.

 Reseña por Jorge Dominguez


Portada de la 3ra edición


Hay libros que se leen y se olvidan luego para siempre, otros que nunca se olvidan, su recuerdo se lleva en la memoria, y salta cuando quzás leemos una fugaz noticia en el periódico, o encontramos a alguien que nos relata lo que le pasó a una hija o a una amiga, alguna conocida.

 La realidad es que los  relatos del libro de Ismael Lorenzo pocas veces se encuentran en las noticias de diarios y mucho menos televisivas. Parece que es como si nadie quisiera comentar estos hechos desagradables, que ocurren en silencio, y donde a las víctimas casi nunca se les oye.
Esta es la diferencia de este libro, las voces de esas víctimas se manifiestan muy alto, con una fuerza que nos deja sorprendido y por hechos que ocurren todos los días en cualquier país. Desde la fuerza narrativa de la joven que recuerda como fue violada por una escuadra de Marines, sus padres asesinados y luego mantenida en seclusión y abuso por un año, más tarde vendida a un burdel por estos Marines, hasta la de la niña violada por su padrastro y alquilada al mejor postor. Esto no se olvida, al menos yo no lo puedo olvidar.

 Y lo peor de todos estos hechos es que son ‘Una historia que no tiene fin’, como se titula la segunda parte del libro de Lorenzo, donde se mezclan los relatos de estas jóvenes mujeres, con notas sobre los efectos de larga duración de los abusos sexuales, y notas sobre explotaciones sexuales en infinidad de lugares y personajes, desde un presidente condenado por violación, hasta un coronel violador y travesti. Es un elenco de atrocidades interminables, pero es lo que nos rodea, que muchas veces no queremos ver.
 Después de leer ‘El silencio de los 12’, las sentiré más de cerca y las comprendo mejor. Y me parece que este es el propósito del libro, que se ha cumplido.

Jorge Dominguez                                                                                                                                               Escritor, profesor y editor
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"La Bendita Minifalda"

Por Rafael Merida Cruz-Lazcano
         El periodista Rodrigo Pérez, hizo publica la noticia de que el Sr. Salvador Gándara, Ministro de Gobernación de Guatemala, prohibió a las casi 100 mujeres que laboran en la Gobernación de que usen minifaldas.
“Es una norma interna como en todas las instituciones. No es nada extraordinario, esta en vigencia desde febrero 2009, informo el vocero de la cartera interior “Nery Morales. Se informo que la decisión fue tomada por Gándara para “manejar una buena imagen, ante la sociedad por parte de los empleados públicos”.
Sandra Moran del “Sector Mujeres” de la policía nacional Civil, expreso: “Habría que definir que significa una buena imagen, para nosotras una buena imagen no esta en como va vestidas las personas, sino cuales son las acciones reales que la institución hace a favor de la seguridad y específicamente, las mujeres”.


LA MINIFALDA. Creada por la diseñadora británica Mary Quant, quien se inspiro en el automóvil Mini en 1965, el diseñador francés André Courrèges dijo que el inventor de la minifalda había sido él.
En sus inicios resultó ser una provocación más que una tendencia, llegando a convertirse en todo un estilo de vida. La minifalda fue creada en plena revolución sexual en los 60s, se popularizó por todo el mundo siendo hoy en día una prenda muy atractiva y sexy.
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Gyorgy Mitnyan, alcalde de un distrito de Budapest, creó un código de vestimenta para el personal de su municipalidad. Según un artículo del código, solo se permite el uso de minifaldas a aquellas empleadas que tengan piernas perfectas. Las faldas no deberán subir más de 3 centímetros por encima de la rodilla.

No se puede prohibir al alumnado vestir tal y como lo hacen en su vida cotidiana, ni tan siquiera en los centros de formación y cultura. Con esto no queremos justificar ningún tipo de conducta o apariencia, tan sólo manifestamos que la prohibición aleja a la escuela de la realidad social. Dicha medida, además de coartar la libertad de los alumnos, pone en duda su capacidad de decisión. Jóvenes que toman decisiones relevantes en lo que a sus estudios se refiere, no son dueños de sus actos a la hora de escoger su ropa, fomentando en ellos una terrible infantilización, de la que después la sociedad se escandaliza.
• Las minifaldas muy cortas son más indicadas para las mujeres con piernas delgadas; si tienes las piernas un poco llenitas pero torneadas y firmes, también podrás lucir una minifalda corta.
• Los tablones en las faldas ensanchan la cadera, por lo que este tipo de falda corresponde a las piernas delgadas.
Si te gusta lucir faldas muy cortas, puedes usar mallas que te den más libertad de movimiento.
• Entre más corta es la minifalda, más bajo debe ser el tacón de los zapatos.
• Busca el equilibrio, si la falda es muy corta, usa una blusa discreta; es decir, que no tenga un escote muy llamativo.
• Si la minifalda está estampada o bordada, usa una blusa de color liso.
• Si no te sientes cómoda con una minifalda, puedes usar una falda arriba de la rodilla.
• Ten especial cuidado en tus movimientos al usar una minifalda, ya que
• Aprovecha cualquier momento para ejercitar tus piernas. Camina un poco más de lo que acostumbras. No pases mucho tiempo de pie sin haber tomado pausas para que descansen tus piernas; toma esta precaución para evitar las temidas várices.
• - Las faldas tableadas, o aquellas que son vaporosas y con muchos holanes, hacen lucir más ancha la cadera y añaden volumen al cuerpo. Úsalas si tus piernas son delgadas, pero evítalas si eres más llenita.
 "Legisladora se dice estar “convencida de la libertad de expresión en los medios de comunicación impresos y electrónicos” pero no descarta emprender “acciones en contra del acoso y hostigamiento” del que ha sido objeto tras la publicación de la nota de Yahoo Noticias.(Vanguardia)".

La diputada plurinominal Crystal Tovar Aragón dirigió una carta a Miguel Ángel Castillo, autor del blog de Yahoo “Corte de Caja”, por los comentarios sobre su vestimenta, persona y cargo.

Firmada el 8 de febrero, la diputada originaria de Chihuahua califica el texto “Crystal Tovar, la diputada con la minifalda más corta” como “parte de la cultura mexicana marcada por un machismo exacerbado”.
“Por tal motivo, debo manifestarle mi total indignación y enérgico rechazo hacia su actitud misógina y discriminatoria, reflejada a través de un texto de su autoría y cuyo contenido atenta no solo contra mi integridad, sino contra el derecho de las mujeres, legisladoras o no, para decidir sobre nuestro propio cuerpo y al goce de nuestras libertades”, escribió.

 
Respecto a las críticas sobre el cargo que ocupa como diputada plurinominal, ser joven y su preparación profesional, Tovar Aragón señala que hay “falta de seriedad y raciocinio” por parte del autor del blog.
Sin embargo, la legisladora se dice estar “convencida de la libertad de expresión en los medios de comunicación impresos y electrónicos” pero no descarta emprender “acciones en contra del acoso y hostigamiento” del que ha sido objeto tras la publicación de la nota que estuvo acompañada por una imagen compuesta de dos fotografías publicadas por la Agencia Cuartoscuro el 18 de diciembre de 2012. (Vanguardia).
Con información de LaPrensa.hn. 08-17-2014

El Congreso de Honduras ha aprobado una normativa por la que todas sus empleadas, tanto sus diputadas como cualquier otra trabajadora, tendrán prohibido vestir con escote y minifalda con el objetivo de “mejorar la imagen” de la institución.
La normativa, que entrará vigor el próximo 1 de septiembre, hace referencia a “escotes pronunciados, minifaldas o vestidos cortos”, vetando la entrada de las trabajadoras que vistan de esta forma, según ha informado el diario «La Prensa».


Respecto a los trabajadores, la normativa restringe el uso de pantalones desteñidos, rotos o muy ajustados. La decisión de qué empleados y empleadas no cumplen estas normas quedará en manos del personal de seguridad del Congreso.
La aprobación de estas medidas ha provocado las críticas de varias de las diputadas, que han resaltado que la normativa incluye tres páginas de instrucciones sobre cómo deben vestir las mujeres mientras que dedica una a la vestimenta de los hombres. 

Me parece absurdo, una burla, chistoso y ofensivo también. Se debe tener más respeto por la mujer”, ha criticado la diputada Kritza Pérez, una de las trabajadoras que consideran el código machista y que contribuye a la discriminación de las mujeres.
Medidas similares fueron adoptadas en 2011 por las autoridades del Ministerio Público de aquel país, cuando el entonces fiscal general Luis Alberto Rubí instruyó a la División de Personal vetar el uso de cierto vestuario considerado inadecuado para el desempeño de fiscales, detectives y personal administrativo.
 
- No uses minifaldas cuando hace mucho frío, se ve mal. La única forma en que puedes usarlas en este caso es que te pongas debajo medias ó mallas.

- Si el color de tus piernas se ve muy blanco, broncéalas un poco, ó aplícales maquillaje para quitarles lo pálido.

- No arruines el look sexy que te da la minifalda con malas posiciones o movimientos. Si vas a arrodillarte a recoger algo del suelo, mantén las piernas juntas y gira las rodillas hacia uno de los lados del cuerpo. Al subirte al auto, coloca primero tus pompas en el asiento, y después sube tus dos piernas juntas. Evita abrir las piernas mientras estés sentada, y recuerda tener siempre una buena postura.

- No uses minifalda si no has depilado tus piernas.

- Ejercita tus piernas para que luzcan más con las minifaldas. Es bueno caminar, hacer sentadillas y la bicicleta.

Prohiben escotes y minifaldas! Iglesia mexicana acusa a las mujeres de provocar "violencia sexual"
Segun: unasur-blog
22 ago
En México hay un candente debate en torno a la forma de vestir de las mujeres. La misma se desató cuando la Iglesia Católica en México sugirió que las mujeres no deben usar minifaldas para no "provocar" el acoso de los hombres.

A través del semanario "Desde la Fe", la publicación oficial de la Arquidiócesis de México, el sacerdote Sergio Román del Real le sugirió a las mujeres no usar "ropa provocativa" ni entrar en "conversaciones o chistes picantes" -con hombres- para evitar agresiones sexuales.
 

El texto es parte de una serie de artículos previos al VI Encuentro Mundial de Familias México 2009 -organizado por la Iglesia católica- que dice que "las minifaldas y los bikinis van contra el recato".
Estas declaraciones revocaron que al menos unas 15 personas se manifestaran frente a la Catedral de Ciudad de México. Los manifestantes intentaron entrar al templo pero la policía se los impidió.
Al mismo tiempo, una universidad en el oeste del país está considerando la posibilidad de vetar las minifaldas.

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'El mapa de la tristeza', ensayo de Mario Vargas Llosa, sobre el libro póstumo de Cabrera Infante

'El mapa de la tristeza', de Mario Vargas Llosa, sobre el libro póstumo de Cabrera Infante, 'Mapa dibujado por un espía'.
El libro póstumo recién publicado de Guillermo Cabrera Infante se titula Mapa dibujado por un espía pero debería llamarse más bien “El mapa de la tristeza” por el sentimiento de soledad, amargura, indefensión e incertidumbre que lo impregna de principio a fin. Cuenta los cuatro meses y medio que pasó en La Habana, en el año 1965, adonde había viajado desde Bruselas -era allí agregado cultural de Cuba- por la muerte de su madre.
Pensaba regresar a Bélgica a los pocos días, pero, cuando estaba a punto de embarcarse para el retorno a su puesto diplomático junto con sus dos pequeñas hijas, Anita y Carola, recibió en el aeropuerto de Rancho Boyeros una llamada oficial, indicándole que debía suspender su viaje pues el ministro de Relaciones Exteriores, Raúl Roa, tenía urgencia de hablar con él. Regresó a La Habana de inmediato, sorprendido e inquieto. ¿Qué había ocurrido? Nunca llegaría a saberlo.

El libro narra, a vuela pluma y a veces con frenesí y desorden, los cuatro meses siguientes, en que Cabrera Infante vuelve muchas veces al Ministerio, sin que ni el Ministro ni alguno de los jefes lo reciba, descubriendo de este modo que ha caído en desgracia, pero sin enterarse nunca cómo ni por qué. Sin embargo, al día siguiente de llegar, Raúl Roa lo había felicitado por su gestión como diplomático y anunciado que probablemente volvería a Bruselas ascendido como Ministro Consejero de la Embajada.
¿Qué o quién había intervenido para que su suerte cambiara de la noche a la mañana? Por lo demás, le seguían pagando su sueldo y hasta le renovaron la tarjeta que permitía hacer compras en las tiendas para diplomáticos, mejor provistas que las bodegas cada vez más misérrimas a las que acudía la gente común. ¿Lo consideraba el Gobierno un enemigo de la Revolución?
La verdad es que no lo era todavía. Había tenido un conflicto con el régimen en 1961, cuando éste clausuró Lunes de Revolución, revista cultural que Cabrera Infante dirigió durante los dos años y medio de su prestigiosa existencia, pero en los tres años de su alejamiento diplomático en Bélgica había sido, según confesión propia, un funcionario leal y eficiente de la Revolución. Aunque algo desencantado por el rumbo que tomaban las cosas, da la impresión que hasta su regreso a La Habana de 1965 Cabrera Infante todavía pensaba que Cuba enmendaría el rumbo y retomaría el carácter abierto y tolerante del principio.
En estos cuatro meses aquella esperanza se desvaneció y fue allí, mientras, confuso y temeroso por su kafkiana situación de incertidumbre total sobre su futuro, deambulaba por sus amadas calles habaneras, veía la ruina que se apoderaba de casas y edificios, las enormes dificultades que el empobrecimiento generalizado imponía a los vecinos, el aislamiento casi absoluto en que se había confinado el poder, su verticalismo y la severidad de la represión contra reales o falsos disidentes, y la inseguridad y el miedo en que vivía el puñado de amigos que todavía lo frecuentaban -escritores, pintores y músicos casi todos ellos- cuando perdió las últimas ilusiones y decidió que, si salía de la isla, se exiliaría para siempre.
No lo dijo a nadie, por supuesto. Ni a sus más íntimos amigos, como Carlos Franqui o Walterio Carbonell, revolucionarios que también habían sido alejados del poder y convertidos en ciudadanos fantasmas, por razones que ignoraban y que los tenían, como a él, viviendo en una angustiosa y frustrante inutilidad, sin saber lo que ocurría a su alrededor. Las páginas que describen el vacío cotidiano de ese grupo, que trataba de atenuar con chismografías y fantasías delirantes, entre tragos de ron, son estremecedoras.
El libro no contiene análisis políticos ni críticas razonadas al Gobierno revolucionario; por el contrario, cada vez que asoma el tema político en las reuniones de amigos, el protagonista enmudece y procura alejarse de la conversación, convencido de que, en el grupo, hay algún espía o de que, de un modo u otro, lo que allí se diga llegará a los oídos del Ministerio del Interior. Hay algo de paranoia, sin duda, en este estado de perpetua desconfianza, pero tal vez ella sea la prueba a la que el poder quiere someterlos para medir su lealtad o su deslealtad a la causa. No es de extrañar que, en estos cuatro meses, comenzara para Cabrera Infante aquel vía crucis psicológico que, con el tiempo, iría desbaratando su vida y su salud pese a los admirables esfuerzos de Miriam Gómez, su esposa, para infundirle ánimos, coraje y ayudarlo a escribir hasta el final.
La publicación de este libro es otra manifestación del heroísmo y la grandeza moral de Miriam Gómez. Porque en él Guillermo cuenta, con una sinceridad cruda y a veces brutal, cómo combatió el desaliento y la neurosis de aquellos cuatro meses seduciendo a mujeres, acostándose a diestra y siniestra, y hasta enamorándose de una de esas conquistas, Silvia, que pasó a ser por un tiempo públicamente su pareja. Este y los otros fueron amores tristes, desesperados, como lo es la amistad y la literatura y todo lo que Cabrera Infante hace y dice en estos cuatros meses, porque a lo que de veras vive entregado en su fuero más íntimo es a su voluntad de escapar, de cortar para siempre con un País para el que no ve, en un futuro próximo, esperanza alguna.
No fue una decisión fácil. Porque él amaba profundamente Cuba, y, en especial La Habana, todo lo que había en ella, principalmente la noche, los bares y los cabarets y las bailarinas y sus cantantes, y la música, el clima cálido, las avenidas y los parques -¡y sus cines!- por los que pasea incansablemente, recordando los episodios y las gentes asociados a esos lugares, como para que su memoria tomara debida cuenta de ellos en todos sus detalles, sabiendo que no volvería a verlos, y poder recordarlos más tarde con precisión en sus ensayos y ficciones. En efecto, es lo que hizo. Cuando por fin, luego de esos cuatro meses, gracias a Carlos Rafael Rodríguez, líder comunista con el que el padre de Cabrera Infante había trabajado en el partido muchos años, Guillermo consiguió salir de Cuba con sus dos hijas, rumbo a España y al exilio, se llevó con él su País y le fue fiel en todo lo que escribió.
Pero nunca se resignó a vivir lejos de Cuba, ni siquiera en los momentos en que obtuvo los mayores reconocimientos literarios y vio cómo la difusión y el prestigio de su obra lo compensaban de la feroz campaña de denigración y calumnias de que fue víctima durante tantos años. Aunque decía que no, yo creo que nunca perdió la esperanza de que las cosas fueran cambiando allá en la isla y de que, algún día, podría volver físicamente a esa tierra de la que nunca había logrado desprenderse. Probablemente sus males se agravaron cuando, en un momento dado, tuvo que reconocer que no, que era definitivo, que nunca volvería y moriría en el exilio.
Me ha impresionado mucho este libro, no sólo por el gran afecto que sentí siempre por Cabrera Infante, sino por lo que me ha revelado sobre él, sobre La Habana y sobre esa época de la Revolución Cubana. Conocí a Guillermo cuando era todavía diplomático en Bélgica y se guardaba muy bien de hacer críticas a la Revolución, si es que entonces las tenía. En la época que él describe yo estuve en Cuba y ni vi ni imaginé lo que él y los demás personajes de este libro vivían, aunque estuve con varios de ellos muchas veces, conversando sobre la Revolución, y convencido que todos estaban contentos y entusiasmados con el rumbo que aquella tomaba, sin sospechar siquiera que algunos, o acaso todos, disimulaban, representaban, y, debajo de su entusiasmo, había simplemente miedo. Antoni Munné, que, al igual que los dos libros póstumos anteriores, ha preparado esta edición con desvelo, ha puesto al final una Guía de Nombres, que da cuenta de lo ocurrido luego con los personajes que Cabrera Infante compartió estos cuatro meses; es una información muy instructiva para saber quiénes cayeron efectivamente en desgracia y sufrieron aislamiento y cárcel, o se reintegraron al régimen, o se exiliaron o suicidaron.
Ha hecho bien Antoni Munné en dejar el texto tal como fue escrito, sin corregir sus faltas, algo que sin duda Cabrera Infante se propuso hacer alguna vez y no le alcanzó el tiempo, o, simplemente, no tuvo el ánimo suficiente para volver a enfrascarse en semejante pesadilla. Así como está, un borrador escrito con total espontaneidad, sin el menor adorno, en un lenguaje directo, de crónica periodística, conmueve mucho más que si hubiera sido revisado, embellecido, transformado en literatura. No lo es.
Es un testimonio descarnado y atroz, sobre lo que significa también una revolución, cuando la euforia y la alegría del triunfo cesan, y se convierte en poder supremo, ese Saturno que tarde o temprano devora a sus hijos, empezando por los que tiene más cerca, que suelen ser los mejores.

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Homenaje a Borges, un libro de su viuda María Kodama

Jorge Luis Borges sólo escribió un cuento de amor: Ulrica, incluido en El libro de Arena y dedicado secretamente a María Kodama cuando el autor de El Aleph le reveló en Islandia ese amor del que hasta entonces había ido dejando trazas
Los personajes de esa historia de amor, Ulrica y Javier Otárola, quedaron inmortalizados en la inscripción que grabó Kodama en la lápida de Borges en Ginebra.
Ahora, cuando se han cumplido los 30 años de la "entrada al Gran Mar" del escritor argentino, Ulrica vuelve a hablarle a Javier Otárola, y lo hace con un libro que recopila una veintena de conferencias dictadas por Kodama en las que aborda las principales obsesiones intelectuales de Borges: los sueños, la memoria, el tiempo, los laberintos, el Golem... y ofrece algunos detalles de su relación sentimental. Homenaje a Borges (Sudamericana, 2016) es, ante todo, una ofrenda de amor: "Siempre quise que Borges sintiera que yo le quería como persona, no por su fama", confiesa su autora. 
Kodama (Buenos Aires, 1937) se dedica en cuerpo y alma a cuidar el legado de Borges. Ha recorrido medio mundo hablando de la obra del escritor argentino y defendiendo su figura. Y este año, con la conmemoración de los 30 años de la muerte de Borges, debe redoblar los esfuerzos. 
"Este libro es un doble homenaje: se cumplen los 30 años de su partida y él siempre quiso que yo publicara", comenta nada más llegar a la cafetería del elegante barrio porteño de Recoleta. Llega  lamentando todas esas rutinas y trámites diarios que nos consumen media vida. Y enseguida ofrece una muestra de ese "perfil sótano" que tanto le gusta cultivar. 
"¿Por qué publico el libro? Por la insistencia de mi agente (literario). Me insistió en que publicara las conferencias que doy todo el tiempo, y tratamos de que estuvieran reflejados los temas principales que a Borges le interesaban".
Y ahí están si no todos, muchos de esos temas recurrentes en la obra del autor de Ficciones. Y además está el Borges poeta, el Borges periodista, el Borges traductor, el Borges bibliotecario, el Borges místico... Y el Borges amante, como el que aparece en Islandia, la conferencia en la que la albacea de la obra de Borges habla del amor entre dos personas: Ulrica y Javier Otárola. 
Kodama esboza una sonrisa cuando se le menciona ese nombre: Ulrica, atribuido en su día a otras mujeres que rondaron por la vida de Borges: "Todas quieren ser Ulrica, a mí me divierte tanto...". Pero Ulrica sólo hubo una: "Me dedicó el cuento secretamente, yo no quería, tengo un perfil sótano, no me interesa el escándalo. Y así se lo dije: 'No, Borges, así no. Secretamente, todo lo que usted quiera'. Tengo mis códigos, soy japonesa". 
Esa pasión de Borges por Islandia le fue inculcada en parte por su padre cuando le regaló la Völsunga Saga y otros poemas épicos islandeses. "En nuestras vidas -dice Kodama en la conferencia-, por distintos caminos, estaban presentes los valores de la palabra dada, del honor, del deber, tan caros a la épica; que desembocaron naturalmente en el amor por Islandia que fue también esencia de nuestro amor".
La vida de Borges estuvo también muy ligada a España. Allí vivió un tiempo de su juventud junto a su familia y allí comenzó a cultivar el periodismo.
"En ese momento -cuenta Kodama- el periodismo era una fuente de ingresos para él y también una vía para publicar sus reflexiones sobre distintos autores, movimientos, y su propia obra". Desde 1919 colabora con varias revistas y periódicos españoles (Última hora, Baleares, Grecia, Gran Guignol, Cervantes, Ultra...).
En la revista Grecia vería publicada su primera poesía, Himno al mar. Y sería en España donde se afianzaría como uno de los abanderados del ultraísmo y donde conocería a quien, según sus palabras, sería uno de sus grandes referentes literarios: Rafael Cansinos Assens
De su relación con autores españoles habla también Kodama en otra de sus conferencias, la que narra las atenciones que brindaría a la pareja Juan Goytisolo en la plaza Jemaa el-Fna de Marraquech. "Nunca olvidaré a Borges, ávido por escuchar la descripción del lugar", dice Kodama en su conferencia.
Con Goytisolo compartió Borges su gran devoción por Cervantes ("ambos encuentran en el Quijote la libertad que implica la aceptación de lo diferente y el enriquecimiento que esa diferencia trae"). Y tal vez también esa relación ambivalente con sus países de origen. "Borges -asegura su viuda- era una persona muy lúcida y veía los defectos (de Argentina) de una manera inequívoca. Sus declaraciones eran incendiarias".
Añadir leyenda
En la selección de Kodama no podía faltar un capítulo dedicado a los sueños, esa gran fuente de inspiración borgeana. "Borges tenía la facultad de recordar los sueños, lo hacía durante sus baños de inmersión, y ahí veía si ese sueño servía para algo o no; si servía, avanzaba; muchos de sus relatos parten de sueños", cuenta Kodama.
Y recuerda la anécdota que reflejó en su conferencia sobre el poema Ein traum (Un sueño), en el que Borges rinde homenaje a Kafka. "Borges siempre corregía sus poemas, pero éste fue el único que nunca corrigió; me dijo que se lo había dictado Kafka en el sueño y por eso no lo podía corregir".
El sueño y la memoria se unían en el poeta a la hora de la creación. Sobre la memoria, tan relevante en la obra de Borges, precisa Kodama que es necesario diferenciar entre esa memoria que entrelaza datos y recuerdos de una forma creativa y aquella que actúa como una mera computadora, sin razonamiento, como le sucede a Funes el memorioso.
De esa memoria borgeana surgió una obra universal que tuvo siempre como epicentro a la capital argentina desde su primer poemario, Fervor de Buenos Aires: "Toda su obra es Buenos Aires. Y esa presencia va cambiando desde la primera a la última obra, pero no de una forma obsesiva".
Criticada desde algunas tribunas por el celo con el que cuida el legado de Borges ("llevo 30 años difamada y estoy cansada"), Kodama se ha mostrado vehemente en los tribunales contra aquellos que han osado "jugar" con alguno de los libros del escritor (como el español Agustín Fernández Mallo con El Hacedor (de Borges), remake, o el argentino Pablo Katchadjian con El Aleph engordado): "Aunque me pidieran permiso, no permitiría que trataran de montarse en la obra de Borges y la destruyeran sólo para ser reconocidos".
Pero esa labor de custodio del jardín borgeano no obedece, según Kodama, a ningún compromiso adquirido. "Nunca acepté nada de Borges", enfatiza. "Lo que yo quería es que Borges sintiera que yo le quería a él como persona, por él mismo, no por la fama, no por la inteligencia". Un amor algo más que eterno, como sugiere Kodama al principio y al final de su Homenaje: "For ever and ever and a day".
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'Aventuras y desventuras de Mari Loli Baker en el ciberespacio', una novela de Elena Martínez
© 2013, reseña por Ismael Lorenzo
El título me atrajo, porque quién en este mundo moderno no ha sufrido aventura y desventuras en ese infinito ciberespacio.  Pero al comenzar su lectura nos  encontramos algo más bien inesperado: su humor contagioso, la búsqueda del amor y unas andanzas tan llenas de embarazosas  aventuras cybers, que lo hace emparentar salvando las distancias temporales, en su atracción y delicias de humor, con aquel John Kennedy Toole de ‘La conjura de los necios’, una de las obras maestras de nuestro siglo XX.
 Y Mari Loli nos trae esa risa una y otra vez en la que no podemos parar.  En todos mis largas lecturas de nerd nunca había podido encontrar un equivalente tan merecedor y cercano a John Kennedy Toole como este libro de Elena Martínez. 
Cuando uno se integra al libro, porque es un inmenso chat donde no todos hablan, pero  leemos atentos los cotilleos de los otros, empezamos a comprender los anhelos y confesiones  de la narradora principal, que empieza comiéndose unos bomboncitos en forma de pene que se ha comprado esa tarde en el supermercado erótico, y luego nos habla cuando compró su primer consolador, a los dos años de romper con su ex. 
“Me costó mucho decidirme pero, al final, pudo conmigo la pura necesidad: hay que poner orgasmos en nuestras vidas, y con un poco de ayuda se consiguen más fácilmente”.  
De izq. a der. Alfonso Aguado, Elena Martínez y la encargada de la presentación Sophie
Hay una segunda voz dentro de esta novela ‘Pater Iracundus’ (Alfonso Aguado) magistral y divertido también, un señor ya mayor escandalizado por estos tiempos que corre, y que la aconseja:
 “Encauce su vida por el buen camino y si tiene usted la grupa caliente, dese una ducha fría. El calor que siente entre los muslos no es nada comparado con el que hace en el infierno...”
Durante toda la novela esas confesiones de Mari Loli nos hacen reír porque aunque sean comunes, son poco usuales  a plena luz, son esas confesiones de chica sola que trabaja en un ‘call center’, y su búsqueda de algo que sino es amor, por lo menos encontrar a alguien decente que le eche un polvo, esto parece fácil en el mundo actual pero no  lo es y eso es lo que nos va revelando este libro, y mientras trata de encontrar eso, Mari Loli se ayuda con sus eficientes consoladores de hasta siete velocidades:
“Me tumbé en la cama y, tras enchufarlo para que vibrase, hice que el conejito me demostrase si todo aquello que prometía hacer era cierto. Una locura, nunca había tardado tan poco tiempo en conseguir un orgasmo. ¡Qué día aquel en el que volví a perder la virginidad!”.
Vivimos un mundo de soledad dentro de la multitud, y un medio de salir de la soledad son esos chateos que nos permite la web, donde a veces surge el amor, se encuentra a alguien con el que congeniamos como nadie antes, pero está a miles de millas de  distancia, esta es una de las tragedias de esa realidad, donde no siempre todo es real y en ocasiones las verdaderas identidades son tan elusivas como sus fotos y nombres de perfil, y donde los malentendidos abundan. Es nuestro mundo virtual, con sus ventajas y desventajas y es lo que nos va revelando este libro. Esas nuevas formas de interactuar, esas nuevas realidades, esa nueva osadía femenina: 
“Mis copas de vodka negro con lima bajaban a una velocidad demasiado rápida, la cabeza me daba vueltas y, en una de estas, le pregunté claramente si iba a enrollarse conmigo o no, porque no tenía toda la noche”.
 En el fondo, el libro de Elena Martínez  es una novela romántica dentro de un formato magistral y moderno, una originalidad de la que hoy no abunda y un humorismo que pasa por una nueva ‘picaresca española’ hasta John Kennedy Toole, ese cibermundo del que se ha tratado poco, porque es algo nuevo. Y que es más romántico y práctico de lo que muchos piensan, aunque a veces no es tan fácil llegar hasta lo último en el cyberspace: “Y si no me lo he tirado es porque no ha habido una ocasión para hacerlo todavía…”, afirma Mari Loli.
  Al final todos nos alegramos de que Mari Loli haya podido encontrar su amor, haya tirado sus polvos y no tenga ya que recurrir a sus útiles juguetes.  ‘Aventuras y desventuras de Mari Loli Baker en el ciberespacio',  una obra que perdurará porque nos lleva dentro de la realidad que no vemos y eso es una de las tareas de la literatura.

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Una edición especial en homenaje al gran escritor cubano José Lezama Lima
Del Centro Editores presenta una edición especial en homenaje al gran escritor cubano José Lezama Lima, de quien se cumplirán treinta y seis años de su muerte el próximo día 8 de agosto
Se trata de un facsímil de una carta a su sobrinanieta Ileana Bustillo enviada desde La Habana en 1967. El texto, totalmente inédito, nos muestran a un escritor afectuoso, que añora la cercanía de los suyos.
José María Fernando Lezama y Lima, más conocido como José Lezama Lima, uno de los mayores escritores en lengua española del siglo XX, nació el 19 de diciembre de 1919 en La Habana. Era hijo de José María Lezama y Rodda y de Rosa de Lima María Lima y Rosado.
El matrimonio tuvo también dos hijas: Rosa María Eloísa Lezama y Lima, y Eloísa del Carmen Lezama y Lima. Rosa María tuvo dos hijos, por ende sobrinos de José Lezama Lima, Ernesto Antonio Bustillo y Lezama y Marta Ana Bustillo y Lezama. Ernesto Antonio Bustillo y Lezama su casó con Elsa Enriqueta Sotolongo y Dubrocq. Este matrimonio tuvo varios hijos entre los que se encuentra Ileana Marta Bustillo, sobrina nieta de José Lezama Lima y a quien le escribe esta preciosa carta.
Fragmento de la carta
«Ahora nuestra familia está dispersa, quizá algún día vuelva a unirse, entonces en todos nosotros habrá una nueva alegría, cantaremos un himno que será oído en la luna.
Con tu hermanita, Orlandito y Marta Rosa, forman un grupo en el que sueño, que cantan en los días futuros muy bellas canciones cubanas».
La edición incluye una foto de José Lezama Lima tomada en La Habana el mismo año que escribió la carta, y una fotografía de Ileana Bustillo, también, de ese momento. La tirada consta de cien ejemplares firmados y numerados por Ileana Bustillo.

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"La civilización del espectáculo", Mario Vargas Llosa


Mario Vargas Llosa suele decir lo que piensa aunque sus opiniones levanten ampollas, y polémica suscitará sin duda su nuevo ensayo, "La civilización del espectáculo", una dura radiografía de la actualidad en la que critica la banalización de la cultura, la política y el periodismo

En este libro, que Alfaguara publica ahora en España y que paulatinamente se irá distribuyendo en Hispanoamérica, el escritor peruano pronostica la desaparición de la cultura, "en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo", y constata "el eclipse" del intelectual en la sociedad actual.
"El intelectual sólo interesa si sigue el juego de moda y se vuelve un bufón", escribe Vargas Llosa en su nuevo ensayo, un libro valiente y lúcido con el que denuncia la excesiva importancia que se le da al entretenimiento y a la diversión en nuestro mundo.
Querer divertirse "es legítimo", afirma este gran novelista, Premio Nobel de Literatura, pero convertirlo en un valor supremo tiene sus consecuencias: "la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad, y en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo".
Ese afán de diversión influye en la literatura y hace que la que triunfe sea la "light", y tiene también como consecuencia que la crítica literaria, tan necesaria para arrojar luz en el confuso panorama cultural, tenga una influencia cada vez menor.

Los "chefs" y los modistos tienen ahora "el protagonismo que antes tenían los científicos, los compositores y los filósofos", señala Vargas Llosa en su ensayo, el primer libro que escribe después de ganar el Premio Nobel.
En esta cultura "de oropel" imperante, "las estrellas de la televisión y los grandes futbolistas ejercen la influencia que antes tenían los profesores, los pensadores y (antes todavía) los teólogos", añade el autor de novelas tan esenciales como "La casa verde", "Conversación en la Catedral" o "La fiesta del Chivo".

"El desprestigio de la política en nuestros días no conoce fronteras", debido en parte a que "el nivel intelectual, profesional y sin duda también moral de la clase política ha decaído", afirma Vargas Llosa, quien también llama la atención en su libro sobre la escasa influencia que ejercen los intelectuales en la sociedad actual.

El intelectual "se ha esfumado de los debates públicos, por lo menos de los que importan", sostiene el escritor, consciente de que el pensamiento ha ido perdiendo peso en "la civilización del espectáculo" y de que hoy priman "las imágenes sobre las ideas".
El cine, dice en el libro, ya no produce creadores como Bergman, Visconti o Buñuel. Hoy se considera un "ícono" a Woody Allen, "que es, a un David Lean o un Orson Welles, lo que Andy Warhol a Gauguin o Van Gogh en pintura, o un Dario Fo a un Chéjov o un Ibsen en teatro".

En su libro, que el autor presentará el 25 de abril en la Casa de América, de Madrid, se detiene también en las artes plásticas y asegura que, en ellas, "la frivolización ha llegado a extremos alarmantes".
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'Fifty shades of grey', un best seller 'Hot', de la británica E.L. James

La novela erótica 'Fifty shades of grey', la obra que explora la tortuosa relación entre un millonario y una virginal estudiante universitaria, ha encontrado un lugar en millones de dormitorios e inspirado talleres de sexo en EEUU, pero también ha suscitado la censura en varios estados del país
El libro, parte de una trilogía de la autora británica (Erika Leonard) E.L. James, ha vendido más de tres millones de ejemplares desde su publicación en abril y se ha convertido, inesperadamente, en un gran éxito. Su autora es una ex ejecutiva y madre de dos adolescentes quien nunca antes había escrito un libro.

La novela explora la complicada historia de amor entre Christian Grey, un apuesto empresario millonario que arrastra un pesado bagaje de abuso y abandono emocional en su niñez, y Anastasia Steele, una tímida joven universitaria que se entrega, con una mezcla de miedo y curiosidad, a sus placeres más oscuros.

La tienda 'Babeland', en Manhattan (Nueva York), organizó la semana pasada un taller en el que ofreció consejos para poner en práctica lasescenas más eróticas de la novela y los primeros 25 primeros asistentes recibieron objetos como los que usa Christian para seducir a la púdica señorita Steele.

La novela también tiene seguidores en Facebook y una larga lista de espera en las bibliotecas donde no ha sido vetada y hasta el popular programa de comedia 'Saturday night live' le dedicó un espacio recientemente.
E.L. James
Su éxito, sobre todo entre las mujeres -la audiencia a la que está dirigida la saga- se debe a que responde a las más íntimas fantasías de dominación o sumisión de este grupo, según los expertos.
"El libro no aporta ningún elemento distinto en este género, pero está escrito por una mujer común y corriente que permite a otras moverse dentro de la fantasía para explorar su sexualidad. Todo comienza en el cerebro, y esta novela les permite fantasear y alimentar su líbido", dijo la psicóloga Claudia Campos.
"Los hombres piensan en el sexo durante el día, y las mujeres no suelen permitirse eso. Una fantasía de muchas mujeres es el sexo salvaje y en ese punto esta novela toca en la llaga", agregó.
Pero las frecuentes y detalladas escenas sexuales de la pareja -a cualquier hora y en cualquier lugar-, incluyendo actos de sadismo y masoquismo, le han valido la censura en decenas de bibliotecas públicas en Florida, Georgia y Wisconsin, por considerarlo "pornografía".
'Fifty shades of grey' ocupa el primer lugar en la lista de libros del 'New York Times', seguido por los otros dos libros que completan la serie, 'Fifty shades darker' y 'Fifty shades freed'.
Sin embargo, pese a su éxito, la novela es desconocida por el presidente, Barack Obama, según reconoció esta semana en el programa 'The View' de la cadena televisiva ABC.
El presidente respondió a las preguntas de las cinco mujeres famosas que integran esta tertulia matinal, entre las que estaban la actriz Whoopi Goldberg y la veterana periodista Barbara Walters, pero desconocía la respuesta a la pregunta sobre cuál es el libro de mayor ventas en la lista del 'New York Times' desde hace once semanas.
"No lo sé", confesó Obama, provocando sonrisas de complicidad entre la audiencia en el programa. "Le preguntaré a Michelle cuando llegue a casa", dijo.

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Las 'Obras Completas', de Guillermo Cabrera Infante comienzan a publicarse


La obra de Guillermo Cabrera Infante publicada en forma de libro no ocupa ni la mitad de su producción escrita. En  la parte de ficción, porque dejó varios libros inéditos, algunos de los cuales, como 'La Ninfa Inconstante' o 'Cuerpos Divinos', han sido recuperados por Galaxia Gutenberg en los últimos años

En el ámbito ensayístico, porque la gran mayoría de su producción periodística fue publicada en un sinfín de diarios y revistas, pero nunca recogida en un libro. Las 'Obras Completas' que ahora se inician pretenden precisamente llenar ese vacío.

El primero volumen de estas obras recoge la casi totalidad de las críticas cinematográficas que Cabrera Infante publicó bajo el seudónimo de G. Caín. Vertebrado alrededor de uno de sus libros canónicos, 'Un oficio del siglo XX', dos tercios del volumen recogen la integridad de las críticas no recogidas en esa obra y que entre 1954 y 1960 el autor publicó en el semanario Carteles.


Se reúnen también todas las entrevistas que realizó durante esos años, con un elenco de personajes que va de Marlon Brando a Luis Buñuel y, en la última sección, las crónicas y reportajes que fueron objeto de su pluma.

"Nunca me veo como un autor libresco porque entre los libros y la vida siempre he escogido el cine", escribió Cabrera. Este libro permite ahora asistir a la creación del estilo del escritor cubano, y constituye además un destile de anécdotas y vivencias que complacerán a cualquier cinéfilo que se precie.

El director de las 'Obras Completas' de Cabrera Infante, Antoni Munné, ha recalcado este martes que la mitad de su obra "aún no es conocida por el público", y ha admitido que incluso él no ha sido capaz de leer "todo lo que escribió", por ser "inmenso".

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Trilogía americana', tres obras maestras de Philip Roth

Galaxia Gutenberg publica 'Trilogía americana', donde se reúnen tres obras maestras más o menos recientes de Philip Roth

Responden perfectamente al mito de la "gran novela americana", la gran ballena blanca que cada tanto alguien arponea en EEUU. 'Pastoral americana', de 1997, 'Me casé con un comunista', de 1998, y 'La mancha humana', de 2000. Esta última, según muchos, es una de los grandes obras de narrativa del siglo XXI. 'Pastoral americana’, también según muchos 'fans', es la cumbre de Roth, un literato célebre desde los años 60, un hombre por encima del bien y del mal (y del Premio Nobel). 

Los últimos títulos de este novelista, desde 'La mancha...' van seguidos de discusión: "¿La última novela de Roth es de las buenas o como 'Elegía'?". 


Aunque esta trilogía áurea no ofrece discusión. Pertenecen al "ciclo Zuckerman" (nueve relatos), narrados por el 'alter ego' más famoso de Philip Roth. Es Nathan 'Skip' Zuckerman un escritor judío de Newark, de la misma edad que el autor. Escribe "sobre padres e hijos".  Zuckerman y Roth son Mr. Morbo, ese monstruo verde de los informativos de 'Futurama' que pide carne humana.


'Pastoral americana' compone la vida del 'Sueco' Levov, el rey del instituto. En 'Me casé con una comunista', el cotilla Zuckerman indaga en el matrimonio de Ira Ringold. En 'La mancha humana' trata sobre el profesor de una universidad de segunda, Athena, Coleman Silk.

'La mancha humana', en cierto modo, es lo contrario de 'Pastoral...'. Si Levov era el hombre perfecto, ungido por el Tío Sam, feliz y sin aparente interioridad, Coleman Silk es el desarraigo, como Don Draper en 'Mad Men'. Es la lucha por el individualismo y la ruptura con las raíces. Zuckerman arranca este "campus fiction" con el escándalo Lewinsky ("el éxtasis de la mojigatería"), época en que conoció a Silk, entonces ex decano de Athena. Justo antes de su expulsión por un comentario racista, el tiempo en que el provecto Silk, con más de 70 y botes de Viagra, se enrolla con una dependienta treintañera llamada Faunia. Zuckerman descubre (¡hasta el mínimo detalle!) que el anciano proviene de una familia de negros.

Para desprenderse se hizo pasar por blanco judío (nace casi blanco de piel). Ahí su gran secreto, su mancha. Como Levov, Silk conoció la II Guerra Mundial, tiempos del 'jitterbug'. Se alistó como blanco (y a la vuelta, se despidió para siempre de su madre) . No se salva nadie. Pero es un sufrimiento con label de calidad.

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El cementerio de Praga', de Umberto Eco
El escritor y catedrático piamontés advierte en una entrevista del riesgo de contagio "del populismo de Berlusconi", en un momento en el que los países occidentales "se están aproximando a una grave crisis de la democracia representativa".

Umberto Eco (Alessandria, 1932) ha viajado a Madrid para presentar "El cementerio de Praga" (Lumen), una novela que protagoniza el capitán Simonini, un falsificador que vive en el París de finales del siglo XIX y que vende al mejor postor sus habilidades difamatorias y su capacidad para construir intrigas y complots.

"Simonini está aún entre nosotros. Piense en las revelaciones de Wikileaks, en los documentos falsos sobre las armas de destrucción masiva en Irak, que han servido para crear una guerra sobre la base de falsificaciones", afirma el autor.

En su opinión, "enfermedades sociales" como la que sufre Italia en la actualidad "no tienen un cura inmediata" y recuerda que "el apoyo" que los italianos dieron en su día al fascismo tuvo una "cura" traumática: "una guerra mundial con varios millones de muertos".

Eco -Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2000- asegura que en Italia existe "una visión muy optimista de España" que no ha cambiado tras la crisis económica.

"El cementerio de Praga", que encabeza ya las listas de libros más vendidos de varios países, se ha publicado treinta años después de "El nombre de la rosa", el debut como novelista de Eco y uno de los mayores fenómenos literarios de las últimas décadas.

NOVELAS:
• El nombre de la rosa (1980) - Novela de misterio ambientada en la Edad Media.
 El péndulo de Foucault (1988) - Novela de complot, esoterismo y magia ambientada en la actualidad.
• La isla de antes (1994) - Historia de un noble del siglo XVII que naufraga en la línea de cambio de fecha.
 Baudolino(2000) - Historia de un joven labriego del Piamonte adoptado por el emperador Federico I Barbarroja y de sus increíbles aventuras.
 La misteriosa llama de la Reina Loana (2004) - Esta novela esta dominada por la niebla. En la niebla se despierta Yambo, después de sufrir un incidente que le hace perder la memoria. Acompañándole en la lenta recuperación, su mujer le convence de volver a la casa de campo donde se conservan los libros que leyó de niño, los cuadernos de escuela y los discos que escuchaba entonces.
 El cementerio de Praga (2010), historia de espías y conspiradores cuyo argumento gira en torno a un falsificador de monedas contratado por servicios secretos de varios países europeos.

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«Mujercitas» (y primera secuela, «Aquellas mujercitas»), de Louisa May Alcott


Después de haber publicado en octubre «20.000 leguas de viaje submarino», la extraordinaria novela de Julio Verne, la Editorial Molino, publica ahora «Mujercitas» (junto con su primera secuela, «Aquellas mujercitas»), de Louisa May Alcott


Una novela con la que el paso del tiempo quizá haya sido algo cruel, pero que en el momento de su publicación, 1868, presentaba algunos rasgos, sobre todo en el personaje de Jo, bastante rompedores y cercanos al feminismo, al que la propia Louisa May Alcott no era para nada ajena.

Jo (June Allyson en la inolvidable película de Mervin LeRoy) se corta el pelo, su tesoro más preciado, para pagarle el viaje a su madre para que pueda visitar a su esposo herido en le Guerra de Secesión; Jo es contestona; Jo no se casa con el amigo Laurie, el preferido de la familia; Jo quiere ser escritora.

Como recuerda Cristina Fernández Cubas en el prólogo: «Hace algunos años, en cierta mesa redonda nos preguntaron por nuestras lecturas de infancia. Citamos a Verne, a Stevenson, a Salgari... y yo, sin sospechar a lo que me exponía, incluí el nombre de Louisa May Alcott. No sé de otra lectura que, como "Mujercitas”, haya producido tantas identificaciones, preferencias y tomas de partido. En las familias con varias hermanas sobre todo, y con una clara ventaja a favor de Jo. Todas quisimos ser Jo. O, por lo menos, la admirábamos. Y Jo —aquí está el dato que ahora me interesa— había decidido ser escritora. Jo March (no le gustaba que la llamasen Josephine) fue sin lugar a dudas, la primera autora de mi vida, la primera “novelista de papel” o, si se quiere, el primer personaje “escritora” del que conservo vivo el recuerdo».

Louise M. Alcott a los veinte años.

El recuerdo de aquellos tiempos anteriores al imperio de la imagen, cuando la imaginación y los libros nos hacían volar dentro de un mundo diferente.
Para muchos los libros de Louise M. Alcott, desde 'Mujercitas' hasta 'Hombrecitos' continúan siendo un tesoro de nuestra memoria.

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Autobiografía de Mark Twain, cien años para ser publicada

La Universidad de California finalmente publica la autobiografía que Mark Twain quiso mantener en secreto


Puede considerarse como uno de los más brillantes montajes en la historia del marketing. A la altura de Facebook. pero con el mérito de cien años de premeditación. Ya que el bestseller más anticipado en la nueva temporada cultural de Estados Unidos la autobiografía de Mark Twain (1835-1910) llega finalmente a las librerías tanto analógicas como digitales con fuerza de bestseller después de una moratoria de un siglo impuesta por el icónico autor americano para no tener que morderse la lengua al escribir sus recuerdos con estilo de bloguero.

Tras seis años de meticuloso trabajo de edición a partir de cuatro archivadores repletos de papeles, un grupo de académicos y la editorial de la Universidad de California han sacado estos días la primera entrega de 760 páginas, con el compromiso de publicar otros dos volúmenes adicionales en el plazo de cinco años. Además de colgar en Internet todo ese material enciclopédico, del que al menos la mitad es totalmente inédito.

Durante los últimos cuarenta años de su vida, el autor de Las aventuras de Huckleberry Finn, obra que Ernest Hemingway calificó como la fuente de toda la literatura moderna de Estados Unidos, se dedicó a contar sus propias aventuras pero sin grandes progresos.




Hasta que en 1904 se le ocurrió un método a su juicio perfecto: Comenzar sin empeñarse en un momento particular y deambular con libre albedrío por toda tu vida. El resultado es un torrente de conciencia, la madre de todos los monólogos interiores o, tal y como lo definió el propio autor, un revoltijo completo y deliberado. Con amplias oportunidades para que el consagrado escritor y viajero impenitente se reinvente una vez más, recuente su transformación de Samuel Langhorne Clemens a Mark Twain, acribille a sus contemporáneos y comente con su obligada insolencia sobre la actualidad del momento y las limitaciones de la condición humana.

A juicio de Harriet Elinor, editora principal del primer volumen, sin entrar en sus méritos literarios, la esperada autobiografía es una obra gratificante y algo realmente diferente.

El proyecto también ha sido un colosal rompecabezas para poder dar sentido y ordenar las más de 2.500 páginas dejadas por Mark Twain en forma de diarios, cartas, bocetos de personajes, ensayos, reflexiones y falsos comienzos. Aunque buena parte de ese material autobiográfico fue redactado entre 1906 y 1909. Durante ese periodo, sin salir de su cama por las mañanas, el escritor se dedicaba a dictar a una de sus secretarias, Miss Hobby. A veces inspirado por algo que acaba de leer en los periódicos del día, Twain también anotaba y corregía esos textos mecanografiados que consideraba mucho más cándidos y menos literarios que todo lo que él mismo era capaz de escribir de su puño y letra. Pero toda esa rutina creativa terminó con la muerte de su hija pequeña, Jean Clemens, cuatro meses antes de su propio punto y final el 21 de abril de 1910.

Según sus instrucciones, este libro no es un acta de venganza y la divulgación de sus contenidos debía ser escalonada. Una táctica de gradualismo editorial, que además de permitir rentabilizar en el tiempo derechos de autor, permitiría llegar, según Mark Twain, hasta un momento en el que toda su autobiografía pudiera salir a la luz sin necesidad de ser expurgada. Un plan que finalmente ha podido cumplirse a los cien años de muerte, a pesar de sus ganas de reservar algunas porciones durante cinco siglos.

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Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa



Vargas Llosa siempre ha querido imitar a sus maestros decimonónicos, a esos para quienes la novela necesita un gran número de páginas y no textos anémicos (hoy tan frecuentes).
Pero Vargas Llosa también ha querido aplicar con gran vanguardismo los cambios narrativos del siglo XX, por ejemplo, en el uso del punto de vista, fragmentario, parcial. Ha sabido, pues, mostrarnos la perspectiva cambiante, de los distintos narradores que habitan en la novela y que miran el mundo de modo distinto.

Ya no es posible contar las cosas al modo de Dios, ya no es posible narrar a la manera de un observador omnisciente que, como en Victor Hugo (La tentación de lo imposible, 2004), lo sabe todo de todos sus personajes.

Para algunos críticos la Niña Mala de las Travesuras... evoca a Emma Bovary, quizá a una Emma Bovary de nuestro tiempo, sin las mojigaterías burguesas del Ochocientos.
¿Es así? Vargas Llosa se muestra potente y vigoroso con esta novela, tanto que en ciertos pasajes y en determinados momentos nos recuerda al autor que empezara en 1963, con La ciudad y los perros, recuerda al autor de Conversación en La Catedral (1969) recuerda al autor de La Tía Julia el escribidor(1977).

Esas ficciones autobiográficas le sirvieron a Vargas Llosa para recrear de otro modo y con otros materiales lo que era propiamente una experiencia personal.

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"Memorias de un guerrillero cubano desconocido", un libro de penetrante humor
El hijo del comandante Almeida relata en un libro la descomposición de la élite cubana


"Memorias de un guerrillero cubano desconocido" es el título de este libro cuya portada reproduce una foto de Juan Juan Almeida a la edad de 5 años sosteniendo un fusil de asalto, vestido de militar y acompañado por el actual presidente de Cuba, Raúl Castro, el cual se apoya en la vitrina de una maqueta del "Granma", yate en el que desembarcó Fidel Castro para hacer su revolución.

Es más: mientras Fidel Castro, en 1965, daba el discurso del IX aniversario del desembarco del "Granma", alguien le pasó un papelito, el Comandante en Jefe lo leyó y desde su tribuna de la Plaza de la Revolución anunció que acababa de nacer el hijo del comandante Almeida, o sea el autor de estas "Memorias".

Acusado de espionaje y de haber ayudado a escapar de la isla a cubanos durante el periodo en el que trabajó en México, acusaciones por las que nunca ha sido procesado, Almeida fue detenido cuando, el pasado 6 de mayo del 2009, trató de salir ilegalmente de Cuba por la zona oriental para reunirse con su familia en Estados Unidos y tratarse el reúma degenerativo que padece.


Juan Juan Almeida con su esposa ya en Miami

Pese al dramatismo de la situación, Almeida ha optado por la ironía para escribir sus memorias, baste la alusión al anuncio de su nacimiento por parte de Castro: "si el advenimiento del niño Jesús en aquel pesebre de Judea hubo de ser precedido por el lucero azul; el mío, allá en el Hospital Naval de las afueras La Habana, fue anunciado por nuestro padre Fidel. Inequívoca señal divina."

O como la frase que acuña en estas páginas para referirse a la situación política latinoamericana: "Sólo manejan el arte de vivir aquellos que hablan como los de izquierda, piensan como los del centro y viven como los de derecha".

Almeida evoca su educación elitista y cuenta que su madre contrató una especie de institutriz a la que debía llamar "señorita Julieta Mier" que, según estas memorias, "además de música nos enseñaría a sentarnos, a vestirnos, y a conversar despacio sin decir el improperio 'compañero".

La tal "señorita Mier" enseñó piano a las hermanas de Juan Juan, pero no a él porque, como advierte en su libro, los revolucionarios consideraban que "los varones que tocaban ese instrumento terminaban pajaritos".

De ir de cacería en helicóptero cuando era poco más que un niño ha pasado a manifestarse en solitario, hace apenas dos semanas, en la misma Plaza de la Revolución en la que Fidel anunció su nacimiento, pidiendo que le dejen salir del país, por lo que ha sido nuevamente detenido.

De ahí que el editor de estas memorias, Abelardo Linares, sostenga que el verdadero heroísmo de Juan Juan es "el de sobrevivir y el de haberse atrevido a contar, con humor admirable, su verídica y personal historia", desde su "niñez asombrosa y feliz" a "su expulsión del paraíso y el descenso a los infiernos de todo el que en la isla entra en conflicto con su poderosísima maquinaria de poder".

A pesar de su situación actual, el autor prefiere el humor al patetismo o la épica, como demuestra al final del libro: "Pensaba terminar con la palabra 'Libertad' pero eso está muy gastado. Luego me vino a la mente 'La histeria me absolverá'; pero esta frase, como muchos sabemos, me podría causar problemas."

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FRAGMENTO

PRIMERA MISIÓN SECRETA

Pasó algún tiempo hasta que yo volviera a jugar a los partisanos, pero con tanta repetición en los matutinos escolares volví a convencerme de que yo quería ser como el Che y que una simple retirada de cobardía, provocada por el instinto de conservación, no disminuye a ningún héroe, como demuestra nuestra historia reciente.

Mi carrera de guerrillero, como la de algunos otros amiguitos, fue muy bien guardada. Un buen día, cuando aún no había entrado en la adolescencia, alguien me rumoró al oído que Velasco Alvarado, el presidente de Perú, me había invitado a visitar su país. Lo primero que pensé fue que el tal Velasco se estaba volviendo loco porque sólo a un demente se le puede ocurrir invitar a un niño que no conoce; bastantes niños peruanos habría para invitar en Perú y seguramente mejor educados. Después supe que la invitación no era para mí, que yo iba colado pero como el tema era de viaje me preparé con urgencia porque a ciencia cierta, mis ideales, confundidos como los de muchos cubanos, estaban más cerca de Marco Polo que del Che Guevara.

No me gustó de tan impresionante aventura su carácter secreto, tenía que ser en silencio por mantener la sencillez de un guerrillero. Claro que terminé violando las reglas clandestinas porque me encanta el chisme y porque considero ridículo viajar sin presumir. Creo que a partir de ese momento comencé a diferenciarme de los llamados «modestos».

Viajamos varios amiguitos revolucionarios y un escolta, pero mantendré sus nombres alejados de tan importantes intentos parranderos para evitar problemas. El vuelo fue fascinante, más sabiendo que viajar era un derecho exclusivo de los hombres libres, los confiables. Los llamados gusanos, los que habían partido a Miami, esos no viajaban, se largaban por cobardes. Yo había montado aviones para viajar a Santiago de Cuba, pero nunca un avión tan grande. Estaba tan impresionado que hasta el traje y la corbata me parecían cómodos. Me comporté como mi madre ordenó: calladito y obediente durante toda la turisguerrilla.
En aquel entonces yo pensaba que viajar a otros países era como visitar otro mundo con cosas totalmente diferentes, que la gente vivía en cuevas o en naves espaciales, que volaban o flotaban como en mis sueños. Pero no, al abrirse la puerta de la nave se me apareció una ciudad cualquiera. Lima era como La Habana cuando el cielo está nublado, y todo el tiempo caía una especie de llovizna que no mojaba ni molestaba. La gente hablaba mi idioma, aunque con un ritmo bastante diferente y usaban un «pues» que simpáticamente me salía hasta en la sopa. Pero los colores, pues, sí que eran novedosos.

Según nos paseaban, la ciudad me iba atrapando, contándome aquellos enigmáticos secretos que fácilmente envuelven la imaginación de cualquier niño: un montón de gente, nuevos sabores que se movían desde la pachamanca al ceviche pasando por un dulce que sabía como a jabón de lavar, el casco histórico, un enorme fuerte a la orilla del mar, testimoniales museos de arqueología, la pesca en clavado de los pelícanos, y todo eso, envuelto en el fantasmagórico temor de estar constantemente acechado por un terremoto, hicieron de mi viaje algo fascinante.
Mi primer encuentro con el capitalismo fue con el chicle Adam’s, los caramelos «Halls», las jugueterías, el tobogán del parque de diversiones, el tren del terror, la casa de los espejos, los comerciales de televisión y los muñequitos de Popeye el marino. En mi Cuba infantil no existía nada de eso, los chicles estaban prohibidos, el tiovivo del parque Acapulco permanecía roto desde que se inauguró, en la casa de los espejos del extinto Coney Island sólo se perdían el detergente y el agua, y de los muñequitos ni hablar porque Mashenka andaba jodiendo con su oso, Elpidio Valdés se la pasaba peleando con los españoles, y Matojo, que era mi preferido, me aburría con su voz de vieja enamorada. En aquel entonces, qué ídolo de historietas iba a superar a Fidel Castro.

Nos quedamos en un hermoso vecindario, en una hermosa casa con un hermoso jardín, tras un hermoso muro y con un hermoso perro gran danés que llevaba por nombre Rocco. Rodeados de tanta hermosura comenzaron a aparecer las cosas desagradables: no se podía salir a jugar pelota en la acera porque en Lima raptan a los niños, no podíamos decir en público que éramos cubanos porque la prensa nos acecharía, no podíamos acercarnos a la puerta de la calle porque la CIA nos podía matar, y no podíamos invitar a nadie a la casa por temor a no recuerdo qué. De todas las restricciones sólo la última molestaba porque me pasaba las mañanas en la ventana vigilando a una niña que transitaba a diario con una mochila de cuero negra.

Nunca supe si iba para la escuela, pero era poco probable porque no usaba pañoleta. Varias veces me pregunté si mi desconocida amiga sería pobre o Testigo de Jehová, ya que los Testigos de Jehová eran los únicos que no usaban tan honorífica insignia pioneril porque, según me enseñaron, estaban confundidos o eran contrarrevolucionarios, y los pobres porque, fuera de mi país, la educación no es gratis y los niños nacen burros. Pero, burra o contrarrevolucionaria, me hubiese gustado conocerla, cargar su mochila y conversar con ella. Es más, creo que fue mi primer amor platónico.

Pasaron unos días hasta que llegó el momento de conocer a nuestro invitador. Nos condujo al encuentro uno de sus hijos que curiosamente romanceaba con una rubita cubana. No es que se comentara mucho, lo recuerdo porque a los cubanos nos encanta el comadreo. El muchacho presumió con elegancia su auto y su manera de conducir al estilo Fórmula Uno, recorrimos una gran distancia por una autopista gigante y como dos peajes. Si el Alvarado junior me hubiese sobornado con un par de chicles Adam’s, le hubiese contado que mi compatriota hembra estaba derretida por sus adornos y sus encantos de varón.

La reunión entre guerrilleros estuvo muy interesante, una casa de campeonato, una comida de cine y una piscina de lujo que no pude disfrutar porque había un perro manchado que me espantaba y aunque alguien gritó: «No se preocupen que no hace nada», hiciera o no, le tengo miedo a los perros y decidí no mostrar mis dotes de nadador.

En pocas palabras: el presidente estuvo como todo un presidente. Una conversación trivial en la que yo sonreí sin abrir la boca, el señor mandatario pensaría que entre sus invitados había un muchachito imbécil, pero preferí callar por miedo al papelazo y por no parecer lo egocéntrico que soy, sobresalir era peligroso y un solo error me podía poner de patitas en La Habana. Pero eso no se lo conté a mi madre, que días antes de salir de Cuba, me había hecho leer un libro sobre las famosas líneas de Nazca y las culturas precolombinas. A ella le hacía ilusión pensar que tenía un hijo culto que podría hablar tendido sobre Illapa, Inti o Viracocha, las deidades Incas que representan la luna, el sol y el Dios creador. Se comentó sobre la sencillez, la modestia y la humildad de la revolución cubana hasta que por fin se enfocaron en las rutas, el presupuesto y los preparativos de nuestra expedición. No recuerdo si fue allí o después cuando se entregaron un fusil AKM de fabricación polaca, una subametralladora israelita UZI, un fusil 2,2 con mira telescópica, mochilas, gorras y un montón de cosas que se repartieron según el nivel de responsabilidad de sus futuros portadores. Quiero imaginar que fue allí porque haber entrado a un país extranjero, cargando con todo ese arsenal, sería un acto verdaderamente irresponsable y violatorio del derecho internacional. Pero no importa, algo sí me quedó claro: sólo manejan el arte de vivir aquellos que hablan como los de izquierda, piensan como los del centro y viven como los de derecha.
Unos días después de la importante reunión comenzamos una expedición a la que alguien se empeñó en llamar con el ridiculísimo y sarcástico nombre de «Pioneros por el Amazonas». Parecería que el autor de tan insulsa frase no sabía que los niños cubanos no pueden salir de Cuba, ni siquiera acompañados de sus padres, a no ser en salida definitiva del suelo patrio, o en contadísimas delegaciones culturales o deportivas, pero era lógico y no lo voy a juzgar por eso, los políticos cubanos nunca saben nada o se hacen los que no saben.

El Cuzco es un alarde de energía, un derroche de culturas. Y la ciudad, con sus calles adoquinadas, el colorido vestuario de sus habitantes, y sus paredes de piedra, lo convertían en un lugar de sueños. Montar el tren fue una experiencia única y Machu Picchu fue el colofón porque su altura me provocó un soroche que me dejó como imaginé que quedaban las víctimas que los Incas ofrendaban con maíz y hoja de coca en sus fiestas a Inti Raymi.

Hubo algo que a los demás les encantó: dar de comer a las llamas. Es cierto que son animales inofensivos pero me provocaban cierto miedo porque yo las veía como un cuadrúpedo extraño perdido entre el caballo, la oveja, el conejo, y hasta se me parecían a aquel dromedario sucio y flaco que subsistía en el zoológico habanero comiendo caramelos «rompequijá».

Otro lugar inolvidable fue el desierto. Al menos yo nunca había visto tanta arena junta, mucha más que en cualquier playa, y se me hacía poderosamente curioso caminar y ver que unos segundos después el aire borraba todas mis huellas.
Después de esta experiencia nuestro grupo voló hacia Iquitos, otrora puerto importante cuando la fiebre del caucho. De allí salimos para el Amazonas donde tomaríamos una lancha para navegar por el caudaloso río hasta adentrarnos en la selva. No había puesto un pie en la embarcación cuando alguien jocosamente llamó nuestra atención sobre una mujer que lavaba su ropa en el afluente. Casi muero de estupor al ver que aquella «compañera» llevaba sus senos al aire y estos se movían con total libertad al ritmo de su oficio lavandero como si fueran los columpios de casa de mi abuela. Hasta ese momento yo sólo había visto las teticas de mis hermanas, insignificantes al lado de aquellas cosotas bailoteantes, por lo que no pude evitar fijarme sin querer hacerlo y por más que tratara de mirar hacia el firmamento azul de los poetas, mis ojos me traicionaban y corrían despavoridos a clavarse en los oscuros pezones de aquella exageración femenina. Pienso que aquella experiencia despertó mi afición por la pornografía. Ante tamaño sobresalto, la cámara de filmar, que era toda mi responsabilidad, cayó del bote al agua. Por suerte tuvo rápido arreglo y no pasaron males peores.

Nuestro capitán de fragata nos dio un largo paseo hasta un enclave turístico en el medio de la selva. Un hotel de construcción rústica pero inmejorable que me hacía recordar los chalets de las cacerías en Cuba, había hasta un tucán amaestrado y creo haber pensado que si la cosa era así, me encantaría la selva. Pescamos y comimos pirañas, vimos las anguilas y al rato nos fuimos a dormir.
Al otro día la cosa empezó a complicarse, salimos en canoas largas pero muy estrechas; si aquello se viraba, la familia de las pirañas que habíamos pescado la tarde anterior se desquitarían dándose tremendo atracón de carne cubana y en especial de la mía porque de seguro tengo la fibra muy bien condimentada por el exquisito arroz con pollo a la chorrera que mi mami preparaba los domingos.
Por fin, después de mucho rato de sufrir en silencio, llegamos a la orilla. Podría decir que desembarcamos cargados de ilusiones al estilo de Colón; pero en mi caso fue un naufragio. Aterricé de nalgas por no tocar el agua repleta de pirañas, anguilas y nutrias que son unos bichos espantosos parecidos a las ratas. Caminamos adentrándonos con dificultad por la tupida amazonía peruana en busca de asentamientos indígenas, yo me caía constantemente porque no miraba para el suelo y siempre estaba esperando el repentino ataque de jaguares, monos, serpientes u oficiales de la CIA.

A esas alturas echaba de menos la seguridad del hotel de paso y no quería estar en ese oscuro lugar donde nada se me había perdido. Mientras nos acercábamos al corazón de la selva, nuestro guía, para darle sabor al momento, nos decía que seríamos las primeras personas del mundo «civilizado» en tener contacto con los indígenas. El encuentro fue amigable, tuvimos un intercambio de regalos como muestra de afecto: trajes, plumas, flechas, arcos, cerbatanas, espejitos y otras cosas. Me sentí tan emocionado como pienso que se sienten los extranjeros que visitan mi país en busca de jineteras.

En una demostración de precisión los indígenas lanzaron sus dardos venenosos con enormes cerbatanas; y nosotros contestamos el gesto derrochando ráfagas de UZI y AKM. Nuestra sola presencia los hacía más humildes y salvo alguna risilla nerviosa por tanta pechuga desnuda de las indias, casi me echo a llorar por el dolor que provocaba en mí la sensibilidad hacia los aborígenes.
Nuestra experiencia colonizadora iba perfecta hasta que vimos escondidas en una esquina un montón de latas de cerveza y una radio grabadora. Es más, a los farsantes indios les gustaba más el chicle que a mí y esto desinfló mi globo de respeto, de fantasía y de inocencia. De algo tienen que vivir pero aquel show en el medio de la selva me decepcionó bastante. Yo estaba lleno de lodo de los pies a la cabeza y mantenía una imagen grotesca, me parecía a Robinsón Crusoe después del paludismo. Había recorrido medio mundo para que aquellos tipos sin dientes se burlaran de mi candor. Me disculpan los filántropos y los ecologistas pero yo me quedo con los estafadores del cemento; por eso entiendo a la jinetera que le roba a su cliente que se cree Diego Velázquez. A la selva no vuelvo más.

A nuestro regreso a La Habana nuestra guerrilla fue recibida con honores por haber puesto en alto el nombre de los pioneros. Por mi tremenda inmadurez política de entonces y de hoy, no entendí mucho; pero lo de guerrillero errante me gustó.

Pasó tiempo hasta que volviera a sentirme pasajero de un vuelo internacional. A los doce años de edad otra misión importante sonaba deliciosamente en mis oídos al brindarme la posibilidad y el honor de llevar nuestro estandarte, esta vez hasta México. Otro pasaporte, otras fotos, otras vacunas. No me gustan las jeringuillas, pero con tal de viajar soporto hasta violaciones. Me encantan los preparativos de un viaje, comprar ropa nueva, e ir al sastre, los planes para el visiteo y todo eso. Ya sabrá usted que cuando uno viaja, la gente le sugiere lugares, comidas, lecturas, etc. Yo me había comprado hasta una bolsita para los chicles porque ya había averiguado sobre la existencia de ese vicio capitalista pero nada, intento fallido. Una vieja indecente frustró mi viaje al país de los aztecas por entender que sus hijos tenían más condiciones que yó. Me tuve que quedar como se quedan las novias de telenovela ves- tidas y en la Iglesia. Bueno, en la iglesia no, porque las creencias religiosas entonces también estaban prohibidas. Mi único consuelo fue escuchar las historias de mis amiguitos que fueron, ver las fotos y agradecer regalitos baratos.

Dicen muchos dentistas que el chicle es dañino pará la dentadura; pero tengo que reconocer la pena que sentí al dejar a mis amiguitos con todos sus dientes sanos por no haber probado la toneladas de chicle que prometí traerles.

Juan Juan Almeida
La Habana

*Memorias de un guerrillero cubano desconocido,
Ediciones Espuela de Plata, Sevilla, 2009, pp. 10-18.

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'Mi amigo Stieg Larsson', por Kurdo Baksi

El periodista Kurdo Baksi descubre en el libro 'Mi amigo Stieg Larsson' cómo este escritor se convierte en uno de los autores más leídos del mundo

Baksi dice que o la viuda de Larsson retira su libro o no habrá cuarto libro de "Millenium". La familia de Stieg Larsson tiene miedo de lo que la viuda del autor de la trilogía que ya ha vendido 30 millones de ejemplares en el mundo pueda contar en sus memorias, por eso, si no las retira, impedirá que se publique el remate de "Millenium", anunció hoy en Madrid Kurdo Baksi.

Baksi presentó en España el libro "Mi amigo Stieg Larsson", escrito con los recuerdos de los 12 años que trabajaron juntos, "un libro de amistad, sin especulaciones", señaló.

"Desde ayer", explicó Baksi, el conflicto "emocional y económico" entre el padre y el hermano de Larsson y su compañera durante 32 años, Eva Gabrielsson, ha entrado en una nueva dinámica.

El 'amigo' de Larsson, muy criticado, entre otros, por la propia Gabrielsson, debido a algunos pasaje de su libro, sostiene que a la guerra por la herencia (la ley sueca sólo protege el derecho de los matrimonios) ahora se le ha sumado "otro conflicto: entre las 200 páginas que Eva guarda en su casa del cuarto manuscrito de "Millenium" y su propio texto.

"Si Eva publica en noviembre (sus vivencias con Larsson) habrá muchos problemas. La familia tiene miedo de lo que ella cuente y, si al final sale, no autorizarán que haya un cuarto 'Millenium', subrayó Baksi.

El autor no se recató en decir que, a pesar de que la familia "da" a la viuda "dos millones de euros" ella "quiere todos los euros", pero se mostró confiado en que habrá "acuerdo".

"Mi amigo Stieg Larsson", según Baksi, será el único libro que haya "en mucho tiempo" sobre la vida del escritor, fallecido de un infarto en 2004, a los 50 años, sin que viera publicada la trilogía "Milenium".

Las duras críticas que hace Gabrielsson a su libro son porque ella no lo ha leído sino su abogado, pero si lo lee "cambiará su opinión" y le "mandará flores", afirmó ufano, aunque lo cierto es que sus comentarios "en blanco y negro" sobre Larsson, del que cuenta que asistió con 15 años a la violación de una adolescente y que no fue capaz de reaccionar, son a veces poco amistosos. Algunos opinan que con amigos como Baksi, no se necesitan enemigos.

Le achaca a Larsson: Falta de ética o imparcialidad en su trabajo para la agencia de noticias TT; de escrúpulos por mandar a un chico de 17 años a que se infiltrara en un grupo neonazi; o de coherencia en la práctica de su lucha feminista son algunas de las "sombras", aunque también sostiene que su compromiso, su lucha contra el racismo, la pobreza y la desigualdad y su olfato periodístico no tienen parangón.

Baksi, que explica que su papel en el libro ha sido "el de cámara que registra los últimos 12 años de su vida sin pensar quién puede enfadarse por ello".

Baksi nació en 1965 en la ciudad de Batman, en el Kurdistán turco, y emigró como refugiado a Suecia en 1980 junto a su familia. En 1987 fundó la revista antirracista 'Svartvitt' que durante cinco años colaboró con 'Expo', la revista de Larsson, y la ayudó a sobrevivir. En enero de 2000 recibió el Premio Olof Palme.





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"EL SILENCIO DE LOS 12": EL TEATRO DE LOS HORRORES                             

Reseña de Francisco Martínez Bouza



El silencio de los 12
Ismael Lorenzo
Editorial Create Space (Amazon), Charleston (USA), 2014, 172 páginas.

La lectura de este libro que, en una nueva edición ampliada y revisada acaba de ver la luz, no dejará indiferente a ningún lector. Y a muchos otros nos confirmará en nuestra convicción de la condición depredadora del ser humano.
Siempre se nos ha hablado de una antropología que solo ve el homo sapiens, ocultándosenos que bajo el emoliente y tranquilizador concepto de sapiens, se esconde en la especie humana la desmesura, la inestabilidad, el desorden, la violencia y en grado tal que con Edgar Morin, nos debemos sentir compelidos a ver al homo sapiens como homo demens, como homo praedator. La verdad humana arrastra consigo el desorden, el error, la violencia, la compulsión, no por supuesto instintiva, a cometer atrocidades, que tienen en las violaciones una de sus más crudas, sangrantes y generalizadas manifestaciones.
La violación, se nos dice por activa y pasiva, es un arma de guerra. Guerras donde el cuerpo de la mujer es un campo de beligerancia. Y este libro es un elenco y nómina de esa irrupción y manifestación de la ubris (desmesura) en forma de atrocidades violadoras en la especie de los homínidos con cerebro grande. Una relación absolutamente verídica porque la escuchamos en la voz de las víctimas.
El escritor de origen cubano, Ismael Lorenzo, fundador y actual director de “Creatividad Internacional”, una red de literatura y cine muy popular, se confiesa únicamente coautor de este libro. Amanuense en su primera parte, “Líbano” que se la atribuye a una voz anónima, M.A. que traslada a la escritura, con inmenso poder descriptivo, gran valentía y fuerza expresiva, una historia aterradora, su propia historia de víctima de una violación por cuatro Marines americanos en una taberna libanesa, en diciembre de 1997. Sus palabras, transcritas por Ismael Lorenzo, nos permiten palpar su dolor de niña ultrajada, secuestrada, esclavizada durante un año y finalmente vendida a un burdel. Sus padres asesinados al intentar defenderla, dos abortos forzados con doce y trece años. Un relato escalofriante, capaz de helar la sangre. Un ser humano convertido en objeto. Y como imposible contrapunto, los sueños de esa niña, ahora convertida en mujer: sus ilusiones de un sexo consentido, placentero, impregnado, sí, de erotismo con el hombre amado al que hubiera querido entregar su virginidad.
El teatro de las depravaciones y horrores continúa en la segunda parte: “Una Historia Que No Tiene Fin”, de la autoría ya exclusiva de Ismael Lorenzo, aunque siguen siendo las víctimas las que hablan. Otros cuatro soldados estadounidenses jugando a los naipes y bebiendo whisky que por puro capricho deciden ir a una casa iraquí, violar a una mujer y matar a la familia, protegidos además por un estatuto de inmunidad; la quinceañera violada repetidamente por su padrastro y posteriormente prostituida; jóvenes estudiantes de La Sorbona bárbaramente violadas por sus profesores; mujeres soldado americanas impunemente violadas en territorio pacífico por sus mandos o compañeros; el drama de una niña abusada sexualmente, víctima del chantaje a través de redes sociales: un perverso juego de corrupción que precipita a la niña en un verdadero infierno; la ingente cantidad de niñas y niños víctimas de abusos sexuales por parte de curas católicos; la mujer tunecina violada por varios policías e inculpada por ofender al pudor.
La relación, la secuencia de casos a cada cual más escalofriante y aterrador, continúa en otras muchas historias de víctimas convertidas en culpables. Historias reales, relatos vivenciales que dan forma y contenido a un libro cruel, narrativa testimonial no apta para todos los lectores. Víctimas que confiaron en Ismael Lorenzo para exponer y hacer visibles sus historias, su dolor y el silencio con el que se encubre este tipo de delitos.
Y el autor los transcribe con las palabras de las víctimas, sin eufemismos y con un lenguaje que muchas veces sonaría a pornografía si no reflejara una realidad cotidiana de crueles vejaciones. Una historia que no tiene fin como rotula el autor la segunda parte de su libro, porque el silencio fue, es y será siendo el mejor amigo de los violadores. Libros-denuncia como éste, a pesar de algunos errores de impresión y el lenguaje espontáneo y algunas veces incorrecto de las víctimas, son necesarios para que la impunidad deje de ser el refugio en el que se esconden los depredadores.
Francisco Martínez Bouzas
Fragmentos
A la taberna llegaron unos Marines americanos, sudados y prepotentes, llenos de sudor, mi padre estaba en el mostrador, le preguntaron por mujeres, que querían mujeres, mi padre les dijo que allí no había mujeres, pero sin querer en ese momento tosí, estaba donde mis padres me habían escondido, debajo del mostrador, me descubrieron allí, y apartando a mi padre de un empujón, me sacaron afuera a la fuerza. Eran cuatro soldados, uno negro y tres blancos. Me tocaban las trenzas y después los pechos pequeños, yo quería escapar y gritaba, pero me sujetaban fuerte. Mi padre salió del mostrador y quiso ayudarme, mi madre estaba adentro de la cocina y también salió, pero el soldado negro me puso en sus hombros y empezó a subir las escaleras, mis padres corrieron detrás de mi para ayudarme, pero les dieron un tiro a cada uno y cayeron al momento. El soldado que subía conmigo me metió las manos entre mis piernas mientras subíamos, me dio mucha vergüenza, el gemía cuando me hacía eso (…) Entonces el soldado negro me colocó sobre la cama y me levantó mi falda, recuerdo que me sentí muy mal y quise escapar, pero los otros me sujetaron fuerte. Me quitó las bragas y me estuvo chupando mucho tiempo, yo gritaba porque me sentía mal de que me hicieran todo eso, ya que no sabía nada de sexo. Otro soldado me abrió la camisa y estuvo tocando y chupando mis pechos y algo que me resultó terrible fue cuando, teniendo la boca abierta de gritar y llorar, uno de ellos me metió su polla en la boca y la movía para arriba y para abajo (…) Me desnudaron completamente y el soldado negro me hincó su polla a lo bestia y me hizo mucho daño…”
…..........................
“Al terminar el profesor le abrió su blusa y se puso a chuparle los senos, mientras Ginette lloraba. El profesor le ordenó que le hiciera una felación, pero Ginette le respondió que no podía. Entonces el profesor se encolerizó y le empezó a decir que era una puta y que iba a aprender a obedecer, y buscó una gruesa cuerda y arrastró a Ginette hacia la cama y le ató las manos a la cabecera de madera y las piernas en la parte de los pies de la cama. Luego le abrió la vagina con las manos y se puso a chuparla y después se desvistió y le hizo el amor dos veces salvajemente. -Eres una puta, todas las mujeres son unas putas, yo sé como tratar a las putas como tú- le repetía sin cesar. Entonces le tapó la boca con un trapo y le ha metido un bastón en su vagina varias veces, mientras repetía incesante «eres una puta», los gritos de Ginette acallados por el trapo en la boca.”
(Ismael Lorenzo El silencio de los 12, páginas 9-10, 71)

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Alejandra Pizarnik (1936-1972) llevaba unas horas recostada sobre su cama, fumando un cigarrillo tras otro. De pronto, se levantó, se atusó el pelo, apelmazado por la modorra, apagó la última colilla en el cenicero de su mesilla y caminó, pausadamente, hacia su cuarto de trabajo en el departamento que tenía en Buenos Aires, en el edificio de Montevideo 980. 


Era de noche, aunque siempre lo es en la oscuridad del alma. No hacía demasiado frío, si bien el clima en Buenos Aires en septiembre puede llegar a ser severo. El día anterior había llovido y las calles aún conservaban la humedad de las gotas a destiempo. 
Al llegar a su cuarto, cogió una tiza y escribió unos versos en el pizarrón que presidía la estancia: «No quiero ir nada más que hasta el fondo».


Todas las carpetas y cuadernos, además de los papeles con anotaciones o poemas, fueron conservados casi en el mismo orden en que los dejó Pizarnik
Fue el último rastro que la poeta dejó, y así lo encontraron apenas una semana después. En la madrugada del 25 de septiembre de 1972, Pizarnik ingirió una sobredosis letal de Seconal sódico y falleció. 


A su auxilio acudió una amiga, que la llevó, ya sin vida, al Hospital Pirovano. La muerte, tantas veces mentada por ella, en su vida y en su obra, fue a su búsqueda en una de sus formas más poéticas: el suicidio. 

Los amigos que, al día siguiente, la velaron en la sede de la Sociedad Argentina de Escritores se repetían, entre susurros, los unos a los otros: «Fue accidental, fue accidental». Pero nunca lo es. Como tampoco lo fueron aquellos últimos versos, que Pizarnik escribió a modo de despedida y que hoy ven, por fin, la luz en  (Lumen), el volumen que esta semana llega a las librerías españolas
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'Necesidad de libertad', libro enérgico y misceláneo, de Reinaldo Arenas



Hace 30 años en su primera conferencia en la Universidad de Columbia Reinaldo Arenas (Holguín, Cuba, 1943- Nueva York, EEUU, 1990), habló así:"Por primera vez soy un hombre libre, por lo tanto, por primera vez existo. Mi vida hasta ahora ha transcurrido entre dos dictaduras; primero la de Batista; luego la dictadura comunista. Precisamente por estar por primera vez en un país libre puedo hablar.."

Arenas  llegó a ser considerado por el régimen cubano como un "peligro social", lo que no dice nada acerca de él, sino de la sociedad que lo etiquetó de peligroso. Pasó dos años en la cárcel. Logró salir de Cuba en una embarcación en el éxodo de El Mariel, en 1980.
Precisamente, tras este episodio vital, arranca 'Necesidad de libertad', libro enérgico y misceláneo -mezcla ensayo, poesía, cartas, recortes de prensa...- que ahora ve por primera vez la luz en Europa en la editorial sevillana Point de Lunettes tras su publicación en 2001 en Miami. En este volumen, Arenas reivindica su libertad recién conquistada y denuncia con desparpajo los abusos de la dictadura de Castro.


El autor de 'Celestino antes del alba' expone la persecución sufrida por escritores e intelectuales. Denuncia que a Lezama Lima se le dejó morir, sin recibir atención, en un hospital; Marta Vignier se quitó la vida, y otros como Jorge Valls y Armando Valladares perdieron la vida en la cárcel. "Los demás –anota– pasamos al campo del cinismo, del silencio o de la cobardía". Él mismo confiesa que en las celdas de la Seguridad Nacional firmó "cuanto papel se me puso ante los ojos".
'Necesidad de libertad' es también un desahogo literario. Porque Reinaldo Arenas arremete aquí con dureza contra los escritores partidarios del régimen de Fidel Castro que viven "libres y fuera de la isla". "Este libro cuenta aspectos y anécdotas de escritores famosos que no están todavía, y a lo mejor no están nunca, en los libros de literatura hispanoamericana", explican desde el sello Point de Lunettes, que también ha editado otros títulos del cubano como el relato 'Sobre los astros' y las 'Cartas a Margarita y Jorge Camacho'.

"Veíamos a escritores verdaderamente libres haciendo también el juego a aquella infamia", expone Reinaldo Arenas, quien a veces utiliza la fina ironía, como en la 'Orden de rompimiento de amistad'’dirigida a Nicolas Guillén: "De acuerdo con el balance de liquidación de amistad que cada fin de año realizo –balance que se rige por rigurosas constataciones– le comunico que usted ha engrosado la lista del mismo. Por lo tanto, desde el momento en que expido este documento queda usted desvinculado, en forma definitiva, de todos mis afectos".
En otras ocasiones, Arenas no ahorra calificativos para juzgar la actitud de autores consagradísimos como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar o Ernesto Cardenal, el último ganador del premio Reina Sofía de poesía. Al Nobel colombiano le dedica todo un capítulo (titulado, muy gráficamente: "Gabriel García Márquez, ¿esbirro o es burro?"), donde le reprocha que haga "apología del totalitarismo comunista que convierte a los intelectuales en gendarmes y a los gendarmes en criminales".

En su texto, Reinaldo Arenas le recuerda al autor de 'Cien años de soledad' algunas "contradicciones". "Me pregunto -expone-–si no es extremadamente cínico que García Márquez, quien hace incesantes apologías a la revolución cubana’ y a su desarrollo cultural y humano, viva sin embargo en París y México, tenga un hijo estudiando en la Universidad de Harvard, y otro aprende a tocar el violín en Francia. ¿No invalida esta actitud real la retórica poscastrista del acaudalado señor que la emite?..."
Tampoco es clemente con Julio Cortázar, "convertido -expone el autor de 'Un plebiscito a Fidel Castro'- al castrismo desde los lujosos hoteles cubanos que el capitalismo había construido y con residencia y estatus en París; a Ernesto Cardenal, tan mediocre e hipócrita como su supuesta doctrina religiosa, que ni siquiera práctica (...) A ellos el cinismo se le convertía en cuantiosas recompensas (...) De esa manera llegó Cortázar a best-seller, Cardenal a ministro..."

Novelas
1967: Celestino antes del alba
1969: El mundo alucinante
1980: El palacio de las blanquísimas mofetas
1980: La vieja Rosa
1982: Otra vez el mar
1984: Arturo, la estrella más brillante
1987: La loma del ángel
1988: El asalto
1989: El portero
1990: Viaje a La Habana
1991: "El color del verano" o "Nuevo Jardín de las Delicias"

Narrativa breve
1972: Con los ojos cerrados
1981: Termina el desfile

Antologías poéticas
1981: El central
1989: Voluntad de vivir manifestándose

Ensayo
1986: Necesidad de libertad

Teatro
1986: cinco obras de teatro bajo el título Persecución

Novela autobiográfica
1992: Antes que anochezca

Ediciones posteriores a la muerte de Reinaldo Arenas
2001: Inferno, poesía completa con prólogo de Juan Abreu
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Una reseña de Alfred Rathbone sobre 'El silencio de los 12', de Ismael Lorenzo, un libro testimonial sobre mujeres abusadas


Un periodista asiste a una cita con una joven que lo ha contactado porque desea relatarle alguno hechos terribles que le habían sucedido, pero nunca pensó oír una historia tan conmovedora. Era diciembre 1997 en el Líbano, una taberna, cuatro Marines entran en busca de mujeres.
Así comienza la primera narración de ‘El silencio de los 12’, de Ismael Lorenzo. En esa narración,  la voz de esa niña de 12 años, ya mujer, recuerda aquellos hechos, y nos va contando una historia de infinitas atrocidades, su violación, sus padres asesinados cuando trataron de defenderla, su cautiverio por un año y al terminar la rotación de la escuadra de Marines, su venta a un burdel, donde estuvo hasta los 14 años. Describe su sufrimiento, vivir con aquellos recuerdos en su mente, la imposiblilidad de olvidar. ‘El silencio de los 12’, ha sido escrito por Ismael Lorenzo y esa joven de la que solo conocemos sus iniciales y su dolor, nos deja un recuerdo imperecedero. 
La segunda parte se titula ‘Una historia que no tiene fin’. Y es cierto, seguimos leyendo otros relatos: la pequeña huérfana abusada desde los seis años y alquilada a los amigos de su padrastro, las dos jóvenes estudiantes de la Sorbona violadas por un profesor y más tarde misteriosamente secuestradas, la bailarina narcotizada y abusada por prominentes personajes, su conveniente muerte, dos turista agredidas sexualmente por un grupo en un hotel de Grecia, un abuso tras otro, contadas por ellas mismas, tienen la fuerza de la autenticidad, de la desesperación. Al terminar su lectura nos deja la sensación que hemos avisorado un mundo oculto, silencioso, de abusos y humillaciones, que existe pero preferimos ignorar.
Alfred Rathbone

Crítico y periodista, Agosto 2012


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Fue el cuñado de Virginia Woolf, Clive Bell, quien la avisó de que una aristócrata bien conocida en todo Londres por sus sonadas aventuras homosexuales, Vita Sackville-West -escritora también, había puesto los ojos en ella y quería conocerla, para lo cual se organizó una cena de ringorrango. 

"Vita es una lesbiana declarada, ten cuidado", le dijo Clive, a lo que la mordaz Virginia repuso: "Pues con lo esnob que soy, no sabré resistirme”.

Pese a los displicentes comentarios iniciales de la novelista, parece que el encuentro surtió el efecto deseado por Vita: despertar el interés, primero, y el deseo luego de la gran Virginia Woolf. En algún punto intermedio hizo acto de presencia además el amor, cuyo testimonio ha quedado por escrito a través de las muchas cartas que se cruzaron las dos protagonistas. A partir de ese intercambio epistolar, la periodista y escritora Pilar Bellver ha creado la novela de lo que también se pudieron haber dicho, A Virginia le gustaba Vita, publicada por la editorial Dos Bigotes.

Virginia Woolf no tenía problema alguno en plantearse una relación homosexual. Se había criado en un ambiente de absoluta libertad, a su alrededor eran comunes tanto los escarceos extramatrimoniales como las relaciones entre personas del mismo sexo -a pesar de la rígida moral victoriana que parecía imperar-, y el grupo de Bloomsbury en el que reinaban ella y su hermana Vanessa venía a ser una saturnal continua donde todos se acostaban con todos. Oficialmente, era una mujer frígida, incapaz de sentir deseo sexual por su marido, Leonard, con quien por lo demás formaba un matrimonio muy bien avenido.



En cuanto a Vita, su conducta en cuestión de amor rayaba en la promiscuidad, y estaba igualmente casada. Su esposo, Harold Nicolson, era abiertamente homosexual y aceptaba de buen grado las andanzas de ella por mucho escándalo que causaran. No todo el mundo era igual de tolerante. El marido de una de sus amantes, el poeta sudafricano Roy Campbell, persiguió a Vita por medio Londres con una pistola cuando se enteró de la infidelidad de que era víctima.
Como señala Pilar Bellver, había sintonía y complicidad no sólo en el seno de ambas parejas sino también entre los matrimonios mismos, que mantuvieron su amistad hasta el final. "No había celos entre los Woolf y los Nicolson, pues habían llegado, independientemente, a la misma definición de confianza", escribe. Quizá Leonard fuera el menos contento con la situación, pero no por miedo a que Virginia se alejara de él sino a que las emociones en juego "pudieran volver a perturbarle la mente". La escritora padecía depresiones (trastorno bipolar según el diagnóstico de hoy) desde los 13 años, cuando murió su madre, y -como es sabido- acabaría suicidándose en el río Ouse.

Vita y ella, a pesar de estar separadas por 10 años, inician una relación de alta intensidad. Se acuestan por primera vez la noche del 17 al 18 de diciembre de 1925, según sabemos por una carta de Vita a su marido y por su diario. Virginia se recata un poco en el suyo,  sabedora de que Leonard tiene la costumbre de leerlo, mientras que su libérrima amante ni se molesta en poner sordina a sus aventuras.
Muy pronto se convencen las amantes de que lo ideal es continuar con su statu quo como hasta entonces. Nada de pensar en cambios de vida: "El amor nos basta para querernos, no necesitamos añadirle la rutina de una convivencia que bien podría ser desastrosa", imagina Bellver que dice Vita.
Si a la aristócrata y escritora -que por cierto goza de mucho mayor éxito en el momento que su amiga- le molesta algo de Virginia es que parece no entregarse por completo, como si su naturaleza de narradora le hiciera estar siempre, de algún modo, tomando nota de lo vivido, la autora de Una habitación propia no puede digerir bien los constantes affaires de su amante.


De camino a Teherán, donde su marido es encargado de negocios de la embajada inglesa, Vita siente tal deseo de estar con Virginia que fantasea con raptarla. "Ella no estaba acostumbrada a desear sin conseguir", tercia aquí Pilar Bellver. A su vuelta de Persia, afloran sin embargo los primeros indicios de alejamiento entre la pareja. Virginia Woolf anota en su diario: "Iba más descuidada [Vita], pues había venido directamente con su ropa de viaje; y no tan bella como otras veces (...). Así que las dos sufrimos cierta desilusión (...). Es muy posible que esto sea más duradero que la primera rapsodia".
A pesar de todo, las amantes se las arreglan para, pasado lo más bullente del amor, construir lo que Vita define como "una amistad respetable, cierta, durable, casta y tibia". Algo menos intenso pero más duradero que aquellos primeros encuentros ardientes en la gran mansión de Vita, Knole, tan grande que nadie podía precisar cuántas habitaciones tenía.
La inmensa hacienda de los Sackville-West, que sigue siendo una de las cinco mayores de Inglaterra -más grande que Buckingham Palace, por ejemplo-, desempeña un papel importante en la presente historia. Después de haber escrito La señora Dalloway y Al faro, Virginia Woolf pide permiso a Vita, que se halla en plena vorágine de traiciones, para escribir sobre ella, y Vita acepta. El resultado es otra obra superlativa, Orlando, que trata sobre un personaje que vive cinco siglos, primero como hombre y luego como mujer.
Orlando comienza con una famosa escena en la que el protagonista observa desde lo alto de una colina los movimientos de personas a las puertas y dentro de una casa gigantesca, como Knole, ante la llegada de la reina y de su cortejo. Tiene que bajar a la carrera al valle, vestirse de forma adecuada, recorrer incontables corredores y tomar varios atajos para llegar a tiempo de recibir al visitante.
Pilar Bellver sostiene que, más allá de las consecuencias emocionales, la relación tempestuosa de Virginia Woolf con Vita, "todo ese caldo de seducción primero y luego de amor, de deseo, de alegría y de frustración al mismo tiempo, dieron como resultado el entusiasmo y la intensidad con que Virginia escribió en esos años sus mejores novelas: La señora Dalloway, Orlando y Las olas. Las mejores con diferencia".
Irene Chikiar, en su biografía de la autora inglesa, sentenció algo que no deja lugar a dudas: "Si bien Virginia sentía que en un plano pasional o sexual no podía competir con esas otras mujeres que atraían a Vita, era evidente que ninguna de ella podía escribir Orlando".  No sabemos si ser consciente de esto habría servido de consuelo a Virginia Woolf.
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José Lezama Lima, a sus 102 años


El gran escritor cubano José Lezama Lima que este día 19 hubiera cumplido 102 años y coincidiendo con esta fecha acaba de aparecer una carta inédita dirigida a su hermana Rosa, en la que el autor de "Paradiso" confiesa su vacío y soledad, un sentimiento incrementado por la ausencia de la familia exiliada en Miami

"Cada día que pasa siento la nostalgia de la familia ¿cuántas veces no lo he repetido? Nunca podré ser un ser feliz, pues si tuviese la familia me faltaría la tierra, aunque realmente me conformo con muy poco, pero ya estoy convencido hasta colmar la copa que nunca podré ser feliz, pues soy de esa raza de los que siempre le falta la otra mitad". Así decía Lezama Lima en una carta escrita el 30 de junio de 1970.

Una carta facsimilar del manuscrito original que ve ahora la luz por primera vez y que aparece en una edición artesanal junto con el poema "La Madre", mecanografiado con firma y dedicatoria manuscrita, y cinco fotografías originales, dos de ellas que muestran a Lezama Lima junto a su madre y sus hermanas en diferentes épocas.

Instantáneas que después recordará Lezama (La Habana,1910-1976) cuando él está ya solo en La Habana, y su madre, de la que no se quiso separar nunca, ya ha muerto. En estas fotos también se muestra a su hermana Rosa junto a su hijo y nietos.

Todo este material ha quedado reunido en esta edición artesanal y única bajo el título de "La Madre", con una tirada de cien ejemplares firmados y numerados, publicada por el Centro de Arte Moderno de Madrid, con la colaboración de Ivette Fuentes de la Paz, especialista en Lezama, investigadora del Instituto de Literatura y Lingüística de La Habana, y quienes han hallado este material en los papeles y fondos que posee la familia del autor.


El poeta, narrador y ensayista, creador de una palabra poética en español única, "barroca, espiritual y excelsa", como dijo José Ángel Valente, solo salió de Cuba dos ves. El resto de su vida estuvo en la isla, en una especie de autoexilio, enfermo desde la infancia. Fue obligado por su madre a casarse con la señora que la cuidaba y todos sus deseos y sentimientos -todo el mundo sospechaba que era homosexual- corrían ahogados bajo su piel, con un silencio que solo mitigaba en su obra tan oceánica como su cuerpo.

Para la especialista, esta edición especial sale en un momento muy importante, "porque ahora que se cumplen los 50 años del "boom" latinoamericano se ha hablado muy poco de Lezama. Es justo ponerle en su sitio. Se cumplen los 50 años de la publicación de 'Rayuela' de Julio Cortázar, pero también serán los 50 de 'Paradiso', de Lezama, de 1966, que entra de lleno en el "boom", del que fue un hito", subraya.

Lezama Lima, que murió acompañado por su mujer, Maria Luisa, en un hospital, abandonado por las autoridades políticas, estuvo muy ligado a su madre a quien cuidó hasta su muerte. Nunca pidió salir de Cuba, incluso después de la muerte de la progenitora. Sus hermanas Rosa y Eloisa estaban lejos en Miami, y después, como apunta Ivette Fuentes, en Cuba, en el 59, "se puso la cosa muy mal y se hizo casi imposible el contacto con el exterior".

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"Sakuntala la mala reivindica su nombre", reseña de Ismael Lorenzo

Reseña de Ismael Lorenzo sobre la novela de Daniel Fernández 
©2009 by Ismael Lorenzo



Sakuntala la mala contra la Tétrica Mofeta, es una novela en la que su autor Daniel Fernández recuenta la atmósfera de persecución y locura juvenil de aquella Habana de los años ’60 y ’70. Ficción y realidad se mezclan con gran maestría, dando comienzo cuando el personaje ‘Sakuntala la mala’ o ‘Daniel Sakuntala’, y otras varias formas en que lo denominaba Reinaldo Arenas en su novela ‘El color del verano’, llega al periódico ‘El Nuevo Herald’ para hablar con su alter ego, el periodista Daniel Fernández, y tratar de esclarecer las manchas sobre su persona vertidas por la imaginación exuberante y excesiva de Arenas.

Sakuntala’, con su aire de Gloria Swanson, trata de reinvindicar su buen nombre, que no es una ‘loca’ cualquiera, sino una muy leída y con mucho talento. Y desde estas conversaciones entre el personaje de ficción y la persona real, se va desenvolviendo una trama llena de un humor contagioso, donde se habla de amigos y delatores, de informantes y perseguidos, de locas y bugarrones.


De seres tenebrosos como Coco Salas, que ayudó a que Reinaldo Arenas cayera preso en El Morro, y que luego denunció a Daniel Fernández por su otra novela ‘La vida secreta de Truca Pérez’, lo cual le costó cuatro años de prisión en el Combinado del Este.

En aquella Habana de finales de los años ’60, de guerrilleros y marchas, de himnos y Comités de Defensa, el muy joven Daniel Fernández, teñido el pelo de rubio y ropa extravagante, sobresalía como una ‘loca’ que ya por ser homosexual rompía con la combativa revolución y con el pecado aún más grande de ser desafecto al régimen. Aún así, en aquel mundillo seudointelectual habanero, Daniel Sakuntala, así llamado porque luego de leer la obra de Kali Dasa, ‘Sakuntala’, siendo un adolescente, la comentaba constantemente en las tertulias, la cinemateca y la heladería Coppelia.
Pero Daniel Fernández siempre fue alguien auténtico, en aquella época, cuando era la moda de muchos andar con un libro en la mano, él los leía. Que a pesar de su cultura y talento, tuvo que trabajar diez años de estibador porque no le daban trabajo en otra parte por su condición de homosexual y desafecto.

La novela va desenvolviendo con gracia, personajes de aquellos años ’60 y ’70 en La Habana, como el poeta Delfín Prats, de manifiesto talento, que nunca llegó a salir de Cuba y terminó alcohólico, frustrado y destruido, a quien recuerdo una vez, cuando caminando por el Prado habanero, con gran alegría me enseñó su libro ganador de un concurso de poesía de la Unión de Escritores, del que sólo se imprimió ese ejemplar de prueba, porque algún envidioso en la Uneac decidió que no era revolucionario.

Del pintor Jaime Bellechasse, condenado a cinco años de prisión por soltar unas simples proclamas en un cine. La novela recrea esa paranoia de todos los días, si te habían puesto micrófonos en la casa, si tenían tomado el teléfono, si te seguían, si ese pretendido amigo era en realidad un informante, cuánto sabría de ti la omnipotente Seguridad.

También recuenta ese mundillo de libros y tertulias, de ávidas lectura, de genios literarios como Virgilio Piñera, tan tímido como astuto, del hotel Monserrat, donde vivió Reinaldo Arenas luego de salir de la prisión y donde también vivía el dudoso Coco Salas. Esas vivencias que me hacen recordar de aquellos ‘te’ caliente sin apenas ‘te’, porque no había más nada que brindar, que servía Reinaldo Arenas en su pequeña habitación.

Es una novela que para los que vivimos esos años nos trae recuerdos, para los que no, le da otra visión, más real, más verdadera, que la ofrecida por los Oliver Stone y Roger Moore del momento.

En el final, Sakuntala la mala nueva reina de Cuba, en la Plaza Real de La Habana (antigua Plaza de la Revolución), aparece desnuda en la tribuna a dar su primer discurso, donde antes de empezar a hablar del futuro, impone:
“que se haga un minuto de silencio por todos los muertos, otro minuto de silencio por todos los chivateados, otro minuto por los que fueron a la cárcel, uno por los pateados, otro por los fusilados, otros por los vilipendiados injustamente, otro por los que fueron llamados mafiosos o contrarevolucionarios o lacras del pasado, otro minuto por los padres que se quedaron sin hijos, otro por los hijos que se quedaron sin padres, otros por los que se fueron cuando querían quedarse, otro por los que se quedaron y querían irse, otro por los que no pudieron hacer nunca lo que querían, uno más por los engañados de buena fe, y otro por los que murieron en el exilio y otro por los que vivieron toda su vida en el exilio sin saber que era ser cubanos, otro por las locas perseguidas, por los religiosos perseguidos”...
y así en esta larga invocación de los horrores y abusos de medio siglo, Sakuntala la mala desarrolla su discurso inaugural en la Plaza Real de La Habana.

Daniel Fernández nos ha traído en su original novela a un tiempo que no volverá, de los que fuimos jóvenes en una revolución que nació vieja, jesuítica y que en la ironía de Sakuntala la mala nos recuerda que el horror no ha terminado.

'Sakuntala la mala contra la Tétrica Mofeta'Daniel Fernández, Editorial Silueta 2009
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LUDWIG II, REY DE BAVIERA / LUCHINO VISCONTI (1972)
                                Por Alejo Urdaneta


Ludwig II, Rey de Baviera, es un personaje que ha inspirado a poetas como Rimbaud, Verlaine, Apollinaire o D'Annunzio, y que ha pasado a la historia como "el rey loco", por la excéntrica vida que llevó como monarca que dilapidaba el presupuesto del Estado en mantener a artistas como Wagner, o en construir fantásticos castillos. El romanticismo lo ha tomado como modelo, por su rebeldía contra la época sórdida y materialista que le había tocado vivir.
Ludwig no se resignaba a ser un funcionario más dentro de un sistema burgués, y tenía como modelo los tiempos de las monarquías absolutas, cuando el rey era caudillo de su pueblo y mecenas del arte. Pero eso ya no era posible en la Alemania de Bismarck y de la Revolución Industrial de 1864. Desde ese punto de vista se comprende el interés de Visconti en su personalidad: Ludwig era como otros artistas que no se adaptaron al medio y rechazaban los hábitos de comodidad burguesa y desinterés por el arte: Thomas Mann, Proust, y como el propio Luchino Visconti.
El Monarca es un hombre contradictorio, con algunos trastornos que se han atribuido a su homosexualidad oculta por algún tiempo. Él mismo se califica:"No hay cosa más bella que la noche. Dicen que el culto de la noche, de la luna, es un mito materno [...] Sin embargo, para mí, el misterio, la grandiosidad de la noche, han sido siempre el reino ilimitado de los héroes".
Los protagonistas del cine de Visconti apuestan a un absoluto: la pasión, la fortuna, el poder, el amor, el delirio o la belleza, con un carácter envolvente y arrollador. Su obra cinematográfica está marcada por el sello de la literatura, el soporte de sus imágenes, con una audacia sólo comparable, en el cine italiano, a la de Pasolini. Boccaccio le inspiró Boccaccio 70, en 1961; Lampedusa, El Gatopardo, en 1967; Thomas Mann, La Muerte en Venecia, en 1971, y Gabrielle D' Annunzio, El inocente, en 1976.
La película Ludwig II, de 1972, sucede a La Muerte en Venecia.
El Príncipe accede al trono a los 20 años y su único interés es proteger al músico Richard Wagner. Se ha enamorado de su prima Elizabeth (“Sissi”), esposa del Emperador de Austria, Francisco José I. Ya comienza a mostrar su tendencia homosexual y se aísla en un castillo barroco. En la primera reunión del Gabinete, Ludwig sorprende a sus ministros anunciando como medida más urgente la de encontrar a Richard Wagner, pues un reino necesita artistas que eleven su nivel espiritual. El joven monarca había quedado fascinado por la obra de Wagner desde que presenció a los 15 años una representación de la ópera Lohengrin.
La visión que nos da la película de Wagner corresponde a la que se ha hecho tópica: un aprovechado que se queja de la residencia que le ha pagado el rey, pues ninguna casa es demasiado bella para él. Wagner ha llegado con un matrimonio. Llega a Munich acompañado por Cósima (hija de Franz Liszt) y Hans von Von Bulow, su esposo, músico y director de orquesta destacado. Entre Wagner y Cósima existe una relación amorosa que según se dice conocía el director Von Bulow.
Visconti ha resaltado la extraña personalidad del Rey Ludwig, aislado en sus castillos de Baviera, con la compañía de sirvientes a quienes domina con sus caprichos. Ya ha rechazado el matrimonio con la hija del Zar de Rusia y cada vez más su salud se quebranta.
En 1866 ocurre la guerra entre Prusia y Austria, y Baviera se alinea con los austríacos, y comparte su derrota. Esa fecha marca lo que se considera como el inicio de la definitiva locura del rey: recluido en un castillo, sin apenas salir al exterior, recibe a su hermano el príncipe Otto, que viene del frente con los nervios destrozados: "Esta guerra no existe. Di a los generales que el rey no sabe que hay guerra". La salud mental del rey empieza a preocupar a sus súbditos. Se le insta a que tenga el valor de aceptar la mediocridad de la existencia: debe casarse y tener hijos, es su deber como rey; aunque en la guerra perdida les ha abandonado, no ha estado con su ejército. La homosexualidad del rey es conocida por todos, sin llegar a mencionarla nunca por su nombre: "Una tentación que surge a todos los jóvenes de su edad y belleza", dice el padre Hofmann, su confesor, sugerida en la película cuando Ludwig contempla en la noche el cuerpo desnudo de un sirviente que se está bañando. A Visconti también lo acosaron semejantes tormentos. La atmósfera religiosa en la que ha crecido Ludwig puede tener en esto su parte de culpa.
Se organiza una reunión entre los funcionarios de la Monarquía para deponerlo del trono, acusándole de no estar capacitado para el ejercicio de la corona. Un reconocido psiquiatra da su veredicto: El soberano padece de paranoia. Sólo el fiel Dürckheim le defiende, y afirma que si se mantiene alejado de los asuntos de estado, es porque ello ha convenido a sus ministros hasta ese momento, para que pudieran obrar a su antojo. La conspiración sale mal, al ser avisado el rey. Cuando los conjurados se presentan en el castillo de Neuschwanstein con el decreto del Consejo de Estado, son a su vez detenidos. Dürckheim le suplica a Ludwig que vaya a Munich; el pueblo y el ejército le apoyan, y podría sublevarlos contra las decisiones del Consejo. Todo es inútil, Ludwig ha decidido no luchar, de ningún modo volverá a una ciudad que odia. Finalmente, los conjurados (a los que el rey había dado la orden de no dar alimentos ni bebida) reciben la visita de Dürckheim que les anuncia su liberación.
Los últimos momentos que Ludwig pasa en Neuschwanstein le hacen aparecer, según la mirada de Visconti, como un estoico artista que se propone cometer suicidio, con veneno o tirándose desde la torre al lago:” morir ahogado es bello porque no deforma el cuerpo”
Con engaño logra el Rey que se le autorice a pasear durante la noche, y se le concede, siempre que vaya acompañado por el médico, el doctor Gudden. Ocurre entonces lo que se supone haya sido el suicidio del monarca y la muerte de su acompañante al tratar de salvarlo. Ambos cadáveres fueron hallados en el lago cercano al castillo donde el Rey permanecía en custodia por órdenes de sus ministros y de los médicos.
El reparto está representado por Helmut Berger, como Ludwig. Wagner fue excelentemente interpretado por el actor británico Trevor Howard, que le dio el registro que Visconti pedía para el personaje. Una interpretación magistral en el film es la de Romy Schneider como la Emperatriz Elizabeth.
Debe señalarse a Silvana Mangano en el papel de Cosima, y a otros intérpretes frecuentes en las obras de Visconti: Umberto Orsini, Helmut Griem y Mark Burns, que en Muerte en Venecia fue un músico (Alfred, ayudante de Aschenbach) y en Ludwig otro (Hans von Bülow).
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Las cuatro obras fundamentales de Luchino Visconti son: El Gatopardo, La Muerte en Venecia, El Inocente y Ludwig II, Rey de Baviera.
En la película Ludwig presenciamos el estilo creativo del cineasta milanés. Quizás sea su obra cinematográfica más personal, por ser el personaje que retrata una proyección de sus gustos estéticos y por el carácter del Rey Loco. Helmut Berger reencarna notablemente al personaje. Los magníficos palacios construidos en Baviera por Ludwig II son todavía motivo de interés artístico y de turismo. Uno de tales castillos sirvió de modelo a Walt Disney para su película: La bella durmiente, y es todavía emblema del parque de atracciones.
El Rey creó para Wagner el templo de la música que es el teatro de Bayreuth, donde se celebra cada año el Festival con la música del gran compositor alemán.
El homenaje de Visconti a la música de Wagner recrea la estética de sus óperas con tono grandilocuente y heroico, y late en una atmósfera intensamente poética y espiritual. Eso hace de esta película un regalo para la contemplación de la belleza llevada a su grado sumo por la maestría de Visconti.
El cine debe a Luchino Visconti haberle dado un rango de obra de arte, por su virtuosismo y fascinante belleza. Esta película es una creación operística en sus escenarios, en la actuación sutil semejante a la gran Ópera, en la música. En fin, contiene esta obra una riqueza creativa manifiesta que deslumbra por su brillantez, nervio, y estética musical y poética.
Klaus Mann, hijo de Thomas Mann, escribió una novela titulada: La Muerte del Cisne, también conocida como: La Ventana Enrejada. La obra se desarrolla en el último tiempo de la caída del reinado de Ludwig, hasta su muerte.
Elizabeth, la Emperatriz de Austria, prima y amada por Ludwig II, acudió a la cabecera de su cama, ya muerto. Muestra el dolor inmenso de no haber podido salvarlo de su trágico destino y siente que en ese momento ha llegado a conocer el destino de ambos: Una fusión de dolor y placer que inicia otro milagro.
Dice así el final de la novela:
“Es como si quisiera con su cabellera y su capa adornar la desolación de su fúnebre lecho sin flores…

Única testigo del magnífico cuadro que presenta la Emperatriz junto al lecho de su amigo muerto, es la dama de compañía. Pero, ¿quién sabe si le es posible ver algo a través del compacto velo que cubre su vieja cara? O también si no estará ciega, con las cuencas vacías detrás del negro paño: ciega, como la diosa del destino”


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'El silencio de los 12’, de Ismael Lorenzo y M. A., un libro para no olvidar

'El silencio de los 12’, de Ismael Lorenzo y M. A, un libro para no olvidar.

 Reseña por Jorge Dominguez


Portada de la 3ra edición


Hay libros que se leen y se olvidan luego para siempre, otros que nunca se olvidan, su recuerdo se lleva en la memoria, y salta cuando quzás leemos una fugaz noticia en el periódico, o encontramos a alguien que nos relata lo que le pasó a una hija o a una amiga, alguna conocida.

 La realidad es que los  relatos del libro de Ismael Lorenzo pocas veces se encuentran en las noticias de diarios y mucho menos televisivas. Parece que es como si nadie quisiera comentar estos hechos desagradables, que ocurren en silencio, y donde a las víctimas casi nunca se les oye.
Esta es la diferencia de este libro, las voces de esas víctimas se manifiestan muy alto, con una fuerza que nos deja sorprendido y por hechos que ocurren todos los días en cualquier país. Desde la fuerza narrativa de la joven que recuerda como fue violada por una escuadra de Marines, sus padres asesinados y luego mantenida en seclusión y abuso por un año, más tarde vendida a un burdel por estos Marines, hasta la de la niña violada por su padrastro y alquilada al mejor postor. Esto no se olvida, al menos yo no lo puedo olvidar.

 Y lo peor de todos estos hechos es que son ‘Una historia que no tiene fin’, como se titula la segunda parte del libro de Lorenzo, donde se mezclan los relatos de estas jóvenes mujeres, con notas sobre los efectos de larga duración de los abusos sexuales, y notas sobre explotaciones sexuales en infinidad de lugares y personajes, desde un presidente condenado por violación, hasta un coronel violador y travesti. Es un elenco de atrocidades interminables, pero es lo que nos rodea, que muchas veces no queremos ver.
 Después de leer ‘El silencio de los 12’, las sentiré más de cerca y las comprendo mejor. Y me parece que este es el propósito del libro, que se ha cumplido.

Jorge Dominguez                                                                                                                                               Escritor, profesor y editor
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Una nueva edición con relatos de acosos online de trágicas consecuencias salió publicada en Noviembre 2014. Una 3ra edición con relatos sobre tráfico humano sale en Octubre 2016

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"La Bendita Minifalda"

Por Rafael Merida Cruz-Lazcano
         El periodista Rodrigo Pérez, hizo publica la noticia de que el Sr. Salvador Gándara, Ministro de Gobernación de Guatemala, prohibió a las casi 100 mujeres que laboran en la Gobernación de que usen minifaldas.
“Es una norma interna como en todas las instituciones. No es nada extraordinario, esta en vigencia desde febrero 2009, informo el vocero de la cartera interior “Nery Morales. Se informo que la decisión fue tomada por Gándara para “manejar una buena imagen, ante la sociedad por parte de los empleados públicos”.
Sandra Moran del “Sector Mujeres” de la policía nacional Civil, expreso: “Habría que definir que significa una buena imagen, para nosotras una buena imagen no esta en como va vestidas las personas, sino cuales son las acciones reales que la institución hace a favor de la seguridad y específicamente, las mujeres”.


LA MINIFALDA. Creada por la diseñadora británica Mary Quant, quien se inspiro en el automóvil Mini en 1965, el diseñador francés André Courrèges dijo que el inventor de la minifalda había sido él.
En sus inicios resultó ser una provocación más que una tendencia, llegando a convertirse en todo un estilo de vida. La minifalda fue creada en plena revolución sexual en los 60s, se popularizó por todo el mundo siendo hoy en día una prenda muy atractiva y sexy.
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Gyorgy Mitnyan, alcalde de un distrito de Budapest, creó un código de vestimenta para el personal de su municipalidad. Según un artículo del código, solo se permite el uso de minifaldas a aquellas empleadas que tengan piernas perfectas. Las faldas no deberán subir más de 3 centímetros por encima de la rodilla.

No se puede prohibir al alumnado vestir tal y como lo hacen en su vida cotidiana, ni tan siquiera en los centros de formación y cultura. Con esto no queremos justificar ningún tipo de conducta o apariencia, tan sólo manifestamos que la prohibición aleja a la escuela de la realidad social. Dicha medida, además de coartar la libertad de los alumnos, pone en duda su capacidad de decisión. Jóvenes que toman decisiones relevantes en lo que a sus estudios se refiere, no son dueños de sus actos a la hora de escoger su ropa, fomentando en ellos una terrible infantilización, de la que después la sociedad se escandaliza.
• Las minifaldas muy cortas son más indicadas para las mujeres con piernas delgadas; si tienes las piernas un poco llenitas pero torneadas y firmes, también podrás lucir una minifalda corta.
• Los tablones en las faldas ensanchan la cadera, por lo que este tipo de falda corresponde a las piernas delgadas.
Si te gusta lucir faldas muy cortas, puedes usar mallas que te den más libertad de movimiento.
• Entre más corta es la minifalda, más bajo debe ser el tacón de los zapatos.
• Busca el equilibrio, si la falda es muy corta, usa una blusa discreta; es decir, que no tenga un escote muy llamativo.
• Si la minifalda está estampada o bordada, usa una blusa de color liso.
• Si no te sientes cómoda con una minifalda, puedes usar una falda arriba de la rodilla.
• Ten especial cuidado en tus movimientos al usar una minifalda, ya que hay posiciones muy reveladoras. Por ejemplo, al arrodillarte a levantar algo del suelo, hazlo manteniendo las piernas juntas y girando las rodillas hacia uno de los lados del cuerpo.
• Aprovecha cualquier momento para ejercitar tus piernas. Camina un poco más de lo que acostumbras. No pases mucho tiempo de pie sin haber tomado pausas para que descansen tus piernas; toma esta precaución para evitar las temidas várices.
• - Las faldas tableadas, o aquellas que son vaporosas y con muchos holanes, hacen lucir más ancha la cadera y añaden volumen al cuerpo. Úsalas si tus piernas son delgadas, pero evítalas si eres más llenita.
 "Legisladora se dice estar “convencida de la libertad de expresión en los medios de comunicación impresos y electrónicos” pero no descarta emprender “acciones en contra del acoso y hostigamiento” del que ha sido objeto tras la publicación de la nota de Yahoo Noticias.(Vanguardia)".

La diputada plurinominal Crystal Tovar Aragón dirigió una carta a Miguel Ángel Castillo, autor del blog de Yahoo “Corte de Caja”, por los comentarios sobre su vestimenta, persona y cargo.

Firmada el 8 de febrero, la diputada originaria de Chihuahua califica el texto “Crystal Tovar, la diputada con la minifalda más corta” como “parte de la cultura mexicana marcada por un machismo exacerbado”.
“Por tal motivo, debo manifestarle mi total indignación y enérgico rechazo hacia su actitud misógina y discriminatoria, reflejada a través de un texto de su autoría y cuyo contenido atenta no solo contra mi integridad, sino contra el derecho de las mujeres, legisladoras o no, para decidir sobre nuestro propio cuerpo y al goce de nuestras libertades”, escribió.

 
Respecto a las críticas sobre el cargo que ocupa como diputada plurinominal, ser joven y su preparación profesional, Tovar Aragón señala que hay “falta de seriedad y raciocinio” por parte del autor del blog.
Sin embargo, la legisladora se dice estar “convencida de la libertad de expresión en los medios de comunicación impresos y electrónicos” pero no descarta emprender “acciones en contra del acoso y hostigamiento” del que ha sido objeto tras la publicación de la nota que estuvo acompañada por una imagen compuesta de dos fotografías publicadas por la Agencia Cuartoscuro el 18 de diciembre de 2012. (Vanguardia).
Con información de LaPrensa.hn. 08-17-2014

El Congreso de Honduras ha aprobado una normativa por la que todas sus empleadas, tanto sus diputadas como cualquier otra trabajadora, tendrán prohibido vestir con escote y minifalda con el objetivo de “mejorar la imagen” de la institución.
La normativa, que entrará vigor el próximo 1 de septiembre, hace referencia a “escotes pronunciados, minifaldas o vestidos cortos”, vetando la entrada de las trabajadoras que vistan de esta forma, según ha informado el diario «La Prensa».


Respecto a los trabajadores, la normativa restringe el uso de pantalones desteñidos, rotos o muy ajustados. La decisión de qué empleados y empleadas no cumplen estas normas quedará en manos del personal de seguridad del Congreso.
La aprobación de estas medidas ha provocado las críticas de varias de las diputadas, que han resaltado que la normativa incluye tres páginas de instrucciones sobre cómo deben vestir las mujeres mientras que dedica una a la vestimenta de los hombres. 

Me parece absurdo, una burla, chistoso y ofensivo también. Se debe tener más respeto por la mujer”, ha criticado la diputada Kritza Pérez, una de las trabajadoras que consideran el código machista y que contribuye a la discriminación de las mujeres.
Medidas similares fueron adoptadas en 2011 por las autoridades del Ministerio Público de aquel país, cuando el entonces fiscal general Luis Alberto Rubí instruyó a la División de Personal vetar el uso de cierto vestuario considerado inadecuado para el desempeño de fiscales, detectives y personal administrativo.
 
- No uses minifaldas cuando hace mucho frío, se ve mal. La única forma en que puedes usarlas en este caso es que te pongas debajo medias ó mallas.

- Si el color de tus piernas se ve muy blanco, broncéalas un poco, ó aplícales maquillaje para quitarles lo pálido.

- No arruines el look sexy que te da la minifalda con malas posiciones o movimientos. Si vas a arrodillarte a recoger algo del suelo, mantén las piernas juntas y gira las rodillas hacia uno de los lados del cuerpo. Al subirte al auto, coloca primero tus pompas en el asiento, y después sube tus dos piernas juntas. Evita abrir las piernas mientras estés sentada, y recuerda tener siempre una buena postura.

- No uses minifalda si no has depilado tus piernas.

- Ejercita tus piernas para que luzcan más con las minifaldas. Es bueno caminar, hacer sentadillas y la bicicleta.

Prohiben escotes y minifaldas! Iglesia mexicana acusa a las mujeres de provocar "violencia sexual"
Segun: unasur-blog
22 ago
En México hay un candente debate en torno a la forma de vestir de las mujeres. La misma se desató cuando la Iglesia Católica en México sugirió que las mujeres no deben usar minifaldas para no "provocar" el acoso de los hombres.

A través del semanario "Desde la Fe", la publicación oficial de la Arquidiócesis de México, el sacerdote Sergio Román del Real le sugirió a las mujeres no usar "ropa provocativa" ni entrar en "conversaciones o chistes picantes" -con hombres- para evitar agresiones sexuales.
 

El texto es parte de una serie de artículos previos al VI Encuentro Mundial de Familias México 2009 -organizado por la Iglesia católica- que dice que "las minifaldas y los bikinis van contra el recato".
Estas declaraciones revocaron que al menos unas 15 personas se manifestaran frente a la Catedral de Ciudad de México. Los manifestantes intentaron entrar al templo pero la policía se los impidió.
Al mismo tiempo, una universidad en el oeste del país está considerando la posibilidad de vetar las minifaldas.

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'El mapa de la tristeza', ensayo de Mario Vargas Llosa, sobre el libro póstumo de Cabrera Infante

'El mapa de la tristeza', de Mario Vargas Llosa, sobre el libro póstumo de Cabrera Infante, 'Mapa dibujado por un espía'.
El libro póstumo recién publicado de Guillermo Cabrera Infante se titula Mapa dibujado por un espía pero debería llamarse más bien “El mapa de la tristeza” por el sentimiento de soledad, amargura, indefensión e incertidumbre que lo impregna de principio a fin. Cuenta los cuatro meses y medio que pasó en La Habana, en el año 1965, adonde había viajado desde Bruselas -era allí agregado cultural de Cuba- por la muerte de su madre.
Pensaba regresar a Bélgica a los pocos días, pero, cuando estaba a punto de embarcarse para el retorno a su puesto diplomático junto con sus dos pequeñas hijas, Anita y Carola, recibió en el aeropuerto de Rancho Boyeros una llamada oficial, indicándole que debía suspender su viaje pues el ministro de Relaciones Exteriores, Raúl Roa, tenía urgencia de hablar con él. Regresó a La Habana de inmediato, sorprendido e inquieto. ¿Qué había ocurrido? Nunca llegaría a saberlo.

El libro narra, a vuela pluma y a veces con frenesí y desorden, los cuatro meses siguientes, en que Cabrera Infante vuelve muchas veces al Ministerio, sin que ni el Ministro ni alguno de los jefes lo reciba, descubriendo de este modo que ha caído en desgracia, pero sin enterarse nunca cómo ni por qué. Sin embargo, al día siguiente de llegar, Raúl Roa lo había felicitado por su gestión como diplomático y anunciado que probablemente volvería a Bruselas ascendido como Ministro Consejero de la Embajada.
¿Qué o quién había intervenido para que su suerte cambiara de la noche a la mañana? Por lo demás, le seguían pagando su sueldo y hasta le renovaron la tarjeta que permitía hacer compras en las tiendas para diplomáticos, mejor provistas que las bodegas cada vez más misérrimas a las que acudía la gente común. ¿Lo consideraba el Gobierno un enemigo de la Revolución?
La verdad es que no lo era todavía. Había tenido un conflicto con el régimen en 1961, cuando éste clausuró Lunes de Revolución, revista cultural que Cabrera Infante dirigió durante los dos años y medio de su prestigiosa existencia, pero en los tres años de su alejamiento diplomático en Bélgica había sido, según confesión propia, un funcionario leal y eficiente de la Revolución. Aunque algo desencantado por el rumbo que tomaban las cosas, da la impresión que hasta su regreso a La Habana de 1965 Cabrera Infante todavía pensaba que Cuba enmendaría el rumbo y retomaría el carácter abierto y tolerante del principio.
En estos cuatro meses aquella esperanza se desvaneció y fue allí, mientras, confuso y temeroso por su kafkiana situación de incertidumbre total sobre su futuro, deambulaba por sus amadas calles habaneras, veía la ruina que se apoderaba de casas y edificios, las enormes dificultades que el empobrecimiento generalizado imponía a los vecinos, el aislamiento casi absoluto en que se había confinado el poder, su verticalismo y la severidad de la represión contra reales o falsos disidentes, y la inseguridad y el miedo en que vivía el puñado de amigos que todavía lo frecuentaban -escritores, pintores y músicos casi todos ellos- cuando perdió las últimas ilusiones y decidió que, si salía de la isla, se exiliaría para siempre.
No lo dijo a nadie, por supuesto. Ni a sus más íntimos amigos, como Carlos Franqui o Walterio Carbonell, revolucionarios que también habían sido alejados del poder y convertidos en ciudadanos fantasmas, por razones que ignoraban y que los tenían, como a él, viviendo en una angustiosa y frustrante inutilidad, sin saber lo que ocurría a su alrededor. Las páginas que describen el vacío cotidiano de ese grupo, que trataba de atenuar con chismografías y fantasías delirantes, entre tragos de ron, son estremecedoras.
El libro no contiene análisis políticos ni críticas razonadas al Gobierno revolucionario; por el contrario, cada vez que asoma el tema político en las reuniones de amigos, el protagonista enmudece y procura alejarse de la conversación, convencido de que, en el grupo, hay algún espía o de que, de un modo u otro, lo que allí se diga llegará a los oídos del Ministerio del Interior. Hay algo de paranoia, sin duda, en este estado de perpetua desconfianza, pero tal vez ella sea la prueba a la que el poder quiere someterlos para medir su lealtad o su deslealtad a la causa. No es de extrañar que, en estos cuatro meses, comenzara para Cabrera Infante aquel vía crucis psicológico que, con el tiempo, iría desbaratando su vida y su salud pese a los admirables esfuerzos de Miriam Gómez, su esposa, para infundirle ánimos, coraje y ayudarlo a escribir hasta el final.
La publicación de este libro es otra manifestación del heroísmo y la grandeza moral de Miriam Gómez. Porque en él Guillermo cuenta, con una sinceridad cruda y a veces brutal, cómo combatió el desaliento y la neurosis de aquellos cuatro meses seduciendo a mujeres, acostándose a diestra y siniestra, y hasta enamorándose de una de esas conquistas, Silvia, que pasó a ser por un tiempo públicamente su pareja. Este y los otros fueron amores tristes, desesperados, como lo es la amistad y la literatura y todo lo que Cabrera Infante hace y dice en estos cuatros meses, porque a lo que de veras vive entregado en su fuero más íntimo es a su voluntad de escapar, de cortar para siempre con un País para el que no ve, en un futuro próximo, esperanza alguna.
No fue una decisión fácil. Porque él amaba profundamente Cuba, y, en especial La Habana, todo lo que había en ella, principalmente la noche, los bares y los cabarets y las bailarinas y sus cantantes, y la música, el clima cálido, las avenidas y los parques -¡y sus cines!- por los que pasea incansablemente, recordando los episodios y las gentes asociados a esos lugares, como para que su memoria tomara debida cuenta de ellos en todos sus detalles, sabiendo que no volvería a verlos, y poder recordarlos más tarde con precisión en sus ensayos y ficciones. En efecto, es lo que hizo. Cuando por fin, luego de esos cuatro meses, gracias a Carlos Rafael Rodríguez, líder comunista con el que el padre de Cabrera Infante había trabajado en el partido muchos años, Guillermo consiguió salir de Cuba con sus dos hijas, rumbo a España y al exilio, se llevó con él su País y le fue fiel en todo lo que escribió.
Pero nunca se resignó a vivir lejos de Cuba, ni siquiera en los momentos en que obtuvo los mayores reconocimientos literarios y vio cómo la difusión y el prestigio de su obra lo compensaban de la feroz campaña de denigración y calumnias de que fue víctima durante tantos años. Aunque decía que no, yo creo que nunca perdió la esperanza de que las cosas fueran cambiando allá en la isla y de que, algún día, podría volver físicamente a esa tierra de la que nunca había logrado desprenderse. Probablemente sus males se agravaron cuando, en un momento dado, tuvo que reconocer que no, que era definitivo, que nunca volvería y moriría en el exilio.
Me ha impresionado mucho este libro, no sólo por el gran afecto que sentí siempre por Cabrera Infante, sino por lo que me ha revelado sobre él, sobre La Habana y sobre esa época de la Revolución Cubana. Conocí a Guillermo cuando era todavía diplomático en Bélgica y se guardaba muy bien de hacer críticas a la Revolución, si es que entonces las tenía. En la época que él describe yo estuve en Cuba y ni vi ni imaginé lo que él y los demás personajes de este libro vivían, aunque estuve con varios de ellos muchas veces, conversando sobre la Revolución, y convencido que todos estaban contentos y entusiasmados con el rumbo que aquella tomaba, sin sospechar siquiera que algunos, o acaso todos, disimulaban, representaban, y, debajo de su entusiasmo, había simplemente miedo. Antoni Munné, que, al igual que los dos libros póstumos anteriores, ha preparado esta edición con desvelo, ha puesto al final una Guía de Nombres, que da cuenta de lo ocurrido luego con los personajes que Cabrera Infante compartió estos cuatro meses; es una información muy instructiva para saber quiénes cayeron efectivamente en desgracia y sufrieron aislamiento y cárcel, o se reintegraron al régimen, o se exiliaron o suicidaron.
Ha hecho bien Antoni Munné en dejar el texto tal como fue escrito, sin corregir sus faltas, algo que sin duda Cabrera Infante se propuso hacer alguna vez y no le alcanzó el tiempo, o, simplemente, no tuvo el ánimo suficiente para volver a enfrascarse en semejante pesadilla. Así como está, un borrador escrito con total espontaneidad, sin el menor adorno, en un lenguaje directo, de crónica periodística, conmueve mucho más que si hubiera sido revisado, embellecido, transformado en literatura. No lo es.
Es un testimonio descarnado y atroz, sobre lo que significa también una revolución, cuando la euforia y la alegría del triunfo cesan, y se convierte en poder supremo, ese Saturno que tarde o temprano devora a sus hijos, empezando por los que tiene más cerca, que suelen ser los mejores.

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Homenaje a Borges, un libro de su viuda María Kodama

Jorge Luis Borges sólo escribió un cuento de amor: Ulrica, incluido en El libro de Arena y dedicado secretamente a María Kodama cuando el autor de El Aleph le reveló en Islandia ese amor del que hasta entonces había ido dejando trazas
Los personajes de esa historia de amor, Ulrica y Javier Otárola, quedaron inmortalizados en la inscripción que grabó Kodama en la lápida de Borges en Ginebra.
Ahora, cuando se han cumplido los 30 años de la "entrada al Gran Mar" del escritor argentino, Ulrica vuelve a hablarle a Javier Otárola, y lo hace con un libro que recopila una veintena de conferencias dictadas por Kodama en las que aborda las principales obsesiones intelectuales de Borges: los sueños, la memoria, el tiempo, los laberintos, el Golem... y ofrece algunos detalles de su relación sentimental. Homenaje a Borges (Sudamericana, 2016) es, ante todo, una ofrenda de amor: "Siempre quise que Borges sintiera que yo le quería como persona, no por su fama", confiesa su autora. 
Kodama (Buenos Aires, 1937) se dedica en cuerpo y alma a cuidar el legado de Borges. Ha recorrido medio mundo hablando de la obra del escritor argentino y defendiendo su figura. Y este año, con la conmemoración de los 30 años de la muerte de Borges, debe redoblar los esfuerzos. 
"Este libro es un doble homenaje: se cumplen los 30 años de su partida y él siempre quiso que yo publicara", comenta nada más llegar a la cafetería del elegante barrio porteño de Recoleta. Llega  lamentando todas esas rutinas y trámites diarios que nos consumen media vida. Y enseguida ofrece una muestra de ese "perfil sótano" que tanto le gusta cultivar. 
"¿Por qué publico el libro? Por la insistencia de mi agente (literario). Me insistió en que publicara las conferencias que doy todo el tiempo, y tratamos de que estuvieran reflejados los temas principales que a Borges le interesaban".
Y ahí están si no todos, muchos de esos temas recurrentes en la obra del autor de Ficciones. Y además está el Borges poeta, el Borges periodista, el Borges traductor, el Borges bibliotecario, el Borges místico... Y el Borges amante, como el que aparece en Islandia, la conferencia en la que la albacea de la obra de Borges habla del amor entre dos personas: Ulrica y Javier Otárola. 
Kodama esboza una sonrisa cuando se le menciona ese nombre: Ulrica, atribuido en su día a otras mujeres que rondaron por la vida de Borges: "Todas quieren ser Ulrica, a mí me divierte tanto...". Pero Ulrica sólo hubo una: "Me dedicó el cuento secretamente, yo no quería, tengo un perfil sótano, no me interesa el escándalo. Y así se lo dije: 'No, Borges, así no. Secretamente, todo lo que usted quiera'. Tengo mis códigos, soy japonesa". 
Esa pasión de Borges por Islandia le fue inculcada en parte por su padre cuando le regaló la Völsunga Saga y otros poemas épicos islandeses. "En nuestras vidas -dice Kodama en la conferencia-, por distintos caminos, estaban presentes los valores de la palabra dada, del honor, del deber, tan caros a la épica; que desembocaron naturalmente en el amor por Islandia que fue también esencia de nuestro amor".
La vida de Borges estuvo también muy ligada a España. Allí vivió un tiempo de su juventud junto a su familia y allí comenzó a cultivar el periodismo.
"En ese momento -cuenta Kodama- el periodismo era una fuente de ingresos para él y también una vía para publicar sus reflexiones sobre distintos autores, movimientos, y su propia obra". Desde 1919 colabora con varias revistas y periódicos españoles (Última hora, Baleares, Grecia, Gran Guignol, Cervantes, Ultra...).
En la revista Grecia vería publicada su primera poesía, Himno al mar. Y sería en España donde se afianzaría como uno de los abanderados del ultraísmo y donde conocería a quien, según sus palabras, sería uno de sus grandes referentes literarios: Rafael Cansinos Assens
De su relación con autores españoles habla también Kodama en otra de sus conferencias, la que narra las atenciones que brindaría a la pareja Juan Goytisolo en la plaza Jemaa el-Fna de Marraquech. "Nunca olvidaré a Borges, ávido por escuchar la descripción del lugar", dice Kodama en su conferencia.
Con Goytisolo compartió Borges su gran devoción por Cervantes ("ambos encuentran en el Quijote la libertad que implica la aceptación de lo diferente y el enriquecimiento que esa diferencia trae"). Y tal vez también esa relación ambivalente con sus países de origen. "Borges -asegura su viuda- era una persona muy lúcida y veía los defectos (de Argentina) de una manera inequívoca. Sus declaraciones eran incendiarias".
Añadir leyenda
En la selección de Kodama no podía faltar un capítulo dedicado a los sueños, esa gran fuente de inspiración borgeana. "Borges tenía la facultad de recordar los sueños, lo hacía durante sus baños de inmersión, y ahí veía si ese sueño servía para algo o no; si servía, avanzaba; muchos de sus relatos parten de sueños", cuenta Kodama.
Y recuerda la anécdota que reflejó en su conferencia sobre el poema Ein traum (Un sueño), en el que Borges rinde homenaje a Kafka. "Borges siempre corregía sus poemas, pero éste fue el único que nunca corrigió; me dijo que se lo había dictado Kafka en el sueño y por eso no lo podía corregir".
El sueño y la memoria se unían en el poeta a la hora de la creación. Sobre la memoria, tan relevante en la obra de Borges, precisa Kodama que es necesario diferenciar entre esa memoria que entrelaza datos y recuerdos de una forma creativa y aquella que actúa como una mera computadora, sin razonamiento, como le sucede a Funes el memorioso.
De esa memoria borgeana surgió una obra universal que tuvo siempre como epicentro a la capital argentina desde su primer poemario, Fervor de Buenos Aires: "Toda su obra es Buenos Aires. Y esa presencia va cambiando desde la primera a la última obra, pero no de una forma obsesiva".
Criticada desde algunas tribunas por el celo con el que cuida el legado de Borges ("llevo 30 años difamada y estoy cansada"), Kodama se ha mostrado vehemente en los tribunales contra aquellos que han osado "jugar" con alguno de los libros del escritor (como el español Agustín Fernández Mallo con El Hacedor (de Borges), remake, o el argentino Pablo Katchadjian con El Aleph engordado): "Aunque me pidieran permiso, no permitiría que trataran de montarse en la obra de Borges y la destruyeran sólo para ser reconocidos".
Pero esa labor de custodio del jardín borgeano no obedece, según Kodama, a ningún compromiso adquirido. "Nunca acepté nada de Borges", enfatiza. "Lo que yo quería es que Borges sintiera que yo le quería a él como persona, por él mismo, no por la fama, no por la inteligencia". Un amor algo más que eterno, como sugiere Kodama al principio y al final de su Homenaje: "For ever and ever and a day".
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'Aventuras y desventuras de Mari Loli Baker en el ciberespacio', una novela de Elena Martínez
© 2013, reseña por Ismael Lorenzo
El título me atrajo, porque quién en este mundo moderno no ha sufrido aventura y desventuras en ese infinito ciberespacio.  Pero al comenzar su lectura nos  encontramos algo más bien inesperado: su humor contagioso, la búsqueda del amor y unas andanzas tan llenas de embarazosas  aventuras cybers, que lo hace emparentar salvando las distancias temporales, en su atracción y delicias de humor, con aquel John Kennedy Toole de ‘La conjura de los necios’, una de las obras maestras de nuestro siglo XX.
 Y Mari Loli nos trae esa risa una y otra vez en la que no podemos parar.  En todos mis largas lecturas de nerd nunca había podido encontrar un equivalente tan merecedor y cercano a John Kennedy Toole como este libro de Elena Martínez. 
Cuando uno se integra al libro, porque es un inmenso chat donde no todos hablan, pero  leemos atentos los cotilleos de los otros, empezamos a comprender los anhelos y confesiones  de la narradora principal, que empieza comiéndose unos bomboncitos en forma de pene que se ha comprado esa tarde en el supermercado erótico, y luego nos habla cuando compró su primer consolador, a los dos años de romper con su ex. 
“Me costó mucho decidirme pero, al final, pudo conmigo la pura necesidad: hay que poner orgasmos en nuestras vidas, y con un poco de ayuda se consiguen más fácilmente”.  
De izq. a der. Alfonso Aguado, Elena Martínez y la encargada de la presentación Sophie
Hay una segunda voz dentro de esta novela ‘Pater Iracundus’ (Alfonso Aguado) magistral y divertido también, un señor ya mayor escandalizado por estos tiempos que corre, y que la aconseja:
 “Encauce su vida por el buen camino y si tiene usted la grupa caliente, dese una ducha fría. El calor que siente entre los muslos no es nada comparado con el que hace en el infierno...”
Durante toda la novela esas confesiones de Mari Loli nos hacen reír porque aunque sean comunes, son poco usuales  a plena luz, son esas confesiones de chica sola que trabaja en un ‘call center’, y su búsqueda de algo que sino es amor, por lo menos encontrar a alguien decente que le eche un polvo, esto parece fácil en el mundo actual pero no  lo es y eso es lo que nos va revelando este libro, y mientras trata de encontrar eso, Mari Loli se ayuda con sus eficientes consoladores de hasta siete velocidades:
“Me tumbé en la cama y, tras enchufarlo para que vibrase, hice que el conejito me demostrase si todo aquello que prometía hacer era cierto. Una locura, nunca había tardado tan poco tiempo en conseguir un orgasmo. ¡Qué día aquel en el que volví a perder la virginidad!”.
Vivimos un mundo de soledad dentro de la multitud, y un medio de salir de la soledad son esos chateos que nos permite la web, donde a veces surge el amor, se encuentra a alguien con el que congeniamos como nadie antes, pero está a miles de millas de  distancia, esta es una de las tragedias de esa realidad, donde no siempre todo es real y en ocasiones las verdaderas identidades son tan elusivas como sus fotos y nombres de perfil, y donde los malentendidos abundan. Es nuestro mundo virtual, con sus ventajas y desventajas y es lo que nos va revelando este libro. Esas nuevas formas de interactuar, esas nuevas realidades, esa nueva osadía femenina: 
“Mis copas de vodka negro con lima bajaban a una velocidad demasiado rápida, la cabeza me daba vueltas y, en una de estas, le pregunté claramente si iba a enrollarse conmigo o no, porque no tenía toda la noche”.
 En el fondo, el libro de Elena Martínez  es una novela romántica dentro de un formato magistral y moderno, una originalidad de la que hoy no abunda y un humorismo que pasa por una nueva ‘picaresca española’ hasta John Kennedy Toole, ese cibermundo del que se ha tratado poco, porque es algo nuevo. Y que es más romántico y práctico de lo que muchos piensan, aunque a veces no es tan fácil llegar hasta lo último en el cyberspace: “Y si no me lo he tirado es porque no ha habido una ocasión para hacerlo todavía…”, afirma Mari Loli.
  Al final todos nos alegramos de que Mari Loli haya podido encontrar su amor, haya tirado sus polvos y no tenga ya que recurrir a sus útiles juguetes.  ‘Aventuras y desventuras de Mari Loli Baker en el ciberespacio',  una obra que perdurará porque nos lleva dentro de la realidad que no vemos y eso es una de las tareas de la literatura.

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Una edición especial en homenaje al gran escritor cubano José Lezama Lima
Del Centro Editores presenta una edición especial en homenaje al gran escritor cubano José Lezama Lima, de quien se cumplirán treinta y seis años de su muerte el próximo día 8 de agosto
Se trata de un facsímil de una carta a su sobrinanieta Ileana Bustillo enviada desde La Habana en 1967. El texto, totalmente inédito, nos muestran a un escritor afectuoso, que añora la cercanía de los suyos.
José María Fernando Lezama y Lima, más conocido como José Lezama Lima, uno de los mayores escritores en lengua española del siglo XX, nació el 19 de diciembre de 1919 en La Habana. Era hijo de José María Lezama y Rodda y de Rosa de Lima María Lima y Rosado.
El matrimonio tuvo también dos hijas: Rosa María Eloísa Lezama y Lima, y Eloísa del Carmen Lezama y Lima. Rosa María tuvo dos hijos, por ende sobrinos de José Lezama Lima, Ernesto Antonio Bustillo y Lezama y Marta Ana Bustillo y Lezama. Ernesto Antonio Bustillo y Lezama su casó con Elsa Enriqueta Sotolongo y Dubrocq. Este matrimonio tuvo varios hijos entre los que se encuentra Ileana Marta Bustillo, sobrina nieta de José Lezama Lima y a quien le escribe esta preciosa carta.
Fragmento de la carta
«Ahora nuestra familia está dispersa, quizá algún día vuelva a unirse, entonces en todos nosotros habrá una nueva alegría, cantaremos un himno que será oído en la luna.
Con tu hermanita, Orlandito y Marta Rosa, forman un grupo en el que sueño, que cantan en los días futuros muy bellas canciones cubanas».
La edición incluye una foto de José Lezama Lima tomada en La Habana el mismo año que escribió la carta, y una fotografía de Ileana Bustillo, también, de ese momento. La tirada consta de cien ejemplares firmados y numerados por Ileana Bustillo.

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"La civilización del espectáculo", Mario Vargas Llosa


Mario Vargas Llosa suele decir lo que piensa aunque sus opiniones levanten ampollas, y polémica suscitará sin duda su nuevo ensayo, "La civilización del espectáculo", una dura radiografía de la actualidad en la que critica la banalización de la cultura, la política y el periodismo

En este libro, que Alfaguara publica ahora en España y que paulatinamente se irá distribuyendo en Hispanoamérica, el escritor peruano pronostica la desaparición de la cultura, "en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo", y constata "el eclipse" del intelectual en la sociedad actual.
"El intelectual sólo interesa si sigue el juego de moda y se vuelve un bufón", escribe Vargas Llosa en su nuevo ensayo, un libro valiente y lúcido con el que denuncia la excesiva importancia que se le da al entretenimiento y a la diversión en nuestro mundo.
Querer divertirse "es legítimo", afirma este gran novelista, Premio Nobel de Literatura, pero convertirlo en un valor supremo tiene sus consecuencias: "la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad, y en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo".
Ese afán de diversión influye en la literatura y hace que la que triunfe sea la "light", y tiene también como consecuencia que la crítica literaria, tan necesaria para arrojar luz en el confuso panorama cultural, tenga una influencia cada vez menor.

Los "chefs" y los modistos tienen ahora "el protagonismo que antes tenían los científicos, los compositores y los filósofos", señala Vargas Llosa en su ensayo, el primer libro que escribe después de ganar el Premio Nobel.
En esta cultura "de oropel" imperante, "las estrellas de la televisión y los grandes futbolistas ejercen la influencia que antes tenían los profesores, los pensadores y (antes todavía) los teólogos", añade el autor de novelas tan esenciales como "La casa verde", "Conversación en la Catedral" o "La fiesta del Chivo".

"El desprestigio de la política en nuestros días no conoce fronteras", debido en parte a que "el nivel intelectual, profesional y sin duda también moral de la clase política ha decaído", afirma Vargas Llosa, quien también llama la atención en su libro sobre la escasa influencia que ejercen los intelectuales en la sociedad actual.

El intelectual "se ha esfumado de los debates públicos, por lo menos de los que importan", sostiene el escritor, consciente de que el pensamiento ha ido perdiendo peso en "la civilización del espectáculo" y de que hoy priman "las imágenes sobre las ideas".
El cine, dice en el libro, ya no produce creadores como Bergman, Visconti o Buñuel. Hoy se considera un "ícono" a Woody Allen, "que es, a un David Lean o un Orson Welles, lo que Andy Warhol a Gauguin o Van Gogh en pintura, o un Dario Fo a un Chéjov o un Ibsen en teatro".

En su libro, que el autor presentará el 25 de abril en la Casa de América, de Madrid, se detiene también en las artes plásticas y asegura que, en ellas, "la frivolización ha llegado a extremos alarmantes".
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'Fifty shades of grey', un best seller 'Hot', de la británica E.L. James

La novela erótica 'Fifty shades of grey', la obra que explora la tortuosa relación entre un millonario y una virginal estudiante universitaria, ha encontrado un lugar en millones de dormitorios e inspirado talleres de sexo en EEUU, pero también ha suscitado la censura en varios estados del país
El libro, parte de una trilogía de la autora británica (Erika Leonard) E.L. James, ha vendido más de tres millones de ejemplares desde su publicación en abril y se ha convertido, inesperadamente, en un gran éxito. Su autora es una ex ejecutiva y madre de dos adolescentes quien nunca antes había escrito un libro.

La novela explora la complicada historia de amor entre Christian Grey, un apuesto empresario millonario que arrastra un pesado bagaje de abuso y abandono emocional en su niñez, y Anastasia Steele, una tímida joven universitaria que se entrega, con una mezcla de miedo y curiosidad, a sus placeres más oscuros.

La tienda 'Babeland', en Manhattan (Nueva York), organizó la semana pasada un taller en el que ofreció consejos para poner en práctica lasescenas más eróticas de la novela y los primeros 25 primeros asistentes recibieron objetos como los que usa Christian para seducir a la púdica señorita Steele.

La novela también tiene seguidores en Facebook y una larga lista de espera en las bibliotecas donde no ha sido vetada y hasta el popular programa de comedia 'Saturday night live' le dedicó un espacio recientemente.
E.L. James
Su éxito, sobre todo entre las mujeres -la audiencia a la que está dirigida la saga- se debe a que responde a las más íntimas fantasías de dominación o sumisión de este grupo, según los expertos.
"El libro no aporta ningún elemento distinto en este género, pero está escrito por una mujer común y corriente que permite a otras moverse dentro de la fantasía para explorar su sexualidad. Todo comienza en el cerebro, y esta novela les permite fantasear y alimentar su líbido", dijo la psicóloga Claudia Campos.
"Los hombres piensan en el sexo durante el día, y las mujeres no suelen permitirse eso. Una fantasía de muchas mujeres es el sexo salvaje y en ese punto esta novela toca en la llaga", agregó.
Pero las frecuentes y detalladas escenas sexuales de la pareja -a cualquier hora y en cualquier lugar-, incluyendo actos de sadismo y masoquismo, le han valido la censura en decenas de bibliotecas públicas en Florida, Georgia y Wisconsin, por considerarlo "pornografía".
'Fifty shades of grey' ocupa el primer lugar en la lista de libros del 'New York Times', seguido por los otros dos libros que completan la serie, 'Fifty shades darker' y 'Fifty shades freed'.
Sin embargo, pese a su éxito, la novela es desconocida por el presidente, Barack Obama, según reconoció esta semana en el programa 'The View' de la cadena televisiva ABC.
El presidente respondió a las preguntas de las cinco mujeres famosas que integran esta tertulia matinal, entre las que estaban la actriz Whoopi Goldberg y la veterana periodista Barbara Walters, pero desconocía la respuesta a la pregunta sobre cuál es el libro de mayor ventas en la lista del 'New York Times' desde hace once semanas.
"No lo sé", confesó Obama, provocando sonrisas de complicidad entre la audiencia en el programa. "Le preguntaré a Michelle cuando llegue a casa", dijo.

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Las 'Obras Completas', de Guillermo Cabrera Infante comienzan a publicarse


La obra de Guillermo Cabrera Infante publicada en forma de libro no ocupa ni la mitad de su producción escrita. En  la parte de ficción, porque dejó varios libros inéditos, algunos de los cuales, como 'La Ninfa Inconstante' o 'Cuerpos Divinos', han sido recuperados por Galaxia Gutenberg en los últimos años

En el ámbito ensayístico, porque la gran mayoría de su producción periodística fue publicada en un sinfín de diarios y revistas, pero nunca recogida en un libro. Las 'Obras Completas' que ahora se inician pretenden precisamente llenar ese vacío.

El primero volumen de estas obras recoge la casi totalidad de las críticas cinematográficas que Cabrera Infante publicó bajo el seudónimo de G. Caín. Vertebrado alrededor de uno de sus libros canónicos, 'Un oficio del siglo XX', dos tercios del volumen recogen la integridad de las críticas no recogidas en esa obra y que entre 1954 y 1960 el autor publicó en el semanario Carteles.


Se reúnen también todas las entrevistas que realizó durante esos años, con un elenco de personajes que va de Marlon Brando a Luis Buñuel y, en la última sección, las crónicas y reportajes que fueron objeto de su pluma.

"Nunca me veo como un autor libresco porque entre los libros y la vida siempre he escogido el cine", escribió Cabrera. Este libro permite ahora asistir a la creación del estilo del escritor cubano, y constituye además un destile de anécdotas y vivencias que complacerán a cualquier cinéfilo que se precie.

El director de las 'Obras Completas' de Cabrera Infante, Antoni Munné, ha recalcado este martes que la mitad de su obra "aún no es conocida por el público", y ha admitido que incluso él no ha sido capaz de leer "todo lo que escribió", por ser "inmenso".

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Trilogía americana', tres obras maestras de Philip Roth

Galaxia Gutenberg publica 'Trilogía americana', donde se reúnen tres obras maestras más o menos recientes de Philip Roth

Responden perfectamente al mito de la "gran novela americana", la gran ballena blanca que cada tanto alguien arponea en EEUU. 'Pastoral americana', de 1997, 'Me casé con un comunista', de 1998, y 'La mancha humana', de 2000. Esta última, según muchos, es una de los grandes obras de narrativa del siglo XXI. 'Pastoral americana’, también según muchos 'fans', es la cumbre de Roth, un literato célebre desde los años 60, un hombre por encima del bien y del mal (y del Premio Nobel). 

Los últimos títulos de este novelista, desde 'La mancha...' van seguidos de discusión: "¿La última novela de Roth es de las buenas o como 'Elegía'?". 


Aunque esta trilogía áurea no ofrece discusión. Pertenecen al "ciclo Zuckerman" (nueve relatos), narrados por el 'alter ego' más famoso de Philip Roth. Es Nathan 'Skip' Zuckerman un escritor judío de Newark, de la misma edad que el autor. Escribe "sobre padres e hijos".  Zuckerman y Roth son Mr. Morbo, ese monstruo verde de los informativos de 'Futurama' que pide carne humana.


'Pastoral americana' compone la vida del 'Sueco' Levov, el rey del instituto. En 'Me casé con una comunista', el cotilla Zuckerman indaga en el matrimonio de Ira Ringold. En 'La mancha humana' trata sobre el profesor de una universidad de segunda, Athena, Coleman Silk.

'La mancha humana', en cierto modo, es lo contrario de 'Pastoral...'. Si Levov era el hombre perfecto, ungido por el Tío Sam, feliz y sin aparente interioridad, Coleman Silk es el desarraigo, como Don Draper en 'Mad Men'. Es la lucha por el individualismo y la ruptura con las raíces. Zuckerman arranca este "campus fiction" con el escándalo Lewinsky ("el éxtasis de la mojigatería"), época en que conoció a Silk, entonces ex decano de Athena. Justo antes de su expulsión por un comentario racista, el tiempo en que el provecto Silk, con más de 70 y botes de Viagra, se enrolla con una dependienta treintañera llamada Faunia. Zuckerman descubre (¡hasta el mínimo detalle!) que el anciano proviene de una familia de negros.

Para desprenderse se hizo pasar por blanco judío (nace casi blanco de piel). Ahí su gran secreto, su mancha. Como Levov, Silk conoció la II Guerra Mundial, tiempos del 'jitterbug'. Se alistó como blanco (y a la vuelta, se despidió para siempre de su madre) . No se salva nadie. Pero es un sufrimiento con label de calidad.

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El cementerio de Praga', de Umberto Eco
El escritor y catedrático piamontés advierte en una entrevista del riesgo de contagio "del populismo de Berlusconi", en un momento en el que los países occidentales "se están aproximando a una grave crisis de la democracia representativa".

Umberto Eco (Alessandria, 1932) ha viajado a Madrid para presentar "El cementerio de Praga" (Lumen), una novela que protagoniza el capitán Simonini, un falsificador que vive en el París de finales del siglo XIX y que vende al mejor postor sus habilidades difamatorias y su capacidad para construir intrigas y complots.

"Simonini está aún entre nosotros. Piense en las revelaciones de Wikileaks, en los documentos falsos sobre las armas de destrucción masiva en Irak, que han servido para crear una guerra sobre la base de falsificaciones", afirma el autor.

En su opinión, "enfermedades sociales" como la que sufre Italia en la actualidad "no tienen un cura inmediata" y recuerda que "el apoyo" que los italianos dieron en su día al fascismo tuvo una "cura" traumática: "una guerra mundial con varios millones de muertos".

Eco -Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2000- asegura que en Italia existe "una visión muy optimista de España" que no ha cambiado tras la crisis económica.

"El cementerio de Praga", que encabeza ya las listas de libros más vendidos de varios países, se ha publicado treinta años después de "El nombre de la rosa", el debut como novelista de Eco y uno de los mayores fenómenos literarios de las últimas décadas.

NOVELAS:
• El nombre de la rosa (1980) - Novela de misterio ambientada en la Edad Media.
 El péndulo de Foucault (1988) - Novela de complot, esoterismo y magia ambientada en la actualidad.
• La isla de antes (1994) - Historia de un noble del siglo XVII que naufraga en la línea de cambio de fecha.
 Baudolino(2000) - Historia de un joven labriego del Piamonte adoptado por el emperador Federico I Barbarroja y de sus increíbles aventuras.
 La misteriosa llama de la Reina Loana (2004) - Esta novela esta dominada por la niebla. En la niebla se despierta Yambo, después de sufrir un incidente que le hace perder la memoria. Acompañándole en la lenta recuperación, su mujer le convence de volver a la casa de campo donde se conservan los libros que leyó de niño, los cuadernos de escuela y los discos que escuchaba entonces.
 El cementerio de Praga (2010), historia de espías y conspiradores cuyo argumento gira en torno a un falsificador de monedas contratado por servicios secretos de varios países europeos.

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«Mujercitas» (y primera secuela, «Aquellas mujercitas»), de Louisa May Alcott


Después de haber publicado en octubre «20.000 leguas de viaje submarino», la extraordinaria novela de Julio Verne, la Editorial Molino, publica ahora «Mujercitas» (junto con su primera secuela, «Aquellas mujercitas»), de Louisa May Alcott


Una novela con la que el paso del tiempo quizá haya sido algo cruel, pero que en el momento de su publicación, 1868, presentaba algunos rasgos, sobre todo en el personaje de Jo, bastante rompedores y cercanos al feminismo, al que la propia Louisa May Alcott no era para nada ajena.

Jo (June Allyson en la inolvidable película de Mervin LeRoy) se corta el pelo, su tesoro más preciado, para pagarle el viaje a su madre para que pueda visitar a su esposo herido en le Guerra de Secesión; Jo es contestona; Jo no se casa con el amigo Laurie, el preferido de la familia; Jo quiere ser escritora.

Como recuerda Cristina Fernández Cubas en el prólogo: «Hace algunos años, en cierta mesa redonda nos preguntaron por nuestras lecturas de infancia. Citamos a Verne, a Stevenson, a Salgari... y yo, sin sospechar a lo que me exponía, incluí el nombre de Louisa May Alcott. No sé de otra lectura que, como "Mujercitas”, haya producido tantas identificaciones, preferencias y tomas de partido. En las familias con varias hermanas sobre todo, y con una clara ventaja a favor de Jo. Todas quisimos ser Jo. O, por lo menos, la admirábamos. Y Jo —aquí está el dato que ahora me interesa— había decidido ser escritora. Jo March (no le gustaba que la llamasen Josephine) fue sin lugar a dudas, la primera autora de mi vida, la primera “novelista de papel” o, si se quiere, el primer personaje “escritora” del que conservo vivo el recuerdo».

Louise M. Alcott a los veinte años.

El recuerdo de aquellos tiempos anteriores al imperio de la imagen, cuando la imaginación y los libros nos hacían volar dentro de un mundo diferente.
Para muchos los libros de Louise M. Alcott, desde 'Mujercitas' hasta 'Hombrecitos' continúan siendo un tesoro de nuestra memoria.

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Autobiografía de Mark Twain, cien años para ser publicada

La Universidad de California finalmente publica la autobiografía que Mark Twain quiso mantener en secreto


Puede considerarse como uno de los más brillantes montajes en la historia del marketing. A la altura de Facebook. pero con el mérito de cien años de premeditación. Ya que el bestseller más anticipado en la nueva temporada cultural de Estados Unidos la autobiografía de Mark Twain (1835-1910) llega finalmente a las librerías tanto analógicas como digitales con fuerza de bestseller después de una moratoria de un siglo impuesta por el icónico autor americano para no tener que morderse la lengua al escribir sus recuerdos con estilo de bloguero.

Tras seis años de meticuloso trabajo de edición a partir de cuatro archivadores repletos de papeles, un grupo de académicos y la editorial de la Universidad de California han sacado estos días la primera entrega de 760 páginas, con el compromiso de publicar otros dos volúmenes adicionales en el plazo de cinco años. Además de colgar en Internet todo ese material enciclopédico, del que al menos la mitad es totalmente inédito.

Durante los últimos cuarenta años de su vida, el autor de Las aventuras de Huckleberry Finn, obra que Ernest Hemingway calificó como la fuente de toda la literatura moderna de Estados Unidos, se dedicó a contar sus propias aventuras pero sin grandes progresos.




Hasta que en 1904 se le ocurrió un método a su juicio perfecto: Comenzar sin empeñarse en un momento particular y deambular con libre albedrío por toda tu vida. El resultado es un torrente de conciencia, la madre de todos los monólogos interiores o, tal y como lo definió el propio autor, un revoltijo completo y deliberado. Con amplias oportunidades para que el consagrado escritor y viajero impenitente se reinvente una vez más, recuente su transformación de Samuel Langhorne Clemens a Mark Twain, acribille a sus contemporáneos y comente con su obligada insolencia sobre la actualidad del momento y las limitaciones de la condición humana.

A juicio de Harriet Elinor, editora principal del primer volumen, sin entrar en sus méritos literarios, la esperada autobiografía es una obra gratificante y algo realmente diferente.

El proyecto también ha sido un colosal rompecabezas para poder dar sentido y ordenar las más de 2.500 páginas dejadas por Mark Twain en forma de diarios, cartas, bocetos de personajes, ensayos, reflexiones y falsos comienzos. Aunque buena parte de ese material autobiográfico fue redactado entre 1906 y 1909. Durante ese periodo, sin salir de su cama por las mañanas, el escritor se dedicaba a dictar a una de sus secretarias, Miss Hobby. A veces inspirado por algo que acaba de leer en los periódicos del día, Twain también anotaba y corregía esos textos mecanografiados que consideraba mucho más cándidos y menos literarios que todo lo que él mismo era capaz de escribir de su puño y letra. Pero toda esa rutina creativa terminó con la muerte de su hija pequeña, Jean Clemens, cuatro meses antes de su propio punto y final el 21 de abril de 1910.

Según sus instrucciones, este libro no es un acta de venganza y la divulgación de sus contenidos debía ser escalonada. Una táctica de gradualismo editorial, que además de permitir rentabilizar en el tiempo derechos de autor, permitiría llegar, según Mark Twain, hasta un momento en el que toda su autobiografía pudiera salir a la luz sin necesidad de ser expurgada. Un plan que finalmente ha podido cumplirse a los cien años de muerte, a pesar de sus ganas de reservar algunas porciones durante cinco siglos.

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Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa



Vargas Llosa siempre ha querido imitar a sus maestros decimonónicos, a esos para quienes la novela necesita un gran número de páginas y no textos anémicos (hoy tan frecuentes).
Pero Vargas Llosa también ha querido aplicar con gran vanguardismo los cambios narrativos del siglo XX, por ejemplo, en el uso del punto de vista, fragmentario, parcial. Ha sabido, pues, mostrarnos la perspectiva cambiante, de los distintos narradores que habitan en la novela y que miran el mundo de modo distinto.

Ya no es posible contar las cosas al modo de Dios, ya no es posible narrar a la manera de un observador omnisciente que, como en Victor Hugo (La tentación de lo imposible, 2004), lo sabe todo de todos sus personajes.

Para algunos críticos la Niña Mala de las Travesuras... evoca a Emma Bovary, quizá a una Emma Bovary de nuestro tiempo, sin las mojigaterías burguesas del Ochocientos.
¿Es así? Vargas Llosa se muestra potente y vigoroso con esta novela, tanto que en ciertos pasajes y en determinados momentos nos recuerda al autor que empezara en 1963, con La ciudad y los perros, recuerda al autor de Conversación en La Catedral (1969) recuerda al autor de La Tía Julia el escribidor(1977).

Esas ficciones autobiográficas le sirvieron a Vargas Llosa para recrear de otro modo y con otros materiales lo que era propiamente una experiencia personal.

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"Memorias de un guerrillero cubano desconocido", un libro de penetrante humor
El hijo del comandante Almeida relata en un libro la descomposición de la élite cubana


"Memorias de un guerrillero cubano desconocido" es el título de este libro cuya portada reproduce una foto de Juan Juan Almeida a la edad de 5 años sosteniendo un fusil de asalto, vestido de militar y acompañado por el actual presidente de Cuba, Raúl Castro, el cual se apoya en la vitrina de una maqueta del "Granma", yate en el que desembarcó Fidel Castro para hacer su revolución.

Es más: mientras Fidel Castro, en 1965, daba el discurso del IX aniversario del desembarco del "Granma", alguien le pasó un papelito, el Comandante en Jefe lo leyó y desde su tribuna de la Plaza de la Revolución anunció que acababa de nacer el hijo del comandante Almeida, o sea el autor de estas "Memorias".

Acusado de espionaje y de haber ayudado a escapar de la isla a cubanos durante el periodo en el que trabajó en México, acusaciones por las que nunca ha sido procesado, Almeida fue detenido cuando, el pasado 6 de mayo del 2009, trató de salir ilegalmente de Cuba por la zona oriental para reunirse con su familia en Estados Unidos y tratarse el reúma degenerativo que padece.


Juan Juan Almeida con su esposa ya en Miami

Pese al dramatismo de la situación, Almeida ha optado por la ironía para escribir sus memorias, baste la alusión al anuncio de su nacimiento por parte de Castro: "si el advenimiento del niño Jesús en aquel pesebre de Judea hubo de ser precedido por el lucero azul; el mío, allá en el Hospital Naval de las afueras La Habana, fue anunciado por nuestro padre Fidel. Inequívoca señal divina."

O como la frase que acuña en estas páginas para referirse a la situación política latinoamericana: "Sólo manejan el arte de vivir aquellos que hablan como los de izquierda, piensan como los del centro y viven como los de derecha".

Almeida evoca su educación elitista y cuenta que su madre contrató una especie de institutriz a la que debía llamar "señorita Julieta Mier" que, según estas memorias, "además de música nos enseñaría a sentarnos, a vestirnos, y a conversar despacio sin decir el improperio 'compañero".

La tal "señorita Mier" enseñó piano a las hermanas de Juan Juan, pero no a él porque, como advierte en su libro, los revolucionarios consideraban que "los varones que tocaban ese instrumento terminaban pajaritos".

De ir de cacería en helicóptero cuando era poco más que un niño ha pasado a manifestarse en solitario, hace apenas dos semanas, en la misma Plaza de la Revolución en la que Fidel anunció su nacimiento, pidiendo que le dejen salir del país, por lo que ha sido nuevamente detenido.

De ahí que el editor de estas memorias, Abelardo Linares, sostenga que el verdadero heroísmo de Juan Juan es "el de sobrevivir y el de haberse atrevido a contar, con humor admirable, su verídica y personal historia", desde su "niñez asombrosa y feliz" a "su expulsión del paraíso y el descenso a los infiernos de todo el que en la isla entra en conflicto con su poderosísima maquinaria de poder".

A pesar de su situación actual, el autor prefiere el humor al patetismo o la épica, como demuestra al final del libro: "Pensaba terminar con la palabra 'Libertad' pero eso está muy gastado. Luego me vino a la mente 'La histeria me absolverá'; pero esta frase, como muchos sabemos, me podría causar problemas."

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FRAGMENTO

PRIMERA MISIÓN SECRETA

Pasó algún tiempo hasta que yo volviera a jugar a los partisanos, pero con tanta repetición en los matutinos escolares volví a convencerme de que yo quería ser como el Che y que una simple retirada de cobardía, provocada por el instinto de conservación, no disminuye a ningún héroe, como demuestra nuestra historia reciente.

Mi carrera de guerrillero, como la de algunos otros amiguitos, fue muy bien guardada. Un buen día, cuando aún no había entrado en la adolescencia, alguien me rumoró al oído que Velasco Alvarado, el presidente de Perú, me había invitado a visitar su país. Lo primero que pensé fue que el tal Velasco se estaba volviendo loco porque sólo a un demente se le puede ocurrir invitar a un niño que no conoce; bastantes niños peruanos habría para invitar en Perú y seguramente mejor educados. Después supe que la invitación no era para mí, que yo iba colado pero como el tema era de viaje me preparé con urgencia porque a ciencia cierta, mis ideales, confundidos como los de muchos cubanos, estaban más cerca de Marco Polo que del Che Guevara.

No me gustó de tan impresionante aventura su carácter secreto, tenía que ser en silencio por mantener la sencillez de un guerrillero. Claro que terminé violando las reglas clandestinas porque me encanta el chisme y porque considero ridículo viajar sin presumir. Creo que a partir de ese momento comencé a diferenciarme de los llamados «modestos».

Viajamos varios amiguitos revolucionarios y un escolta, pero mantendré sus nombres alejados de tan importantes intentos parranderos para evitar problemas. El vuelo fue fascinante, más sabiendo que viajar era un derecho exclusivo de los hombres libres, los confiables. Los llamados gusanos, los que habían partido a Miami, esos no viajaban, se largaban por cobardes. Yo había montado aviones para viajar a Santiago de Cuba, pero nunca un avión tan grande. Estaba tan impresionado que hasta el traje y la corbata me parecían cómodos. Me comporté como mi madre ordenó: calladito y obediente durante toda la turisguerrilla.
En aquel entonces yo pensaba que viajar a otros países era como visitar otro mundo con cosas totalmente diferentes, que la gente vivía en cuevas o en naves espaciales, que volaban o flotaban como en mis sueños. Pero no, al abrirse la puerta de la nave se me apareció una ciudad cualquiera. Lima era como La Habana cuando el cielo está nublado, y todo el tiempo caía una especie de llovizna que no mojaba ni molestaba. La gente hablaba mi idioma, aunque con un ritmo bastante diferente y usaban un «pues» que simpáticamente me salía hasta en la sopa. Pero los colores, pues, sí que eran novedosos.

Según nos paseaban, la ciudad me iba atrapando, contándome aquellos enigmáticos secretos que fácilmente envuelven la imaginación de cualquier niño: un montón de gente, nuevos sabores que se movían desde la pachamanca al ceviche pasando por un dulce que sabía como a jabón de lavar, el casco histórico, un enorme fuerte a la orilla del mar, testimoniales museos de arqueología, la pesca en clavado de los pelícanos, y todo eso, envuelto en el fantasmagórico temor de estar constantemente acechado por un terremoto, hicieron de mi viaje algo fascinante.
Mi primer encuentro con el capitalismo fue con el chicle Adam’s, los caramelos «Halls», las jugueterías, el tobogán del parque de diversiones, el tren del terror, la casa de los espejos, los comerciales de televisión y los muñequitos de Popeye el marino. En mi Cuba infantil no existía nada de eso, los chicles estaban prohibidos, el tiovivo del parque Acapulco permanecía roto desde que se inauguró, en la casa de los espejos del extinto Coney Island sólo se perdían el detergente y el agua, y de los muñequitos ni hablar porque Mashenka andaba jodiendo con su oso, Elpidio Valdés se la pasaba peleando con los españoles, y Matojo, que era mi preferido, me aburría con su voz de vieja enamorada. En aquel entonces, qué ídolo de historietas iba a superar a Fidel Castro.

Nos quedamos en un hermoso vecindario, en una hermosa casa con un hermoso jardín, tras un hermoso muro y con un hermoso perro gran danés que llevaba por nombre Rocco. Rodeados de tanta hermosura comenzaron a aparecer las cosas desagradables: no se podía salir a jugar pelota en la acera porque en Lima raptan a los niños, no podíamos decir en público que éramos cubanos porque la prensa nos acecharía, no podíamos acercarnos a la puerta de la calle porque la CIA nos podía matar, y no podíamos invitar a nadie a la casa por temor a no recuerdo qué. De todas las restricciones sólo la última molestaba porque me pasaba las mañanas en la ventana vigilando a una niña que transitaba a diario con una mochila de cuero negra.

Nunca supe si iba para la escuela, pero era poco probable porque no usaba pañoleta. Varias veces me pregunté si mi desconocida amiga sería pobre o Testigo de Jehová, ya que los Testigos de Jehová eran los únicos que no usaban tan honorífica insignia pioneril porque, según me enseñaron, estaban confundidos o eran contrarrevolucionarios, y los pobres porque, fuera de mi país, la educación no es gratis y los niños nacen burros. Pero, burra o contrarrevolucionaria, me hubiese gustado conocerla, cargar su mochila y conversar con ella. Es más, creo que fue mi primer amor platónico.

Pasaron unos días hasta que llegó el momento de conocer a nuestro invitador. Nos condujo al encuentro uno de sus hijos que curiosamente romanceaba con una rubita cubana. No es que se comentara mucho, lo recuerdo porque a los cubanos nos encanta el comadreo. El muchacho presumió con elegancia su auto y su manera de conducir al estilo Fórmula Uno, recorrimos una gran distancia por una autopista gigante y como dos peajes. Si el Alvarado junior me hubiese sobornado con un par de chicles Adam’s, le hubiese contado que mi compatriota hembra estaba derretida por sus adornos y sus encantos de varón.

La reunión entre guerrilleros estuvo muy interesante, una casa de campeonato, una comida de cine y una piscina de lujo que no pude disfrutar porque había un perro manchado que me espantaba y aunque alguien gritó: «No se preocupen que no hace nada», hiciera o no, le tengo miedo a los perros y decidí no mostrar mis dotes de nadador.

En pocas palabras: el presidente estuvo como todo un presidente. Una conversación trivial en la que yo sonreí sin abrir la boca, el señor mandatario pensaría que entre sus invitados había un muchachito imbécil, pero preferí callar por miedo al papelazo y por no parecer lo egocéntrico que soy, sobresalir era peligroso y un solo error me podía poner de patitas en La Habana. Pero eso no se lo conté a mi madre, que días antes de salir de Cuba, me había hecho leer un libro sobre las famosas líneas de Nazca y las culturas precolombinas. A ella le hacía ilusión pensar que tenía un hijo culto que podría hablar tendido sobre Illapa, Inti o Viracocha, las deidades Incas que representan la luna, el sol y el Dios creador. Se comentó sobre la sencillez, la modestia y la humildad de la revolución cubana hasta que por fin se enfocaron en las rutas, el presupuesto y los preparativos de nuestra expedición. No recuerdo si fue allí o después cuando se entregaron un fusil AKM de fabricación polaca, una subametralladora israelita UZI, un fusil 2,2 con mira telescópica, mochilas, gorras y un montón de cosas que se repartieron según el nivel de responsabilidad de sus futuros portadores. Quiero imaginar que fue allí porque haber entrado a un país extranjero, cargando con todo ese arsenal, sería un acto verdaderamente irresponsable y violatorio del derecho internacional. Pero no importa, algo sí me quedó claro: sólo manejan el arte de vivir aquellos que hablan como los de izquierda, piensan como los del centro y viven como los de derecha.
Unos días después de la importante reunión comenzamos una expedición a la que alguien se empeñó en llamar con el ridiculísimo y sarcástico nombre de «Pioneros por el Amazonas». Parecería que el autor de tan insulsa frase no sabía que los niños cubanos no pueden salir de Cuba, ni siquiera acompañados de sus padres, a no ser en salida definitiva del suelo patrio, o en contadísimas delegaciones culturales o deportivas, pero era lógico y no lo voy a juzgar por eso, los políticos cubanos nunca saben nada o se hacen los que no saben.

El Cuzco es un alarde de energía, un derroche de culturas. Y la ciudad, con sus calles adoquinadas, el colorido vestuario de sus habitantes, y sus paredes de piedra, lo convertían en un lugar de sueños. Montar el tren fue una experiencia única y Machu Picchu fue el colofón porque su altura me provocó un soroche que me dejó como imaginé que quedaban las víctimas que los Incas ofrendaban con maíz y hoja de coca en sus fiestas a Inti Raymi.

Hubo algo que a los demás les encantó: dar de comer a las llamas. Es cierto que son animales inofensivos pero me provocaban cierto miedo porque yo las veía como un cuadrúpedo extraño perdido entre el caballo, la oveja, el conejo, y hasta se me parecían a aquel dromedario sucio y flaco que subsistía en el zoológico habanero comiendo caramelos «rompequijá».

Otro lugar inolvidable fue el desierto. Al menos yo nunca había visto tanta arena junta, mucha más que en cualquier playa, y se me hacía poderosamente curioso caminar y ver que unos segundos después el aire borraba todas mis huellas.
Después de esta experiencia nuestro grupo voló hacia Iquitos, otrora puerto importante cuando la fiebre del caucho. De allí salimos para el Amazonas donde tomaríamos una lancha para navegar por el caudaloso río hasta adentrarnos en la selva. No había puesto un pie en la embarcación cuando alguien jocosamente llamó nuestra atención sobre una mujer que lavaba su ropa en el afluente. Casi muero de estupor al ver que aquella «compañera» llevaba sus senos al aire y estos se movían con total libertad al ritmo de su oficio lavandero como si fueran los columpios de casa de mi abuela. Hasta ese momento yo sólo había visto las teticas de mis hermanas, insignificantes al lado de aquellas cosotas bailoteantes, por lo que no pude evitar fijarme sin querer hacerlo y por más que tratara de mirar hacia el firmamento azul de los poetas, mis ojos me traicionaban y corrían despavoridos a clavarse en los oscuros pezones de aquella exageración femenina. Pienso que aquella experiencia despertó mi afición por la pornografía. Ante tamaño sobresalto, la cámara de filmar, que era toda mi responsabilidad, cayó del bote al agua. Por suerte tuvo rápido arreglo y no pasaron males peores.

Nuestro capitán de fragata nos dio un largo paseo hasta un enclave turístico en el medio de la selva. Un hotel de construcción rústica pero inmejorable que me hacía recordar los chalets de las cacerías en Cuba, había hasta un tucán amaestrado y creo haber pensado que si la cosa era así, me encantaría la selva. Pescamos y comimos pirañas, vimos las anguilas y al rato nos fuimos a dormir.
Al otro día la cosa empezó a complicarse, salimos en canoas largas pero muy estrechas; si aquello se viraba, la familia de las pirañas que habíamos pescado la tarde anterior se desquitarían dándose tremendo atracón de carne cubana y en especial de la mía porque de seguro tengo la fibra muy bien condimentada por el exquisito arroz con pollo a la chorrera que mi mami preparaba los domingos.
Por fin, después de mucho rato de sufrir en silencio, llegamos a la orilla. Podría decir que desembarcamos cargados de ilusiones al estilo de Colón; pero en mi caso fue un naufragio. Aterricé de nalgas por no tocar el agua repleta de pirañas, anguilas y nutrias que son unos bichos espantosos parecidos a las ratas. Caminamos adentrándonos con dificultad por la tupida amazonía peruana en busca de asentamientos indígenas, yo me caía constantemente porque no miraba para el suelo y siempre estaba esperando el repentino ataque de jaguares, monos, serpientes u oficiales de la CIA.

A esas alturas echaba de menos la seguridad del hotel de paso y no quería estar en ese oscuro lugar donde nada se me había perdido. Mientras nos acercábamos al corazón de la selva, nuestro guía, para darle sabor al momento, nos decía que seríamos las primeras personas del mundo «civilizado» en tener contacto con los indígenas. El encuentro fue amigable, tuvimos un intercambio de regalos como muestra de afecto: trajes, plumas, flechas, arcos, cerbatanas, espejitos y otras cosas. Me sentí tan emocionado como pienso que se sienten los extranjeros que visitan mi país en busca de jineteras.

En una demostración de precisión los indígenas lanzaron sus dardos venenosos con enormes cerbatanas; y nosotros contestamos el gesto derrochando ráfagas de UZI y AKM. Nuestra sola presencia los hacía más humildes y salvo alguna risilla nerviosa por tanta pechuga desnuda de las indias, casi me echo a llorar por el dolor que provocaba en mí la sensibilidad hacia los aborígenes.
Nuestra experiencia colonizadora iba perfecta hasta que vimos escondidas en una esquina un montón de latas de cerveza y una radio grabadora. Es más, a los farsantes indios les gustaba más el chicle que a mí y esto desinfló mi globo de respeto, de fantasía y de inocencia. De algo tienen que vivir pero aquel show en el medio de la selva me decepcionó bastante. Yo estaba lleno de lodo de los pies a la cabeza y mantenía una imagen grotesca, me parecía a Robinsón Crusoe después del paludismo. Había recorrido medio mundo para que aquellos tipos sin dientes se burlaran de mi candor. Me disculpan los filántropos y los ecologistas pero yo me quedo con los estafadores del cemento; por eso entiendo a la jinetera que le roba a su cliente que se cree Diego Velázquez. A la selva no vuelvo más.

A nuestro regreso a La Habana nuestra guerrilla fue recibida con honores por haber puesto en alto el nombre de los pioneros. Por mi tremenda inmadurez política de entonces y de hoy, no entendí mucho; pero lo de guerrillero errante me gustó.

Pasó tiempo hasta que volviera a sentirme pasajero de un vuelo internacional. A los doce años de edad otra misión importante sonaba deliciosamente en mis oídos al brindarme la posibilidad y el honor de llevar nuestro estandarte, esta vez hasta México. Otro pasaporte, otras fotos, otras vacunas. No me gustan las jeringuillas, pero con tal de viajar soporto hasta violaciones. Me encantan los preparativos de un viaje, comprar ropa nueva, e ir al sastre, los planes para el visiteo y todo eso. Ya sabrá usted que cuando uno viaja, la gente le sugiere lugares, comidas, lecturas, etc. Yo me había comprado hasta una bolsita para los chicles porque ya había averiguado sobre la existencia de ese vicio capitalista pero nada, intento fallido. Una vieja indecente frustró mi viaje al país de los aztecas por entender que sus hijos tenían más condiciones que yó. Me tuve que quedar como se quedan las novias de telenovela ves- tidas y en la Iglesia. Bueno, en la iglesia no, porque las creencias religiosas entonces también estaban prohibidas. Mi único consuelo fue escuchar las historias de mis amiguitos que fueron, ver las fotos y agradecer regalitos baratos.

Dicen muchos dentistas que el chicle es dañino pará la dentadura; pero tengo que reconocer la pena que sentí al dejar a mis amiguitos con todos sus dientes sanos por no haber probado la toneladas de chicle que prometí traerles.

Juan Juan Almeida
La Habana

*Memorias de un guerrillero cubano desconocido,
Ediciones Espuela de Plata, Sevilla, 2009, pp. 10-18.

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'Mi amigo Stieg Larsson', por Kurdo Baksi

El periodista Kurdo Baksi descubre en el libro 'Mi amigo Stieg Larsson' cómo este escritor se convierte en uno de los autores más leídos del mundo

Baksi dice que o la viuda de Larsson retira su libro o no habrá cuarto libro de "Millenium". La familia de Stieg Larsson tiene miedo de lo que la viuda del autor de la trilogía que ya ha vendido 30 millones de ejemplares en el mundo pueda contar en sus memorias, por eso, si no las retira, impedirá que se publique el remate de "Millenium", anunció hoy en Madrid Kurdo Baksi.

Baksi presentó en España el libro "Mi amigo Stieg Larsson", escrito con los recuerdos de los 12 años que trabajaron juntos, "un libro de amistad, sin especulaciones", señaló.

"Desde ayer", explicó Baksi, el conflicto "emocional y económico" entre el padre y el hermano de Larsson y su compañera durante 32 años, Eva Gabrielsson, ha entrado en una nueva dinámica.

El 'amigo' de Larsson, muy criticado, entre otros, por la propia Gabrielsson, debido a algunos pasaje de su libro, sostiene que a la guerra por la herencia (la ley sueca sólo protege el derecho de los matrimonios) ahora se le ha sumado "otro conflicto: entre las 200 páginas que Eva guarda en su casa del cuarto manuscrito de "Millenium" y su propio texto.

"Si Eva publica en noviembre (sus vivencias con Larsson) habrá muchos problemas. La familia tiene miedo de lo que ella cuente y, si al final sale, no autorizarán que haya un cuarto 'Millenium', subrayó Baksi.

El autor no se recató en decir que, a pesar de que la familia "da" a la viuda "dos millones de euros" ella "quiere todos los euros", pero se mostró confiado en que habrá "acuerdo".

"Mi amigo Stieg Larsson", según Baksi, será el único libro que haya "en mucho tiempo" sobre la vida del escritor, fallecido de un infarto en 2004, a los 50 años, sin que viera publicada la trilogía "Milenium".

Las duras críticas que hace Gabrielsson a su libro son porque ella no lo ha leído sino su abogado, pero si lo lee "cambiará su opinión" y le "mandará flores", afirmó ufano, aunque lo cierto es que sus comentarios "en blanco y negro" sobre Larsson, del que cuenta que asistió con 15 años a la violación de una adolescente y que no fue capaz de reaccionar, son a veces poco amistosos. Algunos opinan que con amigos como Baksi, no se necesitan enemigos.

Le achaca a Larsson: Falta de ética o imparcialidad en su trabajo para la agencia de noticias TT; de escrúpulos por mandar a un chico de 17 años a que se infiltrara en un grupo neonazi; o de coherencia en la práctica de su lucha feminista son algunas de las "sombras", aunque también sostiene que su compromiso, su lucha contra el racismo, la pobreza y la desigualdad y su olfato periodístico no tienen parangón.

Baksi, que explica que su papel en el libro ha sido "el de cámara que registra los últimos 12 años de su vida sin pensar quién puede enfadarse por ello".

Baksi nació en 1965 en la ciudad de Batman, en el Kurdistán turco, y emigró como refugiado a Suecia en 1980 junto a su familia. En 1987 fundó la revista antirracista 'Svartvitt' que durante cinco años colaboró con 'Expo', la revista de Larsson, y la ayudó a sobrevivir. En enero de 2000 recibió el Premio Olof Palme.